sábado, 18 de junio de 2016

El Japón decimonónico en imágenes




La técnica para hacer fotografías fue descubierta a mediados en los años veinte del s. XIX, aunque las primeras cámaras no empezaron a salir al mercado con cuentagotas hasta casi veinte años más tarde. Además por entonces resultaban todavía muy rudimentarias ya que solo podían tomar imágenes en blanco y negro de baja calidad.

Sin embargo el nuevo invento progresó rápido y ya desde los años sesenta de ese mismo siglo se implementaron los primeros sistemas para obtener imágenes en color. Aunque se trataba de mecanismos muy complejos, lentos y caros, por lo cual la fotografía en color propiamente dicha no se generalizó comercialmente hasta un siglo después. Antes de eso solo a partir de comienzos del s. XX se empezaron a disponer sistemas relativamente fiables para tomar imágenes en color de buena calidad, pero tales sistemas obtuvieron muy escasa difusión debido a su elevado precio, alta complejidad y a los sofisticados cuidados requeridos tanto por las cámaras como de cara a revelar las imágenes. No obstante de todo esto ya os he ido hablando poco a poco a lo largo de las diversas entradas que he dedicado a la fotografía durante esos años.

La cuestión es que el caso japonés resulta particularmente interesante porque allí en esa confusa etapa que va de 1860 a 1900 aproximadamente se produjeron muchas fotografías de calidad y se llegó a experimentar a gran escala con un sistema muy particular enfocado a proporcionar color a tales imágenes.

Recordemos que, como ya comenté en la entrada anterior, en Japón la irrupción la fotografía en cierta forma recogió el legado la pintura ukiyo-e moribunda. Es decir, los primeros fotógrafos japoneses en el fondo más que a retratar dignatarios o burgueses, que era lo más habitual por entonces en otras partes del mundo, se dedicaron a tomar fotografías de paisajes típicos de Japón, vistas del monte Fuji, imágenes de cortesanas y en general se dedicaron a plasmar en forma de fotografías escenas en gran medida inspiradas en la antigua pintura ukiyo-e.

En paralelo a lo anterior la industria de grabadores e impresores asociada a dicho arte entró en decadencia y hubo de reciclarse. Y es ahí donde se produjo un curioso encuentro de intereses. Para un cierto porcentaje de personal anteriormente asociado a la declinante industria del grabado la fotografía se convirtió en un campo donde reconvertirse profesionalmente. Así muchos de esos artesanos se emplearon a sueldo de los principales fotógrafos del momento, para los cuales empezaron a colorear a mano las imágenes que estos últimos captaban con sus cámaras.



Ese “truco” no era desconocido en Occidente donde su usaba para, de una forma un tanto burda, fabricar por ejemplo postales de colores.



Hubo algunas excepciones de fotógrafos que lograron elevar los estándares de calidad del procedimiento.




   Pero fue sobre todo en Japón donde la minuciosidad y experiencia de sus artesanos, así como algunas técnicas propias que empezaron a aplicar, llevaron dicha práctica a unos niveles de perfección que aún hoy en día sorprenden.

 



Y hago una salvedad. En los últimos tiempos se ha puesto de moda una técnica consistente en colorear por ordenador fotos históricas en blanco y negro.





Obviamente este tipo de técnica se ha utilizado también, cómo no, para dar color a fotografías históricas japonesas.







El acabado es muy aparente pero a mí en general no me gusta dicha práctica ya que sus resultados son artificiales. En muchos casos no podemos saber si algo era realmente del color que el programa informático de turno le otorga lo que puede generar imágenes “falsas” a las que, debido al cromatismo y la nitidez del acabado, atribuimos un grado de realismo que no les corresponde. Por ello yo siempre he intentado evitar la presencia a este tipo de imágenes en mi blog. Las imágenes que he compartido con vosotros hasta hoy fueron tomadas en su día mediante técnicas primitivas, rudimentarias a veces, pero orientadas desde un principio a captar fotos auténticas en color, no he usado fotografías en blanco y negro “coloreadas” en la actualidad usando estos sistemas.

No obstante al aproximarme al caso japonés he decidido dar cabida en esta recopilación de hoy, sin que sirva de precedente, a fotografías retocadas. Solo que, y este matiz es fundamental, no retocadas en la actualidad con ordenadores, sino retocadas en su momento por artesanos al servicio del estudio fotográfico que tomó la instantánea en cuestión. A fin de cuentas ellos vivían en la sociedad y el tiempo que las imágenes retrataban y sabían muy bien de qué color eran los estampados de los vestidos, los tejados de determinados edificios, o las hojas de los árboles de tal o cual parque. Porque estaban allí, porque podían verlos. No como nosotros que tenemos una tecnología superior pero trabajamos a través de la imaginación y no de la memoria al llevar a cabo tales procesos.  

Dicho todo esto hoy os dejo con una recopilación de las que para mí son las mejores imágenes sobre el Japón de finales del s. XIX y principios del s. XX, más o menos entre 1890 y 1910.

He priorizado el material procedente de tres fotógrafos en concreto. Por un lado Kusakabe Kimbei (1841-1934), quien fue fundamentalmente un fotógrafo “de estudio”, de esos que se dedicaban a retratar posados y a los que aludía en mi última entrada. No obstante rebuscando en su inmensa producción es posible rescatar algunas imágenes de escenas cotidianas interesantes. Por otro lado Yokoyama Matsusaburo (1838-1884) un profesor que fue uno de los pioneros de la fotografía coloreada en Japón usando para ello sus conocimientos como pintor y litógrafo. Y finalmente fotografías tomadas por Enami Nobukuni (1859-1929) también conocido como Toshi Enami o T-Enami el cual logró producir algunas imágenes en color auténticas y de una nitidez absolutamente extraordinaria para la época.

Gracias a ellos hoy vamos a poder contemplar fotografías dotadas de color (mediante sistemas directos o bien mediante la técnica del retoque mencionada) y que fueron tomadas al aire libre, en las calles, los santuarios, los bosques o las aldeas del país.

Pese a todo hay un cierto fondo de idealización tras algunas de ellas, pero también mucha autenticidad en la mayoría, lo que a mi juicio las sitúa un peldaño por encima del material de estudio típico de aquellos años. Son fotografías que aportan una información tremenda sobre los ropajes, los sistemas artesanales o la fisonomía urbana de un Japón que estaba mutando a marchas aceleradas. Con el tiempo casi todos los oficios mostrados desaparecieron o se modernizaron, las calles o las viviendas fueron reconstruidas y muchos templos se quemaron debido a los bombardeos estadounidenses en el marco de la II Guerra Mundial.

Por otro lado al margen de su posible valor histórico o etnográfico se trata de un material simplemente hermoso, dotado de un sentido estético muy particular y que no tiene parangón en la fotografía histórica del período en otras partes del mundo. Espero que os guste. 



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