lunes, 4 de abril de 2016

Detrás del laberinto


En medio del vinoso ponto, rodeada del mar, existe una tierra hermosa y fértil, Creta, donde hay muchos, innumerables hombres, y noventa ciudades.

Odisea, Canto XIX







Ayer por la noche estuve viendo Las dos caras de enero. No es una película particularmente reseñable, pero su reparto está integrado por varios de mis actores favoritos. La cuestión es que algunas escenas clave de la película transcurren en Creta, más en concreto en el yacimiento de Cnosos durante el año 1962. Sea por eso o por otra cosa yo, que frecuentemente me dejo llevar por impulsos a la hora de escoger el tema a tratar en cada nueva entrada del blog, de pronto he decidido que me apetece hablar un poco de esa isla y de dicho yacimiento. Así que a continuación vamos a revisar todos juntos lo que se supone que sabemos acerca de la civilización minoica. No obstante, para el que no esté familiarizado con el tema en cuestión, unos breves apuntes:

En torno al año 3000 antes de nuestra era, en las pequeñas islas Cícladas ubicadas en el Egeo (al SE de la isla de Eubea), se desarrolló la llamada cultura cicládica llamada a consolidar y difundir por la zona primitivos sistemas de navegación, el cultivo comercial de la vid, un cierto conocimiento del tra­bajo del metal, el arte del tejido o la alfarería realizada con torno. Mientras tanto en otra isla un poco más al Sur, la de Creta, desde esos momentos fue tomando forma una cultura diferenciada que evolucionó durante la Edad del Cobre y, finalmente, alcanzó el culmen de su madurez durante la Edad del Bronce, dando con ello lugar a la primera civilización propiamente europea capaz de rivalizar con el esplendor de las culturas surgidas en Oriente Medio y Egipto al rebufo de la revolución neolítica.

De esa forma en torno al año 2000 a.n.e. se empezaron a construir a lo largo de esa isla, sobre todo en su parte oriental, grandes “palacios” (luego volveré sobre las razones para entrecomillar esta palabra), comenzando por entonces una etapa que usualmente se denomina como de “los primeros palacios”. De hecho desde ese momento Creta empieza a ser mencionada ampliamente en archivos de otras grandes civilizaciones de la época, en particular los egipcios, que la llamaban algo así como Keftiu.

Poco después, en torno al año 1700 a.n.e., uno o varios grandes terremotos destruyeron la mayor parte de edificaciones en la isla. No obstante los cretenses pronto levantaron nuevos recintos similares a los anteriores, dotándolos asimismo de una decoración aun más suntuosa, dando lugar con ello a una nueva etapa conocida como Neopalacial o de “los segundos palacios”. De hecho, a la vez que todo eso sucedía, la isla se consolidó como el centro de lucrativas rutas comerciales con Anatolia y Egipto llegando a la cima de su prosperidad.



Mientras tanto en la Grecia continental se sucedieron importantes cambios. Alrededor del año 1800/1600 se produjo una invasión de la península griega por parte de un pueblo indoeuropeo procedente de los Balcanes: los aqueos. Ellos dieron lugar a la llamada civilización micénica (nombre derivado de la principal ciudad fundada por los aqueos: Micenas).

Finalmente en torno al 1450/1300 a.n.e. la civilización minoica colapsó de forma progresiva debido a razones en disputa, probablemente la suma de catástrofes naturales, revueltas sociales internas y por último una invasión de los aqueos desde el continente. Como consecuencia si hasta ese momento las islas del Egeo habían llevado la delantera cultural con respecto a los territorios continentales, en adelante eso iba a cambiar y fue la Grecia continental la que pasó a albergar las estructuras políticas y culturales más fuertes. Esas cuyo legado pervivió posteriormente en la memoria europea a través de los romanos.

A partir de esta breve síntesis, que me sirve para ubicar aunque sea de forma superficial el mundo cretense antiguo en vuestra cabeza, lo que os voy a contar seguidamente es la historia de cuáles fueron las complejas circunstancias bajo las cuales se descubrió y se dotó de unas características a ese horizonte cultural. Todo ello con la intención de usar esa cuestión para darle vueltas una vez más a una serie de temas que aparecen como decorado de fondo de muchos de los textos que voy elaborando para este blog: ¿cómo influyen los intereses políticos, económicos, o las obsesiones y prejuicios personales, a la hora de dar forma al pasado histórico?, ¿en qué medida podemos fiarnos de las reconstrucciones del pasado realizadas y difundidas por grandes especialistas?.

Ya sabéis: lo primero es el contexto

De cara a ello lo primero que tenemos que hacer es ubicarnos mentalmente a comienzos del siglo XIX, una época durante la cual los orígenes de la civilización en el entorno mediterráneo estaban envueltos en la oscuridad. Ese horizonte se databa por entonces, como mucho, en torno al s. VIII antes de nuestra era (en relación con las fechas conocidas de la primera Olimpiada en el 776 y la supuesta fundación de Roma en el 753). Lo acaecido antes de ese límite cronológico pertenecía en aquel tiempo a los dominios del mito.

Todo eso sin embargo empezó a cambiar gracias a varios sucesos más o menos relacionados aunque, como suele ocurrir en lo que concierne a los grandes descubrimientos, casi todos ellos fortuitos. 

   Para empezar durante la primera mitad de ese siglo XIX diversos viajeros ingleses de paso por Creta tomaron buena nota de la presencia en la zona de emplazamientos con potencial arqueológico. Fue el caso de Robert Pashley en 1830 y sobre todo de un marino de nombre Thomas Abel Brimage. Thomas era un gran aficionado a la literatura clásica y durante una escala en la isla del barco en el que se encontraba asignado, ocurrida concretamente en el año 1853, decidió pasar los días de permiso llevando a cabo excursiones por las colinas cercanas al puerto. Durante las mismas, para entretenerse, se dedicó a releer algunas descripciones dejadas por Estrabón, particularmente unos párrafos donde el geógrafo griego mencionaba tres urbes que habían estado bajo la influencia “del rey Minos” y se desgranaban indicaciones para ubicar una de ellas: la antigua ciudad de Festo (Phaistos).

Siguiendo los pasajes escritos por Estrabón, Thomas fue a dar con una pequeña aldea próxima a la costa compuesta por apenas una docena de chozas de campesinos. Recorriendo las inmediaciones le llamaron la atención algunos vestigios de muros en apariencia muy antiguos, los cuales parecían indicar que en aquel lugar había existido algún tipo asentamiento importante en el pasado lejano. Sin embargo Thomas debía partir próximamente y no le dio más importancia a su hallazgo.

Por otro lado, unos años más adelante, durante la construcción de Canal de Suez inaugurado en 1869, se usó entre otros materiales piedra volcánica procedente de una por entonces irrelevante isla conocida como Santorini, llamada Thera en la antigüedad. Los obreros al penetrar en el manto volcánico de los acantilados del lugar (con el que se elaboraba un cemento de gran calidad para la época) se toparon con rastros de edificaciones antiguas excelentemente conservadas, que hoy sabemos pertenecen a un asentamiento en las Cícladas construido durante el período de esplendor de la civilización minoica y su influencia en el área. Ese enclave, actualmente denominado Akrotiri, fue destruido por una erupción volcánica que en torno al año 1627 a.n.e. lo dejó completamente sepultado al modo de las ciudades romanas de Pompeya y Herculano. Por supuesto cuando los operarios antes mencionados dieron con los restos de aquel drama no se dieron cuenta de la tremenda importancia y potencial de aquel descubrimiento, pero al menos los rumores al respecto sirvieron para que en las décadas siguientes varios estudiosos se interesasen por la zona y en general esto ayudase a asumir que, con anterioridad a la Grecia clásica conocida por todos, en el Egeo existió algún tipo de civilización previa.

Tampoco nadie se dio cuenta del potencial de otro hallazgo, cuando en 1892 el Museo Británico tuvo la oportunidad de comprar una colección de joyas de oro ofrecidas por unos comerciantes de esponjas y al parecer extraídas de un yacimiento ilegal encontrado por casualidad en la isla de Egina. Solo décadas después los especialistas atribuyeron ese “Tesoro de Egina” a la cultura minoica y lo dataron entre el 1850 y el 1550 a.n.e.

De cualquier forma vemos como a medida que avanzaba el s. XIX se estaban acumulando los indicios para que el conocimiento sobre el Mediterráneo antiguo cambiase para siempre. Curiosamente muchos de los primeros especialistas que se interesaron por el tema no fueron ingleses o franceses, como resultaba habitual en la época, sino alemanes en su mayoría carentes de cualquier formación en la Historia o la Arqueología. 

   Tal es el caso de Carl Humann un ingeniero que viajó al Sur de Europa buscando un clima adecuado para su tuberculosis y en 1878 comenzó sus excavaciones en Pérgamo (más adelante excavaría también Éfeso). Pero sin duda sería otro hombre de negocios alemán el que supuso un impacto mayor en el panorama de la arqueología europea: Heinrich Schliemann, quien desencadenó un terremoto intelectual cuando en 1873 anunció que había descubierto las ruinas de Troya en un promontorio del Oeste de Turquía. Tiempo después el mismo Schliemann excavaría también los restos de las antiguas ciudades de Micenas y Tirinto demostrando un olfato sin igual para intuir lugares con potencial arqueológico en la zona.

Desde luego habría mucho que decir sobre sus manipulaciones, sus chapuzas y sobre todo las conclusiones aventuradas extraídas sobre la base de los materiales indudablemente valiosos que logró recuperar, pero el caso es que gracias a Schliemann las fronteras de la cronología sobre el mundo antiguo en Europa se expandieron definitivamente, retrasándose la etapa formativa del horizonte cultural helénico al menos hasta la frontera de la llamada Grecia micénica que, de alguna forma, parecía haber existido entre los años 1600 y 1150 a.n.e.

Merced a Schliemannm para los investigadores académicos dicha etapa histórica dejaba de estar ligada a una ficción poética para alcanzar el rango de realidad arqueológica tangible. Y el caso es que pronto, bajo el impulso generado por los trabajos de ese alemán, la frontera iba a ser desplazada aún más atrás.

La figura clave para ello fue un señor inglés que en 1882 visitó a Schliemann en Atenas declarándose gran admirador suyo. Se llamaba Arthur John Evans y llegó con una carta de presentación de su padre, John Evans, por entonces un afamado geólogo, numismático y arqueólogo británico que se había centrado en estudiar épocas más antiguas, en concreto el Paleolítico en Francia.

