miércoles, 21 de diciembre de 2016

La conjura de los rancios


La nación es una sociedad unida por ilusiones sobre sus ancestros y el odio común a sus vecinos.

William Ralph Inge




Hoy voy a permitirme una pequeña digresión y con ello posponer nuevamente por algunas semanas la prometida segunda parte del artículo que subí hace poco sobre el colapso de las últimas grandes civilizaciones precolombinas a manos de tropas hispanas durante el s. XVI. 

El caso es que en relación con dicha entrada me llegó por correo una recomendación concreta muy interesante sugiriéndome usar algunos cuadros de Augusto Ferrer Dalmau para ilustrar con más imágenes el texto que colgué en mi blog. No sé si conocéis a dicho pintor español, muy en boga en ciertos círculos en la actualidad, gran amigo de Arturo Pérez Reverte y especialista en pintura de tipo historicista y más en concreto de tinte “militarista”. Aunque supongo que una búsqueda en Google despejará vuestras dudas.

Pues bien, tras mucho pensarlo he decidido dedicar la entrada de hoy a despotricar sobre una de mis obsesiones perennes: la presencia subyacente de ideología en el arte.

Voy a empezar mi razonamiento por una obviedad. Dada la fuerte relación entre historia y nacionalismo existe asimismo una importante relación entre historia y política. Y en ese sentido existe un discurso histórico más conservador o “de derechas” y otro más progresista o “de izquierdas” (sin que necesariamente se deba entender como siempre peyorativo lo primero y positivo lo segundo; aunque yo personalmente sí suelo hacerlo). Lo que es más, de cara a articular ese tipo de discursos no resulta siquiera necesario mentir o desviarse de la verdad. En realidad el secreto reside en la elección precisa de los temas a tratar, de un determinado tipo de enfoque, de unos períodos concretos o de unos personajes determinados como centro del relato. Solo con eso ya es suficiente.

A saber, el discurso histórico “de derechas” siempre ha puesto más énfasis en el individuo aislado, así como en las grandes batallas y por consiguiente en valores como el patriotismo o el heroísmo. Por el contrario ese tipo de visión de pasado tradicionalmente ha experimentado mucho menos interés en narrar todo lo relacionado con grupos sociales de desposeídos en reivindicación de sus derechos. Para ese tipo de discurso histórico “de derechas” los soldados o los mártires religiosos cobran protagonismo frente a los científicos, los heterodoxos o los individuos que encabezan revueltas o revoluciones contra el orden establecido. Y en todo caso los movimientos colectivos a los que más atención se dedica consisten en la resistencia de la "nación" frente a la ocupación militar enemiga en épocas de invasiones por ejemplo. De tal forma para un discurso “de derechas” Julio César o Napoleón siempre van a ser más interesantes que Espartaco o Robespierre. Y una aproximación “de derechas” a, por ejemplo, el s. XIX español siempre va a reservar calificativos generosos para grupos como los carlistas o los militares que combatieron en Marruecos, Cuba o Filipinas, así como personajes del estilo de Agustina de Aragón, mientras que por el contrario una aproximación “de izquierdas” al mismo período histórico encontrará mucho más interesantes a los afrancesados, a mujeres como Mariana Pineda, o los militares liberales que realizaron intentos de pronunciamientos militares contra la Corona. En líneas más generales una aproximación “de derechas” a la Historia de España dedicará más espacio en la narración a la Edad Moderna y más en concreto al s. XVI, la conquista de América y las victorias de los tercios, mientras que una “de izquierdas” hablará en todo caso de la Inquisición, la expulsión de judíos y moriscos de la Península y en último término más que dedicar espacio a ese período histórico reservará en cambio páginas para hablar de otros temas como la IIª República y la Guerra Civil. 

Es un hecho que el lector “de derechas” está más interesado en valores como orden, ley, patria, familia, dios o nación, en el “rey” Pelayo, el Cid o el Gran Capitán, mientras que el individuo de izquierdas tiende a interesarse por la (más bien imaginaria pero políticamente correcta) convivencia de culturas en la Castilla medieval, los conflictos entre clases sociales, la evolución de la desigualdad económica a lo largo del tiempo, las grandes revoluciones, la proclamación de Constituciones, así como personajes del estilo del coronel Riego, o grupos como los comuneros, todo ello antes que por historias sobre los soberanos de turno.

