lunes, 30 de noviembre de 2015

Zorras metalizadas (II): Las chicas son guerreras


Respetar la polla. Grabaos esta idea: yo soy el que manda, yo soy el que dice ¡si¡, ¡no¡, ¡ahora¡, ¡aquí¡. Porque es universal tíos, es evolutivo, es antropológico, es biológico, es… animal, nosotros somos ¡hombres¡.

Tom Cruise (Frank T. J. Mackey) en “Magnolia” 




La palabra feminismo aparece citada tempranamente en textos franceses sobre el diagnóstico y tratamiento de la tuberculosis designando un supuesto efecto secundario de la enfermedad: hombres que se volvían de aspecto “femenino”, de ahí la connotación inicialmente peyorativa que se le otorgó al vocablo.

Luego, con ese mismo sentido despectivo, el término pasó al inglés, hasta que a finales del s. XIX comenzó a dotarse del significado que hoy se le otorga (vinculado a la defensa de los derechos de las mujeres). Aunque casi nadie tomaba demasiado en serio tales ideas por aquel entonces. 

Debido a ello un sector del naciente movimiento feminista fue radicalizándose progresivamente y adoptando una serie de estrategias, muy novedosas para la época, basadas no en las huelgas o la convocatoria de manifestaciones sino en la organización de actos de vandalismo y sabotaje encaminados a obtener publicidad en la prensa.

martes, 24 de noviembre de 2015

Peredvizhniki: los vagabundos contra el sistema



En la segunda mitad del s. XIX el arte ruso en particular, y Rusia en general, afrontaron la paradoja de manifestar un profundo conservadurismo en su cúspide institucional (emparentado con el estancamiento social y político que vivía el país) a la vez que en su seno periódicamente surgían figuras individuales o movimientos completos caracterizados por su compromiso social, su brillantez y/o su vocación de ir a contracorriente. Fue la época en que reinó una arquitectura de tinte historicista obsesionada con el revival de formas grandilocuentes propias del momento de esplendor del arte bizantino, mientras la literatura rusa alcanzaba su apogeo retratando de forma descarnada la tragedia de la vida humana y las miserias de la sociedad rusa del momento. Universidades y academias rebosaban de eruditos decrépitos a la vez que, pese a todo, el país producía genios como Dmitri Mendeleyev. La política oficial estaba completamente dominada por ideas autocráticas y reaccionarias, pero -seguramente debido a ello- en ese contexto surgió una amalgama de teóricos de la anarquía y la revolución llamados a cambiar el mundo. 

domingo, 15 de noviembre de 2015

Almost Superstars


De Musaylimah, Mensajero de Dios, para Muhammad, Mensajero de Dios. Saludos.

Misiva de un profeta de la zona Este de Arabia para otro profeta, con el tiempo más exitoso, asentado por aquel entonces en el Oeste de la región.


Pues si de Cristo se predica que ha resucitado de los muertos ¿cómo entre vosotros dicen algunos que no hay resurrección de los muertos? Si la resurrección de los muertos no se da, entonces tampoco Cristo resucitó, vana es entonces nuestra predicación y vana también nuestra fe.

Corintios, 15:12-14




"Jesucristo" es un sobrenombre occidentalizado. En realidad “nuestro” Jesús vivía en una sociedad que usaba el arameo como lenguaje y por tanto los nombres propios de la época se diferenciaban bastante de lo que nosotros estamos acostumbrados a usar y pronunciar. Debido a ello probablemente su verdadero nombre sonaba bastante parecido a YehoshúaYeshúa (algo así como “Yahvé salva”). Los primeros textos cristianos se escribieron en griego y en ellos se usó el nombre Iesous debido a que los cristianos de habla griega no usaban el sonido sh. Luego ese nombre se convirtió más adelante en el Iesua latino que posteriormente derivó en el "Jesús" que nosotros utilizamos de forma corriente. Por su parte el vocablo “Cristo” proviene también del griego y vendría a ser un intento de traducir a dicha lengua (mediante la cual se redactaron los primeros Evangelios) el título original de Mashiach, es decir de “Mesías”, de "ungido", un concepto perteneciente a la tradición hebraica, con el que se referían a él sus primeros seguidores. A partir de tal origen el término "Cristo" con el tiempo se hizo muy popular, pasó a definir a los “crist-ianos” como conjunto y unido al nombre de Jesús forma el vocablo Jesu-cristo al que me refería antes.

El fondo de la cuestión es que Jesucristo se llamaba Yeshúa. Ese es el nombre que le había puesto su padre el día de su circuncisión y era tan corriente entonces que había que añadirle algo más para identificar con precisión a la persona. Por ello en su localidad natal a nuestro profeta favorito la gente lo llamaba Yeshúa bar Yosef, es decir “Jesús el hijo de José” siguiendo el sistema patronímico de la época. Mientras que lejos de allí lo conocían como Yeshúa ha-notsrí, “Jesús el de Nazaret” (porque es allí donde nació y no en Belén, un puro mito inventado a posteriori, como tantos otros presentes en los Evangelios).

Tan común era ese nombre por entonces (los arqueólogos han desenterrado más de setenta tumbas de la época con ese nombre grabado) que hasta "Barrabás" (aquel prisionero que fue liberado en vez de Jesús sellando así el destino de este último) se llamaba de esa misma forma. En concreto, Yeshúa bar Abbá. Lo cual vendría a ser algo así como “Jesús, el hijo del padre”, nombre confuso por otra parte. No es descartable por tanto que este segundo apelativo haya llegado a nosotros contaminado. De hecho los primeros padres de la Iglesia, al ponerse a traducir y reelaborar las primeras versiones de los Evangelios, se mostraron muy molestos y conmocionados de que un pecador se llamase exactamente igual que el hijo de Dios. Por lo cual suprimieron su nombre real y pasaron a conocerlo por el sobrenombre que nos suena a nosotros hoy en día, "Barrabás", el cual como digo es posible que además sea producto de algún tipo de alteración lingüística o literaria de su filiación auténtica.