De cómo Evans se puso a buscar y encontró lo que buscaba

   Por influencia paterna Arthur había estudiado Historia en la universidad de Oxford completando luego su formación, sin demasiada brillantez todo hay que decirlo, en la universidad alemana de Gotinga. Tras eso, durante una primera parte de su vida profesional (que no nos interesa mucho) Evans ocupó un cargo en el museo Ashmolean de Oxford. También ejerció de corresponsal para el diario Manchester Guardian gracias a lo cual tomó contacto con el mundo balcánico, sobre todo la zona de la antigua Yugoslavia, lugar que le fascinó por su mezcla de culturas.

Pero ante todo Evans era un apasionado de la historia antigua de Grecia hasta tal punto que en 1878, pocos años antes de la visita en persona al propio Schliemann que mencioné anteriormente, le pidió matrimonio a su futura esposa, Margaret Freeman, mientras paseaban por una exposición de "antigüedades troyanas" de Schliemann organizada en un museo londinense.

Pues bien, sabiendo eso no sorprende que con el tiempo Evans decidiese centrar sus investigaciones en la fase preclásica del mundo mediterráneo y en concreto en los orígenes de la escritura griega. En base a ello y buscando una forma de profundizar en el escaso conocimiento que se tenía entonces de esa época previa a la irrupción de la cultura griega clásica en el Egeo, Evans se empezó a interesar por el estudio y colección de sellos en piedra con primitivas inscripciones grabadas. De esa forma peculiar es como Evans entró en contacto con la isla de Creta, ya que por entonces era una de las principales zonas de procedencia de ese tipo de piezas arqueológicas.

Más concretamente la colina de Kefala -próxima a una villa del mismo nombre en la costa norte, cerca de Heraclión la mayor ciudad de la isla- se había mostrado como una zona donde los habitantes locales, principalmente agricultores, solían encontrar con frecuencia objetos antiguos (por ejemplo piezas de porcelana o monedas) que luego vendían a extranjeros interesados, como el propio Evans.

En el marco de esos esfuerzos llevados a cabo por los pobladores de la región buscando piezas antiguas que luego vender a los turistas y arqueólogos es como se produjo el hallazgo del “palacio” de Cnosos en 1878 (justo en la misma época en que un joven Evans descubría su pasión por el mundo Egeo y le pedía matrimonio a su futura mujer).

El autor del hallazgo fue un mercader y anticuario local llamado Minos Kalokairinos (no me negaréis que el hecho de que se llamase Minos tiene su gracia). Mientras excavaba en busca de restos arqueológicos, que luego vender a viajeros foráneos de paso por la isla, Kalokairinos se topó en las inmediaciones de Kefala con remanentes de construcciones pertenecientes a edificios en apariencia muy antiguos. Pronto advirtió que eran vestigios de una extensión demasiado amplia como para poder plantearse desenterrar aquellas ruinas por sus propios medios, con lo que se limitó a extraer algunas piezas y tomar nota mental del sitio. Es evidente que en aquel momento Kalokairinos no se dio cuenta de que se hallaba ante algo de extrema importancia. 

No obstante su descubrimiento tardó poco en llegar a oídos de William Stillman el cónsul de los EE.UU. en el lugar y a través de él la noticia pasó a ser conocida por diversos arqueólogos del período, caso del italiano Federico Halbherr y, cómo no, también el incansable Schliemann el cual –haciendo una vez más gala de su intuición sin igual- intentó excavar en la zona.

Ahora bien, el poder turco que por entonces aún controlaba la isla puso demasiados problemas, exigía a los arqueólogos que deseasen perforar en dicha área que comprasen previamente los terrenos, a la vez que imponía un precio desorbitado para los mismos. Debido a ello y a las trabas administrativas que se fue encontrando, Schliemann se desanimó, hasta que pasado un tiempo tiró la toalla y abandonó Creta.

Tras esa renuncia de Schliemann a intentar investigar las ruinas y terrenos del entorno Evans se encontró el camino libre para hacer su propio intento en ese área a la que hacía tiempo que había echado el ojo al rebufo del interés mostrado por el alemán. A fin de cuentas si Schliemann creía que allí había algo que valía la pena, la experiencia sugería que probablemente tenía razón. Sin embargo enfrentado a los mismos problemas burocráticos que habían echado para atrás a Schliemann el camino solo se le despejó definitivamente a Evans pasados unos cuantos años y debido a la confluencia de una serie de eventos azarosos.

Por un lado la esposa de Evans, Margaret, cayó enferma de tuberculosis y falleció en 1892. Ese suceso luctuoso en el fondo permitió a Evans romper amarras definitivamente con la necesidad de llevar una vida más o menos familiar y vinculada a Inglaterra. Ya nada le impedía establecer su residencia a tiempo completo en algún lugar de los Balcanes o mejor aún en Creta y allí dedicarse por entero a su pasión. Además la herencia de su esposa, sumada unos años después a la que le dejó su propio padre, acabaron de proporcionarle una sólida posición económica.

Por otro lado en 1898 el Imperio otomano fue expulsado de Creta y la isla quedó en manos de una especie de fuerza internacional de ocupación a mayor provecho de las grandes potencias de la época, entre ellas Inglaterra, hasta que se produjo la definitiva anexión de Creta por parte de Grecia en 1913.

Evans, que ya se había convertido en un visitante asiduo de Creta desde 1894, fijó definitivamente su residencia en la región tras la expulsión de los molestos turcos en 1898 y usó la nueva coyuntura de caos en la isla para -al año siguiente- hacerse con la propiedad de las tierras próximas a la colina de Kefala, justo donde hacía décadas que, como se ha venido explicando, aparecían indicios de existir algo en el subsuelo que merecía la pena sacar a la luz.  

Era una oportunidad única. Usando parte de su fortuna personal Evans, que jamás había dirigido una excavación ni nada parecido, pagó a más de doscientos trabajadores locales para que removiesen la tierra del lugar. El emplazamiento era prometedor, los medios materiales movilizados por Evans resultaban inmejorables y debido a todo ello durante los años siguientes salió a la luz el llamado “palacio de Cnosos” a partir del cual Evans llegó a teorizar todo un horizonte cultural.


Y aquí es donde quería llegar. Porque si bien Evans iba a convertirse en el gran descubridor y divulgador oficial del mundo minoico… no es menos cierto que para ello primero iba a proceder a inventárselo, o al menos a “adaptarlo” a lo que él deseaba que representase dicho horizonte cultural. 

De mitos y leyendas

Para empezar Evans, siguiendo la línea emprendida con gran éxito por Schliemann, determinó unilateralmente que el discurso mitológico recogido por las leyendas griegas conocidas contenía la “verdad”. Lo que acababa de encontrarse no era sino otra “prueba” más. Ni que decir tiene que asumir eso resulta bastante dudoso. Pero supongo que es precisa una aclaración.

Vamos a ver, pese al inmenso éxito que representó el que Schliemann encontrase (entre otras cosas) rastros de lo que creemos que pudo ser la antigua ciudad de Troya, o que Evans hallase los vestigios de una gran construcción en Creta eso NO implica que las fuentes literarias de tipo mitológico que durante la antigüedad mencionaban dichos lugares fuesen exactas, de la misma manera que el encontrar restos de estructuras en la zona del actual Israel no es prueba de que su contexto se corresponda con las fantásticas historias narradas en la Biblia. En otras palabras, encontrar evidencias de construcciones defensivas en Jericó no implica dar por bueno el ridículo relato según el cual unos tipos dando vueltas alrededor de las mismas y haciendo ruido lograron derruirlas.

Los ocasionales hallazgos arqueológicos que concuerdan con lo narrado en relatos épicos sobre dioses y magia solo prueban que los mitos y textos sagrados antiguos, aunque ofrezcan una versión distorsionada de la realidad, incluyen en su interior algunos detalles de realidades históricas o geográficas, topónimos, armas… que inspiraron a los creadores de tales mitos para ambientar o dar contexto a sus relatos fantasiosos.

O dicho de otro modo, las leyendas y las creencias religiosas contienen casi siempre un cierto trasfondo auténtico, decorado que en ocasiones puede usarse como pista para intentar reconstruir el pasado o hallar emplazamientos urbanos perdidos. Pero lo anterior no es prueba de que dichas tradiciones deban ser a continuación interpretadas de manera literal. Que Schliemann encontrase una ciudad en Anatolia guiándose en parte por los textos Homero NO quiere decir que lo que nos cuenta Homero fuese real. En todo caso ahora sabemos que sus historias contenían una mezcla de topónimos y descripciones con una cierta base histórica, pero el propósito del Antiguo Testamento o de la Ilíada nunca fue desgranar una crónica precisa sino contar unos eventos imaginarios, fantasiosos, envueltos en detalles plausibles con el propósito de dotar a esos mitos de un mayor realismo. Nada más.

De alguna manera diversos pueblos de la antigüedad conservaron en el tiempo una memoria más o menos distorsionada de antiguas guerras, migraciones o desastres, que luego se fue deformando y recubriendo de detalles sobrenaturales. De tal forma las narraciones que nos han legado consisten de modo habitual en una compleja mezcla de datos ciertos con otros (muchos) detalles imaginarios añadidos. Es muy improbable que alguna vez se produjese un asedio de diez años en torno a una ciudad de la costa anatólica o un profeta hijo adoptivo de faraones separase con su poder las aguas del Mar Rojo. Todo eso no son más que los ecos deformados por el paso del tiempo de una serie de historias metafóricas, simbólicas. De tal forma resulta igualmente muy dudoso, por así decirlo, que alguna vez existiesen un laberinto, o un minotauro, o incluso el legendario rey Minos, nombre que podría haber sido más bien un apelativo genérico de la jefatura en la isla o la forma de referirse a algún tipo de estirpe gobernante en vez de un personaje concreto.

En suma, encontrar unas construcciones cuya cronología o emplazamiento se corresponda parcialmente con descripciones de textos antiguos no conlleva que dichos textos deban ser en adelante considerados como exactos y fieles en su totalidad.

Pero eso Evans no lo tenía nada claro, igual que Schliemann tampoco lo había tenido claro a su vez, contribuyendo a la confusión por ejemplo cuando al encontrar en Micenas una rica máscara funeraria determinó porque sí, porque a él le hacía feliz, que dicha máscara era la máscara mortuoria de Agamenón, nombre con el que ha pasado a la posteridad pese a que jamás perteneció a tal monarca mítico.

En el caso de Evans, nada más encontrarse en su yacimiento de Creta con las ruinas de una gran construcción “laberíntica”, decidió que estaba ante las ruinas del legendario “palacio” del rey Minos del que  hablaban los mitos griegos. En base a ello pronto la civilización que acaba de descubrir, más antigua que la micénica, recibió el nombre de civilización “minoica” pese a que no está muy claro que tal denominación resulte realmente exacta.