Y si existe un discurso histórico “de derechas” (igual que uno "de izquierdas") existe también un arte “de derechas”. De hecho la mayor parte del arte a lo largo de la historia (salvo excepciones concentradas sobre todo en los siglos XIX y XX) ha sido por definición “de derechas”, es decir en esencia conservador, al darse frecuentemente al servicio de los gustos del poder establecido y de las clases más favorecidas. A fin de cuentas eran ellas las únicas que podían ejercer de mecenas para ese tipo de productos de lujo y por tanto superfluos. Desde el antiguo Egipto hasta la época del Neoclásico, pasando por el arte Románico por ejemplo, la mayor parte de los mejores artistas de todos los tiempos se limitaron a plasmar la visión del mundo y recrear los gustos estéticos de los grupos más favorecidos. No puede decirse en ese sentido que el arte romano, el Gótico o el Barroco... tuviesen mucho de subversivo, a fin de cuentas el arte ha sido básicamente un medio de propaganda dominado por los más poderosos durante la mayor parte de la historia.

Como esta es una idea creo que muy sencilla de entender, no voy a extenderme mucho más en ello.

Dicho esto, dentro del mundo del arte en general hoy quiero centrar (una vez más) vuestra mirada en el mundo de la pintura. Y dentro de la pintura en un género preciso, el de la pintura contemporánea realista, sobre todo la procedente del s. XIX. 

Dentro de ese tipo de pintura inevitablemente podemos citar artistas que reflejaron en su trabajo puntos de vista “progresistas”/"críticos" y otros que por el contrario dedicaron toda su vida a plasmar postulados eminentemente conservadores. Obviamente los primeros fueron minoría: gente como Giuseppe Pellizza (1868-1907) o Jean Francois Millet (1814-1875), mientras que en el caso español quizás podríamos considerar parte de la obra de Antonio Gisbert (1834-1901) o la de Ramón Casas (1866-1932).




Lo habitual en cambio es que la pintura decimonónica académica se volcase sobre todo en el retrato de personalidades de la élite social, en temáticas evasivas (de tipo paisajístico, o simples desnudos), o bien pusiera sus miras en el área que me interesa, la representación directamente historicista centrada en "héroes de la patria" y grandes batallas. 


Dicho subgénero, en el cual me voy a concentrar a continuación, prácticamente siempre se desarrolló al servicio del pensamiento nacionalista propio del período. Esto ya es muy claro al analizar la gran escuela francesa de mediados y finales del s. XIX encabezada sucesivamente por Horace Vernet (1789-1863), Alphonse de Neuville (1835-1885), Ernest Meissonier (1815-1891) y Edouard Detaille (1848-1912), todos los cuales se dedicaron a recrear, a veces con bastantes décadas de retraso y muy evidentes suspiros de nostalgia, las grandes batallas napoleónicas y en general cualquier combate violento en el que fuese verosímil pintar cargas de caballería, bonitos uniformes y banderas ondeando al viento.  


  

A partir de ese núcleo, en un momento en que Francia era el centro cultural de referencia en el mundo occidental, dicho tipo de pintura se expandió por múltiples países. Por ejemplo hacia la cercana Bélgica de la mano de Nicaise de Keyser (1813-1887). Por supuesto en Alemania hizo furor ese tipo de pintura, representada por artistas como Wilhelm Camphausen (1818-1885), Emil Johannes Hünten (1827-1902) y sobre todo Carl Röchling (1855-1920) y Ernst Zimmer (1864-1924), los cuales se dedicaron a representar en sus cuadros las batallas de Federico el Grande o el general Moltke, todo ello en un contexto de evidente exaltación nacionalista y militarista en toda Alemania, el cual culminó con la entusiasta participación alemana en la I Guerra Mundial.
  





También, por supuesto, este tipo de pintura gozó de gran predicamento en el Este de Europa. En Rusia en concreto destacó sobre todo el ucraniano Franz Oleksiyovych Roubaudy (1856-1928), más conocido como “Francoise Roubaud”, famoso por dos inmensas pinturas de la batalla de Borodino y del asedio de Sebastopol (esta última de apenas 115 metros de largo). 

