jueves, 6 de agosto de 2015

En el culo del mundo


Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?

Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió a construir otras tantas?

Bertolt Brecht, “Historias de almanaque”



Seamos sinceros, los destinos más emblemáticos del turismo cultural a lo largo del planeta frecuentemente lo son no solo por su intrínseco valor histórico (el cual se les presupone) sino también por encontrarse en lugares adecuadamente cercanos a núcleos urbanos y redes de comunicaciones más o menos modernas (aunque sea en el seno de países poco desarrollados) todo lo cual permite acercar grandes grupos de turistas hasta las proximidades de forma segura y cómoda.

La mayor parte del gran patrimonio histórico conocido con el tiempo ha ido amoldándose a estos requisitos, o en todo caso ha influido en la construcción de alojamientos y carreteras en su proximidad. Fijaros si no en la transformación del entorno próximo a las pirámides de Guiza entre comienzos del s. XX y la actualidad (la zona ha sido casi engullida como un barrio periférico de El Cairo).
        




                       
Pero no siempre esas condiciones se cumplen. Afortunadamente por todo el mundo sobreviven todavía algunos restos del pasado mayormente desconocidos para el gran público debido a que han sido descubiertos en épocas recientes, o se encuentran en lugares adecuadamente aislados de los circuitos turísticos tradicionales, en medio de selvas, montañas mal comunicadas, o bien en zonas de conflicto. Por ejemplo, es mucho más fácil contemplar pinturas rupestres en la cornisa cantábrica o el Sur de Francia que desplazarse a la amazonía colombiana donde en la sierra de Chiribiquete se han encontrado más de 30 murales con dibujos y pictogramas que en algunos casos se remontan a hace más de 15.000 años de antigüedad. También es más cómodo visitar restos romanos en Italia o España que viajar a examinar las por demás espléndidas ruinas de Leptis Magna en Libia u otros excelentes restos dispersos por Argelia. De la misma forma resulta mucho más sencillo darse una vuelta por el románico catalán o visitando catedrales en Francia que inspeccionando los igualmente interesantísimos templos medievales de Georgia (foto de más abajo), Armenia, Moldavia, Kosovo, o el Monasterio de Santa Caterina en pleno desierto del Sinaí.

       

Otro ejemplo de lo que digo lo encontramos en Stonehenge, probablemente el monumento megalítico más famoso del mundo, que lo es por su interés arqueológico pero también por encontrarse al Sur de las islas británicas en una zona particularmente accesible.

Por el contrario a lo largo del Mediterráneo o la fachada atlántica existen otros sitios de un valor quizás similar, o solo un poco menor, que apenas resultan conocidos al ubicarse en zonas mucho peor comunicadas. Caso del anillo de Brodgar en las islas Orcadas, o sobre todo la inmensa acumulación de menhires en Menec, Kermario y Kerlescan, así como algunos dólmenes y túmulos como el de Kercado, todo ello en un pequeño espacio en torno a la zona de Carnac, en la Bretaña francesa.

     

De hecho no se si lo sabéis, pero uno de los países del mundo donde se conservan más restos de dólmenes es... Corea del Sur (en los emplazamientos de Gochang, Hwansun y Ganghwa), en su caso ejemplos de una cultura megalítica del primer milenio antes de nuestra era, un poco más tardía que el megalitismo europeo aunque parecida en lo arquitectónico, con la ventaja de que sus restos se encuentran en bastante buen estado de conservación. 

   Por tanto, además de estar adecuadamente ubicado, cuenta mucho asimismo la capacidad de un lugar para penetrar en la cultura de masas contemporánea y hacerse popular. Por ejemplo cuando pensamos en Transilvania resultan mucho más conocidos el imaginario Conde Drácula y toda la parafernalia de sitios tramposamente relacionados con el mito (cuya escasa base histórica en todo caso se circunscribe a la zona de Valaquia y no a la Transilvania novelesca) que el pintoresco catálogo de iglesias de madera de época moderna ubicadas en la zona de Maramures, mucho más interesantes desde el punto de vista histórico propiamente dicho.

                                     

Un poco más al sur, en el caso griego el patrimonio de época clásica o minoica es