Ese término (“minoico”) había sido empleado por primera vez por el alemán Karl Hoeck en 1823 dentro de una historia de Creta escrita en una época donde prácticamente nada se sabía de la etapa previa al mundo griego clásico. De esa forma Hoech utilizó en aquel momento dicho término solo con un sentido puramente cronológico. Sin embargo Evans, buen conocedor de la literatura alemana al respecto (recordemos que había estudiado algunos años en Alemania), lo tomó prestado y lo difundió dotándolo de un sentido más amplio al usarlo como apelativo de una cultura con entidad propia, precisamente aquella que había realizado la construcción que acababa de descubrir. A fin de cuentas el término "minoico" resultaba muy atractivo al evocar un fantástico mundo de héroes, reyes, dioses y aventuras épicas. De hecho, en pleno entusiasmo llegó a identificar un patio del complejo arqueológico que acaba de desenterrar como obra del mítico Dédalo.

En realidad hoy sabemos que las ruinas con que se topó Evans difícilmente constituían siquiera un “palacio”, al menos tal y como nosotros entendemos ese término hoy en día. A ese respecto los restos originales que se encontró corresponden a una construcción de gran tamaño (incluso deberíamos hablar de un grupo de edificios o de varias edificaciones anexas) erigida alrededor de un patio central (o quizás una especie de plaza), con multitud de habitaciones conectadas entre sí por pasillos y escaleras. Ignoramos realmente cuál era la función precisa de todo ello, pero desde luego resulta improbable que alguna vez hubiese constituido la sede de la corte del Minos de la mitología helena, si es que tal soberano existió siquiera, lo cual como digo es dudoso. Simplemente el yacimiento de Cnosos muestra un agregado de estancias que incluyen talleres, archivos y espacios comunales en los que quizás se aplicaba justicia, o desde los que se distribuía agua potable, o en los que se organizaban festivales y ceremonias, o se llevaban a cabo intercambios comerciales, o bien el reparto público de materias primas… o, más probablemente, todo lo anterior a la vez. Más allá de eso no se sabe con certeza si se trataba de la sede privada de una autoridad religiosa o bien de un poder civil, o si estamos ante un edificio de uso comunal con tintes administrativos o bien uno que compatibilizaba diversas naturalezas, ni siquiera podemos estar seguros de que fuese una sede permanente y no algún tipo de edificación de uso meramente estacional.

Por tanto el “palacio de Cnosos” más que un palacio propiamente dicho fue más bien uno de los principales edificios (o bloque de edificaciones), con función no del todo clara, inserto en el seno de un núcleo urbano más amplio, el cual incluía desde espacios de enterramiento a talleres de artesanía.

No sabemos más al respecto porque Evans se desentendió por completo de los restos de construcciones que rodeaban el complejo (a modo de arrabales), a pesar de que podían aportar mucha información sobre la sociedad o las relaciones económicas dentro de aquel emplazamiento. Pero a fin de cuentas no tenían el menor glamour y además tampoco apoyaban su interpretación del lugar. 

Desde la perspectiva de Evans era mucho mejor, más hermoso y más divulgable, encontrarse un “palacio”, encima uno perteneciente a un soberano de leyenda, que un complejo administrativo, un amasijo de espacios habitacionales o un santurio polifuncional cuya posición en el engranaje social y político de su tiempo no está clara. No me negaréis que esto último suena peor y genera menos ganas de seguir leyendo o de visitar la exposición o el yacimiento correspondiente.

Debido a esas cosas la denominación adoptada por Evans de “palacio de Cnosos” ganó fortuna y luego fue contaminando a gran escala las interpretaciones sobre la fisonomía de la civilización que acababa de descubrir hasta el punto de ser dibujada como “palacial” (con todas las connotaciones que se derivan de lo anterior: abundancia de recursos, fuerte jerarquización política y social, etc.). De hecho hasta la cronología de la civilización minoica que desgrané al principio de este texto mantiene como eje ese concepto (denominando los períodos de su historia como Pre, Proto o Neopalacial).

¿Pero por qué se hizo caso a Evans?, ¿qué pruebas tenía de estar ante un palacio donde poderosos príncipes vivían una vida suntuosa?. Básicamente el que una sala apareció un gran sillón de alabastro empotrado en la pared.

Por supuesto al encontrar dicho asiento Evans inmediatamente dedujo que se hallaba en la “Sala del Trono” del “palacio” y en base a dicha lógica también identificó otra estancia cercana como “Cámara de la Reina”. Es así como Evans estableció que todo ello era la sede de una autoridad regia identificada con el Minos de la leyenda. Y punto.

De cómo Evans convirtió en reales sus fantasías

Una vez decidida así cual era la interpretación del yacimiento, Evans se centró en “reconstruir” los sectores del “palacio” que él mismo juzgó que eran los más importantes, basándose para ello en el tamaño y lo vistosas que pudiesen resultar para los futuros visitantes las estancias en cuestión una vez recuperadas.

De cara a lo anterior Evans realizó un diseño del aspecto que según él tenía el palacio durante su momento de apogeo. Básicamente me refiero al esquema que hoy en día se ha popularizado a través de maquetas, dibujos y reconstrucciones virtuales, sin que de hecho esté nada claro que ese fuera el aspecto real del complejo en su momento. Es más, como vamos a ver el problema es que tras las obras que Evans llevó a cabo en el entorno ya no es posible estar seguro de cual pudo ser su aspecto real ya que los restos originales quedaron mezclados con las paredes y techos que Evans construyó para apoyar sus propios puntos de vista.



   En cuanto a “restaurar” su "palacio" (porque de hecho veía el yacimiento bajo la mentalidad de muchos arqueólogos de la época casi como una propiedad personal) Evans no tuvo problemas en añadir paredes y techos, escaleras y accesos monumentales más o menos donde quiso, agregar pisos superiores y reconstruir las fachadas hasta la altura que Evans creía que habían tenido o simplemente como pensaba que mejor pinta tendría la “reconstrucción”.

Para ello decidió emplear, sobre la base minoica de piedra y adobe, el uso del hormigón con encofrado de hierro. Materiales que, obviamente, no se corresponden ni por asomo con los que pudo haber usado originalmente el pueblo que construyó el complejo sobre cuyos restos Evans empezó a edificar –más que a reconstruir- el “palacio” de Cnosos.


Posteriormente llegó el momento de ambientar las estancias reconstruidas con objetos que les diesen vida. Poco importaba el contexto arqueológico en que hubieran aparecido dicho objetos. De esta forma se trasladaron a las habitaciones principales la mayoría de los objetos hallados en otros lugares del yacimiento para concentrarlos en unos pocos sitios y así ofrecer mejor impresión. Y dado que eso no le pareció suficiente, de cara a completar las estancias clave encargó a artesanos locales que realizaran réplicas de muebles, estatuillas y jarras como los que aparecían en diversas cerámicas y luego esos objetos los mezcló con el resto de hallazgos para así decorar varios aposentos sin especificar qué era auténtico, qué no, y qué cosas habían aparecido dónde.

El asunto es que el resultado era bonito. 

Para poner un ejemplo de su modo de proceder. Al lado de la “Sala del Trono” todo lo que había aparecido en los trabajos de excavación eran una pila de escombros de adobes y dos o tres escalones que no se sabía a dónde conducían. Ningún problema. Evans decidió que la “reconstrucción” precisa era una gran escalera, el luego llamado “Pórtico Escalonado”, que a su vez tenía que llevar a algún lugar. Es de cajón. Procediendo por tanto a añadir en su “reconstrucción” dos pisos más, de los cuales en origen nunca hubo ningún indicio excepto un fresco encontrado en la excavación que sí mostraba una escalera al lado de un santuario y que Evans había identificado con el patio central del propio complejo porque así le encajaba mejor en su diseño y lucía mejor.

En la estancia frente al "trono" original, que sí apareció allí, añadió un barreño que en realidad se encontró en un pasadizo al Norte de la antecámara. Así quedaba el ambiente como más enigmático. En la antecámara del trono ubicó a su vez otro trono de madera, esta vez fabricado ex profeso, simplemente porque allí había un espacio y por mímesis, simetría y parecido con la otra estancia Evans decidió añadir allí también un "trono", aunque no se sabemos qué es lo que había originalmente en aquel espacio, si es que había algo. 

  En cuanto a las famosas columnas minoicas del complejo, Evans las hizo colorear de rojo y negro fundamentalmente. Colores que desde entonces son atribuidos a ese tipo de ornamentos en casi todos los libros de arte. Hace unos años, al limpiar uno de los capiteles de la Sala del Trono se descubrieron restos de pintura azul…



Pero eso era solo el principio. Una vez dispuso de paredes, columnas y techos Evans dio el siguiente paso. Era hora de “recuperar” los frescos que supuestamente habían adornado en el pasado las estancias principales que Evans previamente había intentado destacar.

Como obviamente en las paredes enterradas del yacimiento no se conservaba gran cosa Evans y su equipo partieron de diseños presentes en fragmentos de cerámica o de los escasos restos muy deteriorados de pintura mural que pudieron encontrar. A partir de ese material como inspiración, o a veces de la pura nada, decoraron desde cero paredes enteras llenándolas de magníficos frescos “restaurados”. Por ejemplo hoy en la "Sala del Trono" podemos contemplar unas espléndidas pinturas cuando allí originalmente solo se localizaron rastros de unos dibujos recreando un paisaje al parecer compuesto de palmeras. Evans pensó que unos cuantos grifos resultaban más majestuosos.




En cuanto a los delfines que decoran la "Cámara de la Reina" tampoco estaban allí en origen. Parece ser que en alguna parte del pavimento Evans encontró diversos trozos de figuras de delfines y pensó que ese tipo de decoración resultaría ideal convertida en una pintura a través de la cual resaltar alguna pared de una habitación importante del complejo, que acabó siendo la "Cámara de la Reina".


Otro ejemplo. En el caso de los frescos del Copero o los del llamado Corredor de la Procesión sólo se habían conservado los pies y el borde del vestido de los integrantes, sin embargo Evans hizo “reconstruir” totalmente la escena a partir de otras figuras.


Arthur y Cia, restauraciones a domicilio

Llegados a este punto he de hacer una precisión. Hace unos párrafos he mencionado la palabra “equipo”. Es importante entender que Evans se rodeó de un grupo de especialistas de gran talento que le ayudaron a dar forma a sus ensoñaciones. 