Y, cómo no, en Inglaterra el movimiento también tuvo sus representantes. A destacar en el caso inglés la obra de Ernest Crofts  (1847-1911), Richard Caton Woodville (1856-1927) y la curiosa presencia de una mujer, Lady Elizabeth Thompson (1846-1933).



En general encontramos este tipo de pintores en casi todos los países occidentales del período, desde España (figuras como el catalán Josep Cusachs) hasta los EE.UU. (por ejemplo artistas como Edward Percy Moran). Era lógico, hablamos de un momento clave en la “invención de la tradición” para muchos Estados-nación y también un momento de auge del imperialismo expansionista.

Ahora bien, dado que el nacionalismo no es patrimonio del s. XIX lo interesante es que este tipo de pintura de tipo realista y trasfondo histórico-nacionalista "de derechas", muy centrada en la recreación de uniformes y armas del pasado y ya de paso en la exaltación de la conquista militar, la virilidad, el valor, o el patriotismo, resulta que sigue existiendo hoy en día. De hecho es un subgénero poco conocido pero que goza de un excelente mercado y de muchos admiradores, por lo cual tiene exponentes como el estadounidense Don Troiani. 






O en el caso español Augusto Ferrer Dalmau.

A continuación os invito a que busquéis en Internet sus obras. Y acto seguido os fijéis lo mucho que parece agradar a Augusto el pintar batallones carlistas (esas personas tan simpáticas que lucharon hasta el final durante casi todo el s. XIX por mantener en España un régimen político antidemocrático basado en valores cuasifeudales), Guardias Civiles, militares del ejército colonial de ocupación de Marruecos, soldados de la División Azul y soldados de los tercios.

Luego, recordando que al final cuando uno escoge priorizar determinados períodos de la historia, o determinados enfoques y personajes dentro de la misma, por el mero hecho de elegir entre varias posibilidades ya está aportando información, os propongo que analicéis someramente cual es la ideología política y, más allá de ella, la visión de la historia que subyace tras la obra del artista en cuestión. Así como tras los libros, manuales y revistas que usan profusamente sus imágenes como ilustraciones. 

Y eso es todo por hoy. Por supuesto también yo mismo y este blog, después de centenar y medio de entradas, somos susceptibles de ser psicoanalizados en función de dichos criterios. 

25 comentarios:

  1. En una entrevista que vi realizada a Ferrer Dalmau dijo que era de familia y tradición carlista y orgulloso de ello. Y también ha ido en varias ocasiones con el ejército español a Afganistán para realizar cuadros. Así que...

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  2. ¿La pintura de, por ejemplo, van Gogh, también contiene ideología?

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    1. Yo aquí me dedico a analizar sobre todo pintura figurativa rigurosamente realista. Mi posición es que, en general, a medida que se desarrollan las vanguardias artísticas a partir de finales del s. XIX la pintura entra en un proceso mediante el cual progresivamente deja de tener ideología alguna. Eso a pesar de que muchas de las vanguardias y movimientos que aparecen a partir de entonces sí declaran tenerla, y a pesar de que en el s. XX hay movimientos como el Futurismo o el Realismo socialista trufados por completo de ideología.

      Lo que ocurre es que, a mi modo de ver, la elección de un tipo de arte totalmente desprovisto de calado social o político es en sí una toma de posición ideológica por mucho que se piense lo contrario.

      En cualquier caso el arte a partir de finales del s. XIX y sobre todo a partir de la eclosión de los medios de comunicación de masas contemporáneos, sobre todo el cine y luego la televisión, deja de tener la utilidad propagandística que poseía antes y se convierte en otra cosa, pasa a desempeñar una funcionalidad de depósito de valor que antes de todo eso resultaba secundaria. Para mí lo interesante es que durante miles de años antes de finales del s. XIX el arte era un medio de comunicación y, por tanto, de propaganda (esencialmente conservadora) de primer orden.

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    2. Y al hilo de lo anterior esta entrada tiene que ver con el hecho de que aún en el presente existen ejemplos antediluvianos de gente que usa la pintura siguiendo no solo los cánones estéticos previos a todo eso sino también, y esto es lo interesante, principios ideológicos vigentes hace más de un siglo cuando ese tipo de pintura aún poseía cierta importancia política. Y eso no parece resultar evidente para su público en la actualidad, por lo cual me he permitido esta breve disertación. Y si genera debate pues mucho mejor porque a fin de cuentas todo es opinable y mis heréticos pensamientos sobre arte mucho más.