Aunque no quiero aburriros con estas cuestiones. Quedémonos por ahora con el dato de que probablemente un porcentaje importante de los varones judíos de la época de Jesús se llamaban exactamente igual que él. Y entre ellos no faltaban los profetas. No hay cifras exactas pero tirando por lo bajo puede asegurarse que en un lapso de unos 25 años antes y después de la muerte de Jesús los romanos hicieron ejecutar en Jerusalén no menos de una docena de profetas, varios seguramente con ese mismo nombre.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Ermakov en la Cólquida




Hoy voy a hablar de un fotógrafo que, aunque también viajó por Persia, no obstante desarrolló el grueso de su trabajo un poco más al Norte, concretamente documentando la fascinante variedad etnográfica del Cáucaso. 

Me refiero a Dmitri Ivanovich Ermakov (1846-1916), nacido en Tbilisi, la actual capital de Georgia, hijo de un arquitecto italiano y una georgiana de ancestros austríacos. Cuando él aún era muy joven su madre contrajo un segundo matrimonio con un ciudadano ruso del que tomó el apellido, lo cual además le abrió al joven Dmitri el camino para formarse como topógrafo militar en una Academia militar zarista. Durante dichos estudios empezó a familiarizarse con la fotografía y así poco después de licenciarse, en los años 70, abrió un estudio fotográfico con base precisamente en Tbilisi. 

Curiosamente, pese a que la región por entonces -más o menos igual que ahora- se encontraba bastante atrasada socioeconómicamente, aun así contaba con diversos estudios de fotografía, como el abierto por un tal Alexander Roinashvili algunos años antes. De esa forma se formó allí un pionero grupo de fotógrafos georgianos que iban a mostrarse muy activos realizando “expediciones” por las regiones próximas controladas por el Imperio zarista, o incluso por zonas del Imperio otomano, así como Persia, siempre a la caza de las mejores y más pintorescas instantáneas de una zona del planeta donde lo pintoresco nunca ha dejado de abundar. Pensad que hablamos de un territorio donde por entonces aún pervivían los nómadas, los bandidos de montaña y una cierta mentalidad tribal, todo ello en paralelo a la existencia de importantes núcleos urbanos y vías de comunicación de corte moderno. 

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Los zíngaros de la pradera


Cada amuleto, cada pulsera de cuentas, incluso la ropa usada por un guerrero indio como él está imbuida de poder espiritual.

"The man in the high castle", episodio octavo.





Acaba de inaugurarse una exposición en el Thyssen titulada La Ilusión del Lejano Oeste compuesta por pinturas, fotografías, grabados, esculturas, libros, tebeos, carteles cinematográficos y demás elementos evocando la imaginería sobre el Far West estadounidense. Va a estar abierta hasta febrero del próximo año y en mi caso, a rebufo de esa noticia de actualidad, quiero comentar una cuestión puramente pictórica.

Vamos a ver, como todos sabemos existe una imaginería del “salvaje Oeste” que ha quedado instalada en el subconsciente colectivo global gracias al cine norteamericano y sus famosos westerns. A ese respecto es bien conocido igualmente que parte de la visión del pasado mostrada por dichos productos constituye un puro cliché, no es realista ni responde a una fiel representación de la realidad histórica, sino más bien a la plasmación en pantalla de mitos y de una cierta estética más imaginaria que real.

De cara a rastrear un origen para esos tópicos se ha mencionado frecuentemente un subgénero de la literatura de aventuras de finales del s. XIX y principios del XX compuesto por relatos “del Oeste” escritos por periodistas sensacionalistas en un primer momento y luego por literatos un poco más serios como Owen Wister, o el alemán Karl May. A su vez dichos folletines serían en cierta forma herederos de obras anteriores, de principios del s. XIX, escritas por autores de más calidad, como James Fenimore Cooper o Washington Irving.

No obstante todo eso deja de lado algo muy importante: la existencia, en paralelo a lo anterior, de una amplia gama de pintura historicista, la cual se desarrolló fundamentalmente a lo largo del s. XIX, dedicada a “recrear” el mundo de la frontera estadounidense, muy particularmente el de las sociedades nativas, frecuentemente en términos un tanto idealizados. 

domingo, 1 de noviembre de 2015

La juerga continua


    Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.

George Orwell, “Rebelión en la granja”.


                


Me veo obligado a hacer un pequeño alto en mi crónica sobre el sufragismo británico para comentar una noticia reciente. Al parecer hace unos días los operarios encargados de la limpieza en el Museo de Bolzano, en Italia, destrozaron una “obra de arte” de profundo significado al confundirla con un montón de basura

    No es la primera vez que pasa algo así. Es el riesgo de ser demasiado vanguardista, quizás. No obstante el mencionado suceso me ha animado a escribir esta entrada donde voy a repasar lo que ha ocurrido en el mercado del arte durante los últimos meses. Todo ello en la línea de otras entradas anteriores que he consagrado a esta cuestión, a mi parecer más interesante de lo que parece. De hecho mi propósito cuando comencé con este blog era hacer un seguimiento al tema de forma intermitente, pero como a día de hoy hace prácticamente un año que no he vuelto sobre tal cuestión creo que es el momento de ponernos nuevamente al día.