   En el plano digamos constructivo sus principales colaboradores fueron tres. Por un lado los arquitectos Theodor Fyfe y Christian Doll. Por otro el arqueólogo escocés Duncan Mackenzie, quien supervisaba las decenas de trabajadores encargados de despejar el terreno y acarrear escombros. A ese respecto, y pese a todo lo comentado hasta ahora, el trabajo de esos tres hombres no fue del todo malo.

Sin embargo Evans se apoyó en otros cuatro personajes más oscuros y controvertidos. Ellos fueron quienes se encargaron de las “reconstrucciones” más polémicas y el manejo e inventariado de las piezas de pequeño tamaño así como la “restauración” de las pinturas que hoy se pueden ver si se visita el lugar. 

Me refiero en primer lugar al suizo Émile Gilliéron acompañado de su hijo también llamado Émile. El padre, cuyos estudios se habían limitado a una escuela de negocios, encontró la vocación artística cerca de la treintena aunque sin demasiado éxito. Pero no le faltaban contactos. Gracias a ellos encontró un trabajo como profesor de dibujo del monarca griego Jorge I lo que le llevó a desplazarse a ese país. Una vez en Grecia, por una serie de peripecias imprevistas, tomó contacto con el mismísimo Schliemann quien por entonces andaba buscando a alguien que dibujase el inventario de las piezas que iba desenterrando en sus excavaciones. Es así como entró al servicio del exitoso alemán, lo que con el tiempo le sirvió a Gilliéron padre para ganarse un prestigio que le acabó por convertir en un “experto” sobre arte griego antiguo reconocido en toda Europa. Luego, tras la muerte de Schliemann, tomó contacto con Evans quien se convirtió en su nuevo patrón y benefactor, colaboración que se extendió por casi treinta años durante los cuales llegado un punto Émile introdujo a su hijo en el equipo de la excavación para que le ayudase.

Eso es lo que se sabe de ellos digamos en las biografías al uso. El problema es que los dos Émile Gilliéron, padre e hijo, fueron un par de individuos más interesantes, retorcidos y complejos de lo que parece a simple vista.

   Hoy en día se sospecha que, por ejemplo, aprovecharon su posición como “expertos” en las principales excavaciones del período para falsificar materiales, sobre todo estatuillas "minoicas" como la que muestro en la foto anexa. Luego, en la medida que tenían acceso a los inventarios de las excavaciones e incluso a restos desechados de las mismas, y a que como tales “expertos” fueron voces autorizadas para definir los rasgos del “auténtico” arte minoico de cara a separarlo del “falso”, es muy posible que complementasen sus vías de ingreso con la venta en el mercado de negro de piezas que hoy son prácticamente indistinguibles de las auténticas porque en su día fueron concebidas a través de la alteración o mezcla de materiales realmente auténticos mediante técnicas semejantes a las empleadas en la antigüedad. 

Además los Gilliéron se encargaron de “restaurar” la mayor parte de los frescos que hoy se pueden ver en Cnosos, tarea en la cual hicieron gala de una gran imaginación y manga ancha a la hora de “recuperar” los restos de pintura que se iban encontrando. Por ejemplo es bien conocido el caso de una pintura que se ha dado en llamar El Recolector de Azafrán, que los Gilliéron completaron como un niño recogiendo dicha planta y que se ha comprobado después que en origen se trataba de un mono jugando entre la hierba. Eso sí, una vez “restaurada” lucía mucho más bonita. Por supuesto. 


En lo tocante al fresco de Las damas de azul en realidad los rostros y los peinados no existían, se habían perdido, solo quedaban algunos fragmentos de torso de lo que parecía haber sido una pintura grupal. Eso no arredró a Gilliéron padre que en base a su imaginación y a trozos de frescos encontrados en otras estancias dibujó las caras y los supuestos tocados de estas mujeres. Desgraciadamente un terremoto en 1926 dañó nuevamente el fresco. Así que en este caso Gilliéron hijo lo rediseñó en 1927, dando lugar a la versión que hoy se conserva.


Otro ejemplo más. El conocido Príncipe de los lirios es una pintura creada prácticamente ex novo a partir de tres fragmentos pictóricos que se encontraron sueltos por la excavación representando una pierna, una corona y parte de un cuerpo que no estaba claro siquiera si era de un hombre o una mujer (primera imagen de abajo a la izquierda). Los Gilliéron juntaron todo, se imaginaron cómo podía ser la figura resultante y de esa forma surgió lo que luego Evans teorizó como la representación de un “Rey-Sacerdote” a partir del cual dedujo a su vez parte de la teórica estructura política de la isla de Creta en la antigüedad caracterizada supuestamente por la fuerte relación entre el poder político y el religioso.

  


Al margen de los inefables Gilliéron hubo otros dos pintores importantes trabajando para Evans. Por un lado el danés Halvor Bagge, sobre el que volveré dentro de un rato, y por otro lado estaba el inglés de ascendencia holandesa Piet de Jong. Voy a detenerme en este último porque fue quizás el artista más talentoso y brillante que pasó por la excavación. Piet era arquitecto de formación y muy bueno, pero su afición al arte lo llevó a Italia a estudiar arquitectura clásica y con el tiempo le permitió reciclarse como dibujante de yacimientos y piezas arqueológicas especializado en la Grecia antigua.

Gracias a todo ello Piet se convirtió en el último especialista importante en unirse al grupo de ayudantes de Evans en tanto que no empezó a tomar parte de lo que estaba ocurriendo en Cnosos hasta los años 20, sin embargo cuando se unió al equipo su talento como dibujante, unido a su capacidad como arquitecto, lo convirtieron en alguien muy importante para Evans. Mención aparte su carácter alegre que contagió de energía a la gente implicada en el proyecto. Por ejemplo era muy aficionado a realizar caricaturas de sus compañeros de excavación, como esta de debajo representando al mismísimo Arthur Evans.


Pero el legado más importante de Piet de Jong fue otro, concretamente un montón de acuarelas donde plasmaba sus ensoñaciones (y sobre todo las de Evans) sobre cómo era hipotéticamente la vida cotidiana de los minoicos. Con el tiempo sus dibujos de exóticos y coloridos palacios capturaron la imaginación del público, un poco de la misma forma que décadas antes las ilustraciones de Frederick Catherwood prefiguraron la imagen romántica de las ruinas mayas que se difundió entre el público decimonónico, o las de David Roberts (1796-1864) difundieron una versión idealizada de las ruinas del Egipto faraónico. Pero claro, en realidad de Jong ni poseía grandes conocimientos arqueológicos ni eso le importaba lo más mínimo y por ello se tomó grandes licencias a la hora de plasmar las teóricas actividades cotidianas de una civilización que en su manos devino más imaginaria que real. Sin embargo, dada la calidad y potencial evocador de su obra, la misma se convirtió en canon e influyó a su vez en el trabajo de otros dibujantes posteriores a la hora de plasmar en imágenes la sociedad que habitaba en los "palacios" cretenses de cara a ilustrar libros de texto o cómics. Todo lo cual con el tiempo ha configurado la imagen –lujosa y sensual- que ha llegado al público del presente de cara a imaginarse el mundo minoico, e incluso también el posterior mundo micénico por pura contaminación.


La estatuilla

Pondré otro ejemplo de cómo eran las cosas en la excavación de Cnosos.

En 1903 Evans encontró restos de lo que parecían ser unos almacenes y en ellos dos cistas de piedra en las cuales se arremolinaban diversas figurillas moldeadas en un primitivo material vítreo barnizado y policromado.

Evans dedujo que se trataba de ofrendas para el culto. Más allá de eso buena parte de las figuras estaban rotas, les faltaban partes y habían perdido su coloreado. Pues bien, de la “restauración” de las mismas llevada a cabo por Halvor Bagge es de donde surgen las dos conocidas figurillas de una supuesta diosa a partir de las cuales Evans teorizó gran parte de los rasgos de la religión minoica.

A ese respecto el que una de las figurillas estuviese sujetando dos serpientes en las manos ha sido tomado como prueba del carácter “telúrico” o “tectónico” de dicha religión cuando en realidad originalmente la estatuilla de la que surgió todo eso sujetaba algo parecido a un trozo de cuerda que fue cambiado por serpientes por Halvor Bagge durante la “restauración”. Ya sabéis: quedaba mejor.

A la vez  Halvor también añadió a la figura un llamativo tocado con forma de figura felina que había aparecido como un trocito suelto en la cista donde hallaron las piezas. Bagge concluyó que probablemente era uno de los trozos que faltaba a la figura original (encontrada incompleta y sin cabeza) y se limitó a pegarlo. 

Vamos a repetirlo a cámara lenta. De un par de cestas llenas de figuritas rotas Evans y sus acólitos escogieron dos de las figuras con más potencial y más enteras y les añadieron los trozos que creían que les faltaban cogiendo los más bonitos del resto de trozos que aparecieron por allí o simplemente improvisando. A partir del resultado dedujeron que se trata de representaciones de grandes sacerdotisas o incluso de importantes divinidades y a partir de ello Evans construyó una teoría sobre cómo podría haber sido el correspondiente culto de base femenina a una Diosa Madre universal teóricamente celebrado en torno a ellas. De cara a esto adoptó como base diversas publicaciones existentes en la época obra de George Frazer y Jane Ellen Harrison (es decir un antropólogo y una lingüista) quienes, a partir de su propia interpretación de algunas figurillas dedicadas según su opinión “al culto a la fertilidad", halladas en excavaciones de Oriente Medio por aquellos años, publicitaron todo un conglomerado de divagaciones sobre la supuesta existencia hace milenios de una religión neolítica de cuño matriarcal. 

Luego, en la medida que las dos figurillas de las diosas-serpiente minoicas publicitadas por Evans pasaron a ser un emblema de la estética minoica, en las siguientes décadas muchas estatuillas sorprendentemente parecidas, falsas con toda probabilidad, aparecieron en manos de museos o de coleccionistas privados que habían pagado importantes sumas por ellas. Actualmente existen al menos catorce figuras de ese estilo que se exhiben en instituciones de todo el mundo destacando entre las falsificaciones más claras las figuras de marfil y oro que se conservan en el Museo de Boston o la de mármol que se exhibe en el museo Fitzwilliam de Inglaterra, así como otras pertenecientes al Museo de Arqueología Clásica de Cambridge o el Walters Art Museum de Baltimore.

Y lo mejor de todo es que buena parte de estas falsificaciones de gran calidad que durante décadas engañaron a los expertos aumentando la confusión sobre las características de la cultura minoica fueron con toda probabilidad obra de unas personas que conocían muy bien lo que estaban haciendo. Sí, me refiero cómo no, a los Gilliéron, padre e hijo.