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  3. "Franz Oleksiyovych Roubaudy (1856-1928), más conocido como “Francoise Roubaud”" Creo que su pseudonimo era Franz Roubaud, no Francoise. https://en.wikipedia.org/wiki/Franz_Roubaud

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    1. Es como aparece en la Wiki. Sin embargo utilizaba ambos porque sí "afrancesaba" su nombre en ocasiones ya que su familia era de origen francés. Yo lo he encontrado citado a veces como Franz Roubaudy, otras como Franz Roubaud, también como Francois Roubaud... Artistas.

      http://www.rusartnet.com/biographies/russian-artists/20th-century/turn-of-the-century/battle-painter/francois-franz-roubaud

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  4. Sinceramente, Dalmau pinta tercios, legionarios de Africa y carlistones porque es lo que vende entre su publico. El ejercito español no gana una guerra desde el siglo XVI a menos que sea civil y los fans del militarismo patrio tienen poco donde elegir para sentirse realizados.

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  6. Buenaventura Durruti22 de diciembre de 2016, 16:50

    Enhorabuena por el artículo.
    A mí, personalmente, nunca me han dejado de maravillar esas piadosas gentes que se escandalizan con la Maja Desnuda y aplauden a un cuadro lleno de cadáveres...
    Una pregunta retórica: pintar un cuadro sobre una desgracia en la que ha muerto mucha gente, ¿no es apología del terrorismo?
    Y aprovecho lo anterior para mencionar al genio que puso el contrapunto magnífico a toda la bazofia pictórica belicista: Goya.

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  7. Lo de la pintura de Van Gogh lo he preguntado simplemente porque le comenté a mi madre que toda expresión artística contiene ideología y ella me preguntó si Van Gogh también metía ideología en sus obras. Y no supe qué responder.

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    1. El arte pierde poco a poco su sentido ideológico a medida que se acerca al presente para pasar a desempeñar una función suntuaria y puramente decorativa (aunque por supuesto muchos artistas de vanguardia del presente aseguran que sus obras son todo lo contrario). Antes de eso muchas obras no tenían mayor sentido, no digo que absolutamente todas las obras artísticas tengan un oscuro propósito detrás. Por ejemplo si observamos un bodegón realizado por algún pintor holandés del s. XVII no hay gran cosa que analizar. No obstante hasta finales del s. XIX más o menos las estatuas, las pinturas, junto con los púlpitos de las Iglesias eran uno de los principales medios de propaganda y control social. Por eso cuando uno analiza en conjunto el arte romano, el egipcio, el gótico, el Barroco o aún buena parte de la pintura del s. XIX (que a mí me interesa mucho) tiene que tener en cuenta que está contemplando ideología. A mi modo de ver no se puede analizar un cuadro de Gericault o de David y prescindir de esta idea.

      El problema es que durante ese último siglo ya estaba en marcha el proceso que redujo la mayoría del arte a un mero juego intelectual y técnico entre artistas, críticos y compradores. Un juego sin mayor calado social. En adelante hay alguna excepción, como el Guernica, pero son eso, excepciones. Y esto afecta al arte digamos abstracto pero también al figurativo realista, en la medida en que se extienden la pintura paisajística, el retrato... Quizás la arquitectura contemporánea deba ser analizada al margen de lo que sucede a pintura y escultura, porque sí tiene gran interés analizar muchas construcciones contemporáneas, las cuales sí conservan un fuerte valor propagandístico al margen de su aspecto meramente funcional. Pero yo me estoy centrando en lo que pienso que ocurre en el mundo de la pintura, dentro de la cual pese a todo a veces topamos con determinado tipo de autores y cuadros que a mi modo de ver poseen un cierto trasfondo, bastante rancio como es el caso de los analizados en esta entrada.