El efecto gurú

No voy a extenderme mucho más a ese respecto. Creo que llegado a este punto cualquier que haya leído lo que he intentado explicar tendrá claro que Evans organizó personalmente, o al menos toleró, la manipulación de múltiples objetos encontrados en la excavación de Cnosos, sobre todo si no acababan de encajar con sus teorías, así como también adulteró la “restauración” de partes enteras del complejo. Hemos visto asimismo como sus asistentes se inventaron prácticamente casi todo el programa pictórico “recuperado” en las paredes del lugar, muchas de ellas construidas ex profeso por orden del propio Evans.  

Sin embargo lo más dañino de cara al futuro no fue lo puramente material. Sin duda Evans se inventó una cierta estética para el mundo minoico llamada a tener un éxito brutal y a calar en la imaginación del público. Cierto. Pero Evans no se limitó a eso. Apoyándose en todo lo anterior como "prueba" Evans inventó un mundo, una sociedad, una civilización entera y la dotó de reglas sacadas en gran medida de sus propias ideas personales, de sus gustos y deseos, antes que de los escasos datos fiables que obtuvo de su excavación.

Lo cierto es que Evans en ningún momento estuvo interesado en deducir nada de los restos encontrados. Él ya tenía una cierta visión personal de como tenía que ser el estrato cultural minoico y por tanto se limitó a buscar piezas que de alguna manera le sirvieran para corroborar su “visión”, “restaurar” otras para que pudieran servirle como “pruebas” de sus tesis, ignorar o eliminar las que no coincidían y luego usar trucos retóricos y silogismos para enmascarar todo ello.

Hay que tener en cuenta que Evans era ante todo un intelectual en vías de extinción, un erudito de clase alta angustiado por la industrialización y la supuesta falta de espiritualidad que apreciaba en la Europa de su época. Temores que luego la I Guerra Mundial acabó de confirmarle. En ese sentido Evans era un individuo adelantado a la sociedad de su tiempo que soñaba con una sociedad pacifista, respetuosa con las mujeres, en armonía con la naturaleza y plena de espiritualidad. La “reconstrucción” que hizo de la sociedad minoica a partir de los restos que encontró en Cnosos no se puede analizar de ninguna manera separada de todo eso. 

   Además, en medio de aquellos tiempos convulsos Evans quiso contribuir a su manera recuperando para sus conciudadanos europeos la huella de unos ancestros de hace miles de años que eran tan civilizados como los egipcios o los babilonios. En cierta forma se inventó unos abuelos de los que enorgullecerse. Y el público de su tiempo lo hizo, porque los minoicos conectaban con sus esperanzas e ideales y podían identificarse con ellos en mucha mayor medida de lo que podían hacerlo con los crueles héroes homéricos, los salvajes asirios, los decadentes babilonios, los siniestros etruscos, o los fenicios (demasiado "semitas"). 

A ese respecto Evans fue además muy hábil de cara a “demostrar” que el mundo del que hablaba había existido en los términos que él dictaminaba. Evans argumentó que los minoicos eran una sociedad pacifista basándose en que la iconografía de su arte incluía muchas imágenes del mundo natural y pocas de la guerra. De la abundancia de representaciones de la figura femenina dedujo que eran una sociedad casi de tipo matriarcal. Para esquematizar la Creta "del rey Minos" como una próspera talasocracia que basada su riqueza en el comercio marítimo recurrió a textos de Tucídides, un historiador ateniense del s. V muy influido por las características como emporio comercial… de la Atenas de su época. Asimismo Evans dedujo para el mundo minoico una religión en sintonía con sus propias creencias y a la moda de las tendencias digamos new age de finales del s. XIX y principios del XX. Pero todo ello muy bien mezclado, hilvanado y presentado como algo “científico”. Y como él se había convertido en el principal especialista de su tiempo sobre el tema y controlaba todo lo que se publicaba sobre el principal yacimiento del que extraer datos, pudo usar su autoridad para convencer al mundo académico del momento de sus tesis, o directamente sepultar las opiniones de quienes no coincidían con la suya. Lo cual influyó a su vez en la siguiente hornada de expertos sobre la materia que se licenciaron en las facultades universitarias del período dando por buenos ya de partida todos los puntos de vista impuestos por el propio Evans.

¿Realmente qué sabemos de la Creta minoica?

Pero entonces si la mayor parte de los estudios realizados por Evans y sus discípulos responden a una visión más bien imaginaria del mundo minoico, y además el yacimiento de Cnosos resultó completamente contaminado por el propio Evans, lo cual a día de hoy convierte sus restos en un parque de atracciones del que resulta casi imposible extraer ningún dato fiable… ¿qué sabemos a ciencia cierta de la sociedad minoica?.

Bien, no hay que desesperar. El legado de Evans no fue negativo en todos sus aspectos. Para empezar, aunque en su momento no se le dio demasiada importancia, sus trabajos en la recuperación de escrituras del II milenio antes de nuestra era con el tiempo han permitido conocer, por un camino alternativo al de la pura arqueología, algunos rasgos de las sociedades del período (especialmente a través de la escritura Lineal B asociada al mundo micénico).

En segundo lugar Evans, una vez convertido en un héroe, al igual que Schliemann antes de él, contribuyó a estimular el estudio del mundo griego primitivo. Así, al rebufo de ambos, varios arqueólogos franceses excavaron en Malia, italianos (Federico Halbherr y Luigi Pernier) en Festos y Hagia Triada, alemanes (Friedrich Hiller) en Akrotiri, todo ello mientras que diversos arqueólogos griegos se dedicaron a escudriñar un poco por todas partes (de hecho fueron ellos los que descubrieron el sitio de Malia por ejemplo).

En un primer momento todas estas excavaciones no produjeron grandes frutos de los que podamos fiarnos en exceso. Desde luego tales esfuerzos arqueológicos proporcionaron algunos de los hallazgos más bellos de piezas atribuibles al horizonte cronológico que hoy nos ocupa.




Lo que ocurre es que muchas de esas piezas, en la línea de las malas prácticas impuestas por Evans (también por el propio Schliemann) y en general comunes durante la época, se obtuvieron arruinando en parte el contexto que permitiría analizarlas o datarlas con exactitud, e incluso se sospecha de la existencia entre ellas de algunos posibles fraudes, como es el caso del famosísimo Disco de Festos.

Ahora la buena noticia. Dado que esos sitios en su mayoría no fueron sometidos a un proceso de “restauración” tan intensivo como el que sufrió Cnosos a manos de Evans muchos de ellos resultaron reanalizables, pasado un tiempo, a luz de nuevas técnicas y procedimientos. De hecho en relación con eso mismo (también con el desciframiento de la escritura Lineal B y con el descubrimiento de nuevos yacimientos) durante la segunda mitad del siglo pasado, particularmente a partir de los años 60, se produjo una especie de renacimiento de los estudios arqueológicos sobre la Grecia antigua.

A reseñar los trabajos de Spyridon Marinatos en Akrotiri entre 1967 y 1968, merced a los cuales en esa isla, la Pompeya del mundo minoico, se descubrieron excelentes pinturas de la época (auténticas, nada que ver con las de Cnosos) o casas de gente corriente, quizás menos hermosas que los famosos “palacios” reconstruidos por otros arqueólogos anteriores, pero mucho más informativas respecto a las relaciones socioeconómicas en el período. También destaca la labor del propio Marinatos y posteriormente de Stylianos Alexiou en Amnisos entre 1983 y 1985. Todo ello a la vez que excelentes profesionales como Manolis Andrónikos (descubridor de las tumbas macedonias de Vergina en 1977) contribuían a reconfigurar dentro del mundo académico las categorías en torno a las que se venía enseñando la antigüedad helénica en general.

Gracias a todo ello hoy sabemos nuevas cosas, o al menos somos conscientes de qué cosas no sabemos a ciencia cierta.

Por ejemplo. Los famosos “palacios” minoicos de Evans no eran el centro de ningún gobierno con un control absoluto, ni el equivalente a los poderosos templos egipcios o sumerios de la Media Luna fértil. Parece más probable asumir que eran edificios usados para rituales indeterminados, a la vez que ejercían también como almacenes donde se guardaban excedentes de alimentos para ser consumidos en esas ceremonias y otras celebraciones (y también para pagar a los artistas y artesanos locales necesarios de cara a la construcción, decoración y mantenimiento de tales edificios). Asimismo es posible que las familias que componían una cierta élite entre las poblaciones que vivían en la zona, ocupando multitud de pequeñas viviendas más precarias, empleasen dichas edificaciones como una especie de despensas colectivas.

Por otra parte es muy probable que los minoicos no fuesen la pacífica sociedad que dibujó Evans. Hoy sabemos que algunos de sus primitivos asentamientos estaban amurallados y no es descartable que en su sociedad fuesen conocidas, sino incluso comunes, prácticas como la piratería o los sacrificios humanos rituales. Por otro lado su pretendido protofeminismo y otras ideas relacionadas con supuestos cultos matriarcales forman quizá la parte más totalmente desacreditada de las ideas difundidas por Evans (lo cual no es ningún alegato a favor del machismo, simplemente todo nos hace pensar que las sociedades agrícolas mediterráneas de hace milenios ya eran machistas y de base patriarcal mucho antes de la irrupción en el entorno de diversas oleadas de pueblos indoeuropeos militarizados a los que se hacía responsables hace décadas de la difusión de tales ideas en el entorno mediterráneo).

Evans también sugirió en su día que los minoicos tal vez fuesen refugiados procedentes del Norte de Egipto llegados a la isla durante una gran emigración. De hecho en su afán de emparentar ambas culturas Evans hasta llegó a esquematizar una cronología para el período minoico (períodos Temprano, Medio y Tardío) que en cierta forma copiaba el esquema egipcio de los Imperios Antiguo, Medio y Nuevo. Así hasta que hace unos años George Stamatoyannopoulos llevó a cabo un análisis de ADN mitocondrial sobre los huesos de 37 individuos de la Creta del período procedentes de un enterramiento muy bien conservado, hallado en 1975 en la cueva de Agios Charalambos. El resultado arrojó un parentesco con las poblaciones de primeros agricultores del entorno Egeo próximo, ubicados en las costas de Grecia y Turquía.

Poco a poco de esta forma la imagen sobre el mundo minoico en el entorno académico especializado se ha ido desembarazando de viejas creencias e ideas erróneas nacidas de las primeras excavaciones llevadas a cabo a finales del s. XIX y principios del s. XX, muy particularmente la dirigida por Evans en Cnosos. El problema es que entre el “público” el poderosísimo legado de Evans sigue vivo. Su idea de una sociedad pacífica, ociosa, agrupada en torno a soleados y opulentos palacios ubicados en medio de verdes campos y poblados por hermosas sacerdotisas de turgentes senos resulta imbatible. La mayoría de yacimientos bien excavados durante las últimas décadas (imágenes de debajo) no tienen apenas visitas en comparación a Cnosos que, obviamente, resulta mucho más bonito para un profano. 




Debido a ello las ilustraciones de los libros de divulgación, los documentales, o las novelas de cara a un público de masas que se ambientan en ese mundo siguen usando básicamente los clichés establecidos por Evans y sus colaboradores, bien por desconocimiento, bien porque a fin de cuentas se trata de vender. Y la Creta minoica de Evans vende. Vende mucho. 

El yacimiento es una de las pocas “industrias” que de verdad genera dinero y empleos en la deprimida Creta. Por ello nadie está interesado en la verdad o la autenticidad, hay demasiado en juego para los organizadores de cruceros que se detienen en la zona para hacer visitas “culturales”, o los encargados de pequeños museos que cuentan entre sus fondos con piezas “minoicas” muy del gusto del público y adquiridas a peso de oro en su día, pese a que muchas pueden ser falsificaciones. Deshacer el lío resultaría demasiado complicado, es muy difícil sacar de la cabeza de la gente una idea, una visión, un concepto, una vez que ha sido completamente asimilado y aceptado. Va a requerir una tarea de divulgación titánica muchas veces a contracorriente obligando al público a escuchar algo que por otra parte no desea realmente saber. 

   Tal es así que casi nadie está interesado en la incómoda cuestión de borrar la “Creta de Evans” de la memoria de las masas, al menos dentro del mundillo investigador, el cual por otro lado es el único donde se conoce en profundidad el problema. A día de hoy los especialistas en la cuestión tienen mejores cosas que hacer, como por ejemplo disfrutar de la apacible existencia y las magníficas vistas en lo alto de su hermosa torre de marfil. Hasta dicen que si uno mira fijamente hacia el horizonte desde allí, en los días soleados se distingue a lo lejos el vinoso ponto.

27 comentarios:

  1. Impresionante y muy bien contado.
    La verdad arrancaría pedazos de la memoria visual colectiva de nuestra cultura actual. Eso también sería una pena.
    Al menos mis profesores en la época me decían que se sabía muy poco de lo minoico, que había que investigar por mucho tiempo, pero yo y cualquiera ante las ilustraciones no podiamos dejar de echar a volar la imaginación.

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  2. Poco a poco nos vas introduciendo, de forma demoledora, en una conciencia nueva acerca de la reconstrucción del mundo antiguo. Es realmente fascinante.
    Pero... nos ofreces ideas extraordinarias. Y eso requiere de pruebas extraordinarias.
    ¿Que tal un post acerca de las fuentes documentales de todo esto? No tiene que ser ni extenso, me vale con leer en alguna otra parte algo de lo que aquí nos cuentas para no poner en duda todo el crédito que doy a lo que aquí leo.

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    1. Lo curioso es que en realidad esto de extraordinario no tiene nada. Lo sabe todo el mundo. He subido al blog entradas bastante más arriesgadas e interesantes como la de La ciudad húmeda o un artículo de hace unos meses sobre los soldados franceses e ingleses que combatieron para el Vietminh.

      En inglés la bibliografía sobre lo que hizo Evans en Cnosos es quilométrica y ya no tiene sentido ni publicar nada nuevo porque lo que hay ya lo sabe todo el mundo. Te dejo dos cosas que tienen la ventaja de que están online y se pueden ver con imágenes incluso más detalladas que las mías. A ver si por la noche o mañana las linkeo al cuerpo del artículo.

      Este es un número de AncientPlanet una revista de arqueología en inglés. En las primeras páginas trata el tema de las diosas-serpiente que menciono (Arthur Evans and the Faience Goddesses) y como fueron reconstruidas por así decirlo.

      http://ancientplanet.blogspot.com.es/search?updated-max=2014-07-05T13:00:00%2B03:00&max-results=1#.VwN3svmLSze

      Este otro es un artículo en castellano donde se trata todo el tema de las habitaciones, pisos y paredes que Evans rehizo a voluntad. Tiene 76 notas al pie con sus consiguientes referencias bibliográficas. Es de dos especialistas que trabajan en Cataluña y tienen más artículos divulgando el “tema”.

      http://www.raco.cat/index.php/UNICUM/article/view/282080/371224

      Pero vamos que insisto, no es nada nuevo, solo es traducir al español algo de lo que en inglés hay libros enteros explicándolo pieza a pieza. Lo que pasa es que aquí casi siempre vamos como con retraso.

      (Los dos links no deberían dar problemas sino que alguien lo comente y los vuelvo a subir o pongo otros).

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    2. Ejemplo de lo anterior que comento:

      C. Gere, Knossos and the Prophets of Modernism (University of Chicago Press, Chicago 2009).

      K. Lapatin, Mysteries of the Snake Goddess. Art, Desire, and the Forging of History (Houghton Mifflin Company, Boston, 2002). Páginas 120-139.

      S. Sherratt, Arthur Evans, Knossos and the Priest-King (Ashmolean Museum, Oxford, 2000).

      T. Ziolkowski, Minos and the Moderns. Cretan Myth in Twentieth-Century Literature and Art (Oxford, 2008).

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  3. Muchas gracias por este artículo. Realmente duele el enterarse del desastre que ocasionó Evans. Tantas veces he admirado al Príncipe de los lirios! Ahora no puedo verlo con la misma pasión. Pero es mejor saber la verdad, que es una construcción.

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  4. ¡¡¡Portada en menéame!!! ¡Enhorabuena, gran artículo, como siempre!

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    1. Gracias hombre, ¿al Norte del muro qué tal?, ¿muy duro el invierno?

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    2. Spring is coming... aunque sigue habiendo orcos acampados al oeste, cualquier día se cabrean y nos dan un disgusto ;) Sveikiname, tavo blogas ira labai gerai!

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  5. ¡Genial artículo! ¡enhorabuena y gracias!

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  6. ¡Qué gran lectura! Información muy interesante y con muchas referencias para explorar. Gracias John.

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  7. Muchas gracias por publicar este artículo, me ha encantado.

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  8. Hacía tiempo que no leía un artículo tan bien hilado, y con tanta base, especialmente sobre estos temas, que no son 'rabiosa actualidad tecnológica'.

    Sobre todo lo que comentas - y estoy de acuerdo en el noventa porciento - me gustaría matizar que la percepción visual que tenemos de Knossos tampoco es tan distinta de lo que debió ser. Aunque la historia mitificada por Evans esté fuera de lugar, lo que evocan las imágenes que tenemos en la memoria, pese a partir de una restauración poco ortodoxa, de alguna manera creo que no están tan adulteradas como la histora que se inventó sobre ellas; el trabajo pictórico, aunque le sobren algunos grifos, no surge de la nada, está bastante bien basado, en mi modesta opinión de aficionado. Tanto el estilo como las combinaciones de colores suelen continuar lo que había de fondo, aunque alguna parte pueda ser más interpretativa digamos que encaja bien en el esquema. La restauración de estatuillas ya es otro tema, y la historia muy opinable. Es cierto que se la inventaron tomando datos dispersos y sus propias ideas preconcebidas, pero nosotros tampoco podemos aportar demasiado al respecto, digamos que es poco falsable con los datos que tenemos.

    Sin ser mi intención defender a Evans, creo que el pictograma que tenemos de la civilización minoica no es exacto, pero tampoco una completa falacia. Eran grandes comerciantes, posiblemente algunos muy ricos, y su civilización estaba muy relacionada con el mar y el comercio. Lo que se construya a partir de ahí siempre será especulativo, pero quitando algunas pinceladas mitológicas creo que el fondo es bastante certero. La hipótesis del matriarcado es lo que más habría que coger con pinzas, pero el resto, grosso modo, creo que no es tan distinto a la imagen que tenemos, que también se apoya en nuestra visión del resto de culturas del Egeo, y sobre las que también tenemos idealizaciones irreales en el imaginario colectivo ( nadie se imagina los templos policromados como realmente estaban, por ejemplo ).

    En definitiva, "se non è vero, è ben trovato", y tampoco es tan grave que el común de los mortales vea Creta como nos lo presentan, aparte de ser un magnífico reclamo sobre las raíces de Europa, igual es más verosímil en su conjunto que la mayoría de representaciones que el cine ha aportado a la visión del mundo antiguo.

    Un gran artículo, entras directamente en favoritos. ;) Te seguiré de cerca

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  9. Lucas, ni a falacia llega. Es un puro disparate aderezado en una salsa de despropósitos. La historia en el siglo XIX estaba en pañales del revisionismo ideológico (hacia unos y hacia otros) y los arqueólogos que usaban el método científico eran la absoluta minoría, perfectamente conscientes de que tenían que hacer concesiones al magma cultural de la acumulación de capital plus la societé burgoise.

    Propongo que algún día se cuente la historia del descifrado del Lineal B (el A sigue sin descifrarse), un poco como desagravio a esta violación histórica. Es una historia muy hermosa, con muchos eslabones, muchísimas personas haciendo el camino (la mayoría no llegaron a ver la meta), es una hermosa parábola de cómo funciona en verdad la ciencia.

    Y aprovecho el tema porque la mayor de las sorpresas que trajo el descifrado del Lineal B (precisamente por culpa de las paridas de Evans) fue que era **griego**. Un griego arcaico, siglos anterior al de Homero (que ya es no poco arcaico), pero griego sin duda, al punto de que los primeros que llegaron a la cima (del descifrado) se quedaron sorprendidos de que podían entender prácticamente todo con su conocimiento "vulgar" de griego koiné clásico.

    Eso nos lleva al Lineal A, que sigue sin descifrar porque sin duda no es una lengua conocida, ni indoeuropea, ni semítica. Se conjetura de que tenga algún parentesco con el etrusco y otras hipotéticas lenguas ni siquiera bien documentadas del área mediterránea, pero esto son ganas de simplificar problemas: bien puede tratarse de una lengua tan aislada (en nuestra ignorancia) como el euskera (que a fin de cuentas estamos bastante seguros de que es un resto del área lingüística ibérica, que grosso modo ocupada los terrenos que fueron después de la Corona de Aragón, porque los llamados (mal) celtíberos hablaban -más concretamente, escribían y dejaron escrito- claramente una lengua celta, bien emparentada con el galo y otras).

    Pues esa lengua Lineal A es la que hablaban los que levantaron la "cosa" de Evans. Nada que ver con el copto, nada que ver con el fenicio, nada que ver con las lenguas del creciente fértil, nada que ver con las indoeuropeas de anatolia. Ni siquiera tiene que ser autóctona, pudo venir desde cualquier parte.

    Cosas como las de Evans son terribles, porque borrar la memoria -los fósiles- es como borrar cosas en un ordenador: despídete de ellas, para siempre.

    P.S. Y eso que Evans era progre, si llega a ser de la escuela Thatcheriana... bueno, hubiera destrozado todo el yacimiento.

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    1. Estoy completamente de acuerdo en que no es de recibo "sobreescribir" la historia, por eso dije "sin ánimo de defender a Evans". Mi discrepancia versa sobre la gran diferencia entre la visión que Evans dejó en nuestra retina y la realidad, que en mi opinión no es tan grande, especialmente en aquellos menos versados, ya que los eslabones básicos de su visión probablemente no estén tan lejos de la verdad, y es lo que le queda a la gente. A nivel más profesional, sí que se puede hablar de que hay una mayor distancia entre su visión y la realidad, pero no a nivel puramente turístico. Para el turista no es tan importante que se inventaran alturas o incluso algunos colores. El fondo no deja de ser verosímil. Discrepo solamente con la visión catastrofista de que tenemos una imagen completamente inventada de los minoicos, pero es sólo una percepción personal.

      Sobre el lineal B y el lineal A me interesé hace mucho tiempo, cuando era un incipiente lingüista de clásicas. Aún me acuerdo de algunas palabras del lineal B como da-pu-ri-to-jo -> dabyrinthos -> laberinto. Lo de que el lineal A sin duda pertenece a una lengua desconocida me parece aventurado, descifrar una escritura silábica plantea infinitos problemas a procesamiento por fuerza bruta con ordenadores, por no hablar de hacerlo a mano, como Ventris. Es más cauto decir que "no sabemos" a qué lengua pertenece. Hay conjeturas muy versadas, pero por el momento creo que sólo tenemos eso: conjeturas.

      A nivel académico, Evans se portó como un showman, pero como dice el autor del artículo, en cierto modo logró poner el foco de atención internacional en un mundo perdido, y jugándose su patrimonio. Aunque lo hiciera fatal, tuvo el interés de hacerlo, como Schliemann. Personalmente le tengo más odio a otros inventores de la historia y la lingüística, que se suponen más académicos, y actuaron con más conocimiento de causa emponzoñando la historia por el reconocimiento social y académico que quizá nunca debieron tener. Evans al menos era un advenedizo.

      PD: Sobre el lineal A y el fenicio acabo de ver una referencia en la wiki, pero desconozco el trabajo del autor:

      "En el 2001, la revista Ugarit-Forschungen, Band 32 publicó el artículo de Jan Best, "The First Inscription in Punic—Vowel Differences in Linear A and B" (La primera inscripción en púnico - Diferencias vocálicas entre el lineal A y B). En él, Best pretende demostrar que el lineal A es una forma arcaica de idioma fenicio."

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    2. Lucas, no me voy a columpiar diciendo que soy un experto de nada pero la verdad es que un poco por motivos de deformación educativa (uno que es de ciencias) me he llegado a fascinar sobremanera con la criptografía, por muchos y variados motivos. Créeme que con lo que sabemos hoy y las herramientas a nuestra disposición (NSA incluida), si el Lineal A fuese una lengua conocida o perteniente a un taxón bien descrito, estaría más que descifrado, y eso que partimos de la base bastante fuera de toda duda que la escritura en sí misma (el paso del A al B) fue meramente un cambio de lengua codificada, y no trajo excesivos cambios a las representaciones en sí mismas. De hecho, es claramente una forma de dominación cultural, o de reafirmación si quieres, igual que el rumano (que históricamente se escribió siempre en cirílico dado que pertenece al ámbito cultural bizantino-ortodoxo, por más que sea una lengua romance) cambió al alfabeto latino y no veas los pollos que hubo con esto, todos naturalmente de índole ideológica.

      No, no es una lengua fenicia, y por supuesto, no hay el más mínimo apoyo a esto, más allá de whishful thinking. La Wikipedia hay que cogerla con pinzas, habitualmente. Hasta los artículos de química, biología o astronomía que estaban relativamente a salvo del debate, digamos ideológico, empiezan a verse salpicados. De la Wikifranco del Caudillo ya ni hablo porque es directamente lamentable en la práctica totalidad de sus artículos (la francesa sorprendentemente, de momento, es bastante buena. Bueno, de entre las que puedo leer, claro). El propio Ventris sugería la hipótesis tirrénica.

      Siempre he sido fiel a la navaja de Occkham y nunca me ha fallado. Yo a las ganas que veo de atribuir paternidad conocida a la lengua del Lineal A se les ve el plumero a la legua de simplificar el problema, porque admitir que la evidencia acumulada de culturas variadas y una enorme diversidad lingüística en toda el área mediterránea (y europea: el euskera ha salido de alguna parte, y existe numerosa toponimia muy antigua de forma bien establecida que no corresponde a ningún grupo lingüístico posterior) les tira abajo sus bonitos y costosos esquemas. Pero lo siento, la realidad es la realidad.

      Mira lo que ha pasado en América. De una enorme diversidad de lenguas, muchas de ellas sin podérsele atribuir una genealogía clara (y genéticamente ya tenemos claro cuándo llegaron los humanos y cómo, fíjate), hemos pasado a una pobreza brutal con 4-5 lenguas dominantes con más de un 90% de hablantes. La civilización consiste exactamente en esto. Y no es un fenómeno debido exclusivamente a la "maldad" europea: ya había grandes civilizaciones en marcha en el momento del tsunami que también iban arrasando a su paso. Para la supervivencia humana, contrariamente a lo que pueda parecer, la civilización es el peligro, no la vida salvaje. Claro que presenta otros subproductos y colaterales, pero no servirán de mucho si nadie queda detrás para aprovechar el legado.

      Es peligroso engañarnos con estas cosas. Mucho.

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    3. Cuando dejé la lingüística - por motivos crematísticos - me dediqué a la programación. También me encanta la criptografía, y no te niego que si la NSA tratara de descifrar el Lineal A posiblemente tuviera más éxito que otros, pero dudo que se le dedique el esfuerzo tan grande que requiere en nuestros días. Yo tampoco soy experto, pero la combinatoria de un silabario de longitud indeterminada comienza a hacerse exponencial desde el inicio, no lo he calculado pero intuitivamente creo que el problema es bastante gordo.

      Yo también soy fiel a la navaja de Ockham, pero en estos temas mandan la intuición y la estadística. Aparte de las herramientas criptográficas, tenemos actualmente un apoyo estadístico muy fuerte para estudiar las lenguas, y supongo que aunque no hayan encontrado el patrón exacto, puede que sí sepan diferenciar si es una lengua semítica ( como el fenicio ) o no, desconozco el trabajo de este hombre, y yo tampoco llegué a ser un experto en Lineal A, aunque me interesé bastante.

      Con el resto de lo que mencionas estoy de acuerdo, sólo discrepo en nuestra capacidad de desciframiento de lenguas arcaicas, ya que no tenemos competencia lingüística y es muy complejo descifrar un silabario. Sobre el lineal A poco más puedo decir, hace 18 años podría haberte dado mis hipótesis basándome en el estudio de los orígenes dialectales de Grecia y Anatolia, pero hoy en día me considero un profano.

      Coincido, eso sí, que la coincidencia en la grafía no implica coincidencia en el contenido, es un muy buen apunte, y yo partía de una hipótesis similar.

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    4. Se me olvidó comentar que para descifrar por fuerza bruta y técnicas criptográficas una lengua, necesitamos un corpus amplio, como se tiene en lineal B. En lineal A tenemos muy poca muestra para realizar este tipo de estudios, y eso también es un gran freno al "ataque criptográfico".

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    5. Un debate muy interesante, en serio. Resulta muy gratificante cuando alguna entrada puntual del blog sirve para iniciar algo más y de repente surge una interacción con la gente que la lee.

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    6. Siempre es un placer debatir con gente como 'Anónimo', atraídos por artículos tan interesantes, en última instancia la culpa es de usted ;).

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  10. Lucas, la NSA tiene mucho tiempo libre, créeme. No lo digo yo, Snowden es una fuente siempre interesante de información. Permíteme recordarte que la declaración de guerra de Japón a EEUU fue transmitida por radio a la embajada japonesa en Washington (cifrada con el código púrpura, que los americanos lo leían como el periódico tú o yo), con el tiempo calculado para pasarla a texto plano y presentarla ANTES del ataque de Pearl Harbor. Bien, la declaración fue traducida en tiempo y forma no recuerdo ahora por qué servicio de inteligencia americano (no por la NSA, no existía aún con ese nombre, dicho sea de paso los EEUU tienen 22 agencias de inteligencia (!), cada una de ellas con más recursos y personal que la vastísima mayoría de cualquier agencia de otro estado) en tiempo y forma, naturalmente, pero no pudo serlo en la propia embajada porque era mucho texto y poco personal, y presentaron la declaración DESPUÉS del ataque de Pearl Harbor (ni siquiera hizo falta que se movilizaran equipos destinados a entorpecer la presentación física de la misma, que estaban preparados). Con otras palabras: Roosevelt tenía la copia traducida encima de su mesa mientras en la embajada oían por la radio las noticias del ataque y no iban ni por la mitad. Esto es lo que pasa cuando declaras la guerra a un país que es cientos de veces más poderoso que tú en todo, en tecnología, en organización social, en recursos, en capacidad financiera y todo lo demás. Que haces el gilipollas por ni mentar el baño de sangre y tu autocubrimiento de mierda para los restos. Pero esto son otras historias.

    La historia de los enfrentamientos y los conflictos, al menos desde que la historia existe, es la historia de la inteligencia, y la criptografía. Ya lo puso bien claro Sun Tzu hace siglos.

    La NSA puede que no haya descifrado el manuscrito Voynich o la cifra Beale (hay quien dice que sí y que ya han limpiado el oro), pero lo primero de todo es que tanto el Lineal A como el B son dos cifras de sustitución monoalfabética (o "monosilábica" si quieres), así que el ataque de cajón es el análisis de frecuencias. Con lo que sabemos hoy y la certeza de que es un silabario, sabemos con contundencia que NO es una lengua indoeuropea ni semítica ni conocida que pudiera hablarse en el vecindario (ponle un radio de varios miles de km, han probado hasta con el euskera). De hecho el ataque al B fue de manual: primero se hace la tabla de frecuencias (de donde se deduce que es un silabario y no un alfabeto), luego se identifican las terminaciones (las declinaciones, literalmente), y finalmente se deducen topónimos y de ahí los valores fonéticos. Pasa todos los rastrillos de una lengua natural. Esto es lo que hay y es de manual. Si no se puede descifrar es porque es una lengua desconocida. Por cierto que una cifra monoalfabética y menos con la cantidad de tablillas disponibles (otra cosa sería que sólo hubiera 3 ò 4 textos disponibles) no tiene "posibilidades exponenciales" en absoluto. Si no recuerdo mal de Lineal B hay unos 5.000 textos, del A 1.500. Si el B se descifró es porque es una lengua natural identificable (e identificada), el A no. La propia piedra Rosetta no hubiera servido de nada si los jeroglíficos no hubieran estado en copto puro y simple (que es la lengua en la que estaban).