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  8. Muy acertada la entrada y coincido contigo en todo.
    Aunque he de reconocer (si me lo permites) que muchos de los pintores "de derechas" que citas me apasionan. Y con algunos hasta puedes reconciliarte, como es el caso de Meissonier, con su cuadro "La Barricade, rue de la Mortellerie, 1851", pintado justo después de la matanza de 1848 en la que él mismo participó como oficial de la Guardia Nacional francesa atacando a los sublevados. O el absolutamente genial de la retirada de Napoleón ("Campagne de France, 1814") que se puede ver en el Orsay.

    Gisbert es alguien a quien reivindicar seriamente, en estos tiempos que corren. Ya lo hizo el Equipo Crónica en los 70, pero creo que hay que sacarlo del mandarinato de los pompiers.

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  9. Bueno, pero pinta muy bien ;)

    Y estoy de acuerdo contigo en que el arte siempre ha sido un medio de propaganda, pero esto no dejó de ocurrir en el siglo XX, muy al contrario. Me refiero a que el "Guernica" no fue una excepción. En la URSS, el arte de vanguardia fue sustituido en la época de Stalin por el realismo socialista, pero ambos servían de propaganda, sobre todo el segundo. En los regímenes fascistas el arte y la arquitectura tuvieron un papel importantísimo. Recordemos esa famosa foto de Hitler delante de la Torre Eiffel. Hitler se consideraba a sí mismo un gran artista -trató de entrar en la Academia de Bellas Artes de Viena, aunque sin conseguirlo-, y por eso aparece en esa foto flanqueado por un arquitecto -Albert Speer- y un escultor -Arno Brecker-. Durante la Guerra Fría, el departamento más importante de la CIA fue el dedicado a la "guerra cultural". La CIA se ocupó de promocionar corrientes artísticas de vanguardia, como el expresionismo abstracto, en oposición a la corriente oficial del bloque soviético, que ya hemos dicho que era el realismo socialista. Curiosamente, muchos artistas e intelectuales occidentales que fueron promocionados por la CIA se consideraban a sí mismos de izquierdas. Estas cosas pueden explicar, por ejemplo, que un artista abstracto, de izquierdas y catalanista como Antoni Tàpies, representase a España en la Bienal de Venecia y expusiera en EEUU a partir de los años cincuenta (atención a la fecha).

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    1. Reflexión muy interesante. Sin duda los regímenes totalitarios tanto de izquierdas como de derechas son los que más uso han hecho del arte como propaganda. Y quizás la arquitectura se lleva la palma, un poco como en el mundo romano. Ahí está también el Valle de los Caídos por ejemplo.

      De todas formas en el s. XX, y muy especialmente en el caso español, yo recuperaría otro concepto además del de la pura propaganda. El de EVERGETISMO. Una práctica típica del mundo romano en la que los grandes potentados, las grandes fortunas, las familias principales... fomentaban e intrumentalizaban la construcción pública, por ejemplo de termas, acueductos o calzadas, a mayor gloria de sus intereses políticos. Claro que ellos al menos pagaban dichas obras de su bolsillo. En parte lo ocurrido en España los últimos 20 años con la construcción de muchas grandes obras faraónicas totalmente innecesarias (por ejemplo en la taifa de Valencia) se explica en base a dichas coordenadas de la construcción como propaganda política en sí misma, al margen por completo de la presencia o no de mensaje explícito en forma de iconografía incrustada en el montón de piedras resultante.

      Pero todo esto da para muchas otras reflexiones.

      Hoy solo quería recordar que la mayoría del arte posee ideología (aunque claro está hay también muchas obras que carecen de ella; las cuales no me interesan lo más mínimo, eso sí). Y que en relación con lo anterior no solo hay historiadores "de izquierdas" y "de derechas" es que también hay pintores de izquierdas y de derechas. Es más, lo cierto es que son (bastante) más abundantes los segundos.

      Asimismo, dentro del género de la historia militar o la pintura militar la mayoría a favor de este último tipo de pensadores resulta peculiarmente abrumadora. Lo cual conviene tener siempre presente para entender mejor la perspectiva que deciden adoptar y los temas que eligen (casi nunca al azar).

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    2. Por cierto, aprovecho para recomendar la segunda temporada de "The man in the high castle".

      Me ha parecido mejor que la primera y deliciosamente perturbadora en su dibujo de una ucronía distópica inquietante y alucinógena a partes iguales. El final de temporada no está a la altura pero bueno, se lo perdono.

      De hecho me encanta Rufus Sewell cuando hace de malote. Aunque también me gusta cuando hace de bueno como en los escasos tres capítulos de "Zen", sobre un estoico detective italiano.

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  10. Hace muchos años, cuando mi blog no era el páramo reseco que es hoy, se suscitó un debate interesante sobre si la publicidad podría o no ser considerada una forma de arte. Para apoyar mi tesis, que era la de que al menos parte de la publicidad sí podría serlo, me apoyé en el arte propagandístico. Al final, qué más da si lo que pretendes vender son las bondades del socialismo o las del Colacao. Como dices, es un medio de comunicación.

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    1. Es un debate interesante. Hoy en día se está abriendo mucho el campo y al final si por ejemplo consideramos al cómic o los videojuegos como arte no veo por qué no considerar a la publicidad. Quizás el problema es que tiene varias manifestaciones distintas, una puramente textual, otra gráfica próxima a la pintura y otra vertiente más audiviosual. Digamos que se sirve de varios medios para difundir su discurso. En ese sentido no sería un arte propiamente diferenciado sino un tipo de discurso, una finalidad al servicio de la cual se ponen diversas artes de nuestro tiempo. Pero tampoco me he puesto a pensarlo a fondo nunca.

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    2. Eso es. Hay teóricos de arte que abogan por colocar la publicidad como el arte que influye en la sociedad y que sirve de propaganda para promocionar al que paga. En realidad esto siempre ha sido el arte, por lo tanto un artista de hoy en día no tiene sentido que siga pitando cuadros o haciendo esculturas que no sirven para nada.
      De hecho creo que lo leí en un libro, no recuerdo ahora, que afirmaba que Leonardo Da Vinci si hubiera nacido hoy en día hubiera sido publicista,
      También es muy interesante analizar a nivel formas cómo la publicidad utiliza todos los elementos visuales con una gran habilidad, para manipulr y convencer mediante el equilibrio, el color, etc, justo lo que hacían sus antecesores artistas pintores y escultores.
      Es un debate interesante y conflictivo, políticamente incorrecto creo yo, ya que elevar la publicidad a la categoría de Arte pondría los pelos de punta a más de uno.

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    3. Corremos el riesgo de meternos en el espinoso asunto de qué es el arte. Tema complejo y probablemente sin solución, que ya se ha tratado en este blog en varias ocasiones. En efecto la publicidad en sí es el fin, y la cuestión es más bien si los medios que utiliza, como bien decís gráficos, audiovisuales, etc., merecen tal calificación.
      Sin entrar mucho en el fondo, creo que es arte lo que una mayoría percibe como tal. Y no estamos lejos de que, al menos una parte de lo que vemos en carteles, anuncios, etc., pueda ser visto con normalidad como arte por el público.

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  11. Eloisa Martinez27 de diciembre de 2016, 21:31

    Rufus Sewell siempre cumple, sea de bueno o de malo, habrá qu echarle un vistazo a la serie que comentas, y te recuerdo que Black Sails empieza a fnaes de enero :).
    Sobre el artículo, tenia un profesor de Arte en la Facultad que nos decía que el Arte hoy en día ya no servía, y que ahora el Arte verdadero era la publicidad, las películas, series, etc. Tambien pensaba como tú que el Arte era la propaganda del poder como nos demuestra la historía, por lo que hoy en día los artistas serían publicistas y no pintores o escultores,
    A mi me resultó más que interesate toda esa disertación al respecto.

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  12. Si consideramos el cine un arte, no me negaréis que la mayoría de las películas de Holywood son pura propaganda.

    Supongo que lo que pasa es que como el cine llega mucho más a las masas que la pintura, dedican más "esfuerzo" a éste que a la pintura.

    Un artículo muy interesante, como siempre.

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    1. Es que el cine se debe a quién le paga, como el Arte a lo largo de la historia. Luego, dentro de ese arte y propaganda siempre hay artistas que "torean" mejor o peor la censura y presión y hacen obras más auténticas o no.
      Pero sí, Holywwood es un fábrica de propaganda ideológica y moral. Bastante parecido a la publicidad en ese sentido.

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  13. ¿Y la retórica y la dialéctica son artes?

    Para mí la publicidad no es arte. Utiliza el arte para venderte algo pero no lo es en sí misma.

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