    Quiero insistir en la pérdida (entrópica, incluso) de información. Tendemos a pensar que nosotros tenems más información que épocas pretéritas, lo cual podría ser cierto si lo circunscribes exclusivamente al ámbito del conocimiento científico, pero en realidad lo que tenemos es más redundancia, es decir, basura y ruido de fondo. Había mucha más información en el pasado, ahora hay menos. Lo que hace la civilización, en todos los aspectos, es acelerar la entropía, gastar todo y más deprisa, y eso es palmario por ejemplo en la acumulación de recursos "para nada" (hacer Pirámides y demás objetos de dudoso valor físico y menos aún como registros de información).


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    1. La NSA tiene mucho poder, lo que no sé si tiene es el interés. De todos modos, sigo pensando que no se pueden obtener datos determinantes con el "ataque estadístico" habitual, ya que no tenemos grandes textos, sino textos muy fragmentados, con partes que faltan, y además de sitios geográficamente distintos, con lo que puede que algunos de estos textos estén en lenguas distintas. Ya en mis tiempos juraría haber leído argumentaciones similares para descartar el desciframiento estadístico. Con esto no quiero decir que se trate de una lengua conocida, sino que no existe - en mi humilde opinión - una base suficiente para descartarlo con esta metodología.

      De todos modos, es algo que me queda bastante lejos, y puede que avances posteriores pudieran sacar más luz de los mismos fragmentos ( no sé dónde leí que todo lo que tenemos del Lineal A, puesto en caracteres normales, se podía imprimir en un folio por una cara ).

      Personalmente me encantaría que se tratase de una lengua desconocida hasta ahora, pero es bastante extraño ya que Creta era paso obligado por su situación geográfica desde tiempos inmemoriales.

      Sobre que una cifra monoalfabética no tiene un desarrollo exponencial, creo que no tiene importancia, ya que hablamos de un silabario, en el que dependiendo del idioma las combinaciones de sílabas se pueden hacer de diversas formas, a veces varias dependiendo del contexto ( no es solo ba, be, bi, es mucho más complejo, hay grupos silábicos que pueden ser ba, o ban dependiendo de la siguiente sílaba, diptongos, elongaciones vocálicas, transformaciones, grupos consonánticos como 'nt', vocales elididas que se sobreentienden, etc ).

      Finalmente, sobre el carácter entrópico de la civilización, creo que no hay que perder el norte y darse cuenta de que sin el invento de la escritura, propio de la civilización, la información que se pierde en cada generación es mucha. También sin una civilización que de estabilidad a los grupos humanos es complejo que exista el sedentarismo necesario para que esa información se acumule y se vaya transmitiendo, lo que permite investigar y avanzar, y por lo tanto "generar" más información. Otro tema es que las guerras y la inestabilidad política y económica consigan que vayamos perdiendo información. Hemos perdido muchísima información del pasado, en eso estoy de acuerdo, pero no creo que hubiera más información que ahora, por mucho que ahora la mayor parte sea redundante.

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    2. Lo de que cabe en un folio no sé de dónde ha salido, viene en el artículo de la Wikipedia anglófona del Lineal A. Yo mismo me quedé lelo, si miras el equivalente francófono,

      Le linéaire A, au vu du nombre de caractères connus, est une écriture syllabique, comme le linéaire B. Le recueil des inscriptions en linéaire A de L. Godart et J.P. Olivier (GORILA), en ***5 volumes***

      Se ve que les apetece sacar 5 tomos para algo que cabe en un folio. Por cierto que la piedra Rosetta cabe en un PNG de 100 x 100, ya puestos.

      La isla de Taiwán, antes de ser colonizada por el imperio chino, estaba como se dice en el ojo del gallo, y en ella se hablaban 25 lenguas, quizá más, todas del grupo austronésico. No parece que las relaciones comerciales de los nativos con chinos, japoneses, ryukyanos, anamitas y demás les empujaran a un monolingüismo compulsivo ni tampoco que adoptasen una lengua franca (sobre esto habría para hablar largo y tendido). Eso sí, muchas de ellas se siguen hablando en reservas estilo Un Mundo Feliz, pero el 99% de la población habla chino hakka en diglosia con el estándar mandarín (y por lo que he visto en las pelis, infestado de anglicismos a un nivel escandaloso, adiós por decir algo dicen baibai tal cual).

      Es a esto a lo que me refiero con la pérdida de información. Las lenguas pese a toda la tontería que se dice NO son un medio de comunicación, no al menos como función principal (ni siquiera secundaria), los animales no hablan como lo hacemos nosotros y se entienden perfectamente, mucho mejor que los humanos entre nosotros, cualquiera que tenga perro o gato es perfectamente consciente de que nos "entienden" mucho mejor que al revés o entre nosotros. Eso es así porque una de las funciones de las lenguas es la identitaria, parece ser que los humanos tenemos una autoconsciencia más profunda y estabilizar eso es complicado, el verse incluido (formar parte activa y retroalimentada) en múltiples grupos es una forma de hacerlo, y las lenguas fundamentalmente sirven para eso, no siendo además excluyentes (puedes hablar todas cuantas puedas aprender). Porque lo que es una lengua es, literalmente, una forma de ver el mundo. En el más pleno sentido de la expresión, y conviene pararse a reflexionar sobre esto. En Taiwán había 25 formas de ver el mundo, ahora sólo hay una. Si la naturaleza apuesta por la diversidad yo diría que podarla del modo salvaje como lo hacemos en aras de beneficios mercantiles y economías de escala es comprar billetes de forma desaforada hacia la extinción.

      A eso me refería.

      P.S. Las lenguas son también, evidentemente, un instrumento de dominación de unos hablantes por otros. Pero eso también es otra historia.

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    3. Del mismo enlace que me pones: "Les inscriptions connues en linéaire A totalisent en effet quelque huit mille signes, alors qu’il en faudrait au moins le triple pour pouvoir mener des investigations sérieuses ; à titre de comparaison, le linéaire B a été déchiffré par Ventris à partir d’un corpus de trente mille signes"

      Fuente: https://fr.wikipedia.org/wiki/Lin%C3%A9aire_A

      En ese texto, dice que parte de la dificultad de desciframiento es el total de inscripciones, ya que el lineal A cuenta con 8000 signos, mientras que el Lineal B cuando fue descifrado por Ventris, contaba con 30000. He echado un cálculo rápido, y en un folio con letra tamaño 10, entran unos 4000 caracteres, así que sería un folio por las dos caras, lo de los 5 volúmenes supongo que será porque están explicados profusamente.

      Aparte, lo que yo te comentaba es que no es tanto el corpus total - que también influye - como la brevedad de las inscripciones en lineal A, ya que al no haber mucho contexto, se complica muchísimo el desciframiento, y la piedra Rosetta se descifró porque estaba en varios idiomas, pero tampoco es un corpus amplio para el estudio si no estuviera traducido en la misma piedra.

      Sobre la reducción del número de lenguas, es un problema que también me parece atroz, como lingüista que fui, las lenguas naturales me parecen un patrimonio histórico tan importante o más que el patrimonio artístico, es como si cada vez que una lengua se extingue derribáramos una catedral, o el Partenón. Especialmente en este momento, donde podríamos al menos tratar de salvar parte de este legado con los medios que tenemos, y que será crucial en el futuro. Pero no es tanto un problema de la civilización en sí - que es la que nos ha permitido descubrir lenguas muertas del pasado, no lo olvidemos - sino de cómo se desarrolla nuestra civilización en concreto.

      No es estoy de acuerdo en que el propósito de las lenguas sea más identitario que comunicativo, los animales se entenderán muy bien, pero no se transmiten conocimientos históricos más que a nivel de 'aléjate de ahí'. Lo que sí creo es que la lengua no es tanto un constructo meramente artificial, sino una consecuencia de nuestra naturaleza, aunque sí hay partes 'artificiales' en su desarrollo. Esto se estudia en filosofía del lenguaje, y era una de las partes centrales de mi - llamémosle así - tesis, o estudio, cuya función no era el doctorado, sino una búsqueda personal.

      En lo que sí estoy de acuerdo es en que una lengua es una forma de ver el mundo, y lo que es casi más importante, la primera veta que se utilizó para empezar a entender el cerebro, y la mente. Las lenguas son un reflejo de su funcionamiento y de su forma de entender el mundo que nos rodea, y el que llevamos por dentro. Por eso me parece tan importante la conservación y el entendimiento de las lenguas, más allá del mero hecho comunicativo.

      Sobre el tema que nos ocupa, el lineal A, creo que es probable que se trate de una lengua o al menos una variante desconocida, pero sin textos largos es muy muy improbable que consigamos sacar algo de ello. Cuando metes las manos en la masa de transcribir textos arcaicos como estos, te das cuenta de que hay una gran parte 'interpretativa' al modo de Evans, y que no puede dejar de haberlo nunca en casos como este, ya que aparte de ser inscripciones muy breves que se prestan a abreviaturas y otras lindezas del lenguaje, el corpus es muy disperso geográficamente y podría tratarse de varias lenguas, de muchas variantes de otras, y por eso las posibilidades creo que son exponenciales. Ojalá se encuentre algún día el hilo del que tirar, pero lo veo muy complicado.

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  11. Lo he añadido como un enlace vinculado a un trozo del propio texto, pero por si acaso lo cuelgo aquí también por si no lo habéis visto. Este link os lleva a los vídeos que se grabaron en las campañas de 2012 y 2013 en la excavación de Zominthos, un yacimiento minoico de montaña. En los vídeos (muy breves) se aprecia bastante bien el trabajo cotidiano en este tipo de yacimientos.

    http://interactive.archaeology.org/zominthos/category/video/

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  12. No suelo comentar en estos blogs, no soy bloguero pero si me interesa (aunque aficionadamente) la historia antigua, esta entrada me parecio muy buena, y si bien lei comentarios donde explica como el tema es conocido en los circulos de hablan inglesa, para uno que apenas habla castellano moderno (rioplatense) es muy loable poder tener el gusto de tal articulo, una divulgacion de lo que no se habla masivamente es mucho mas interesante y loable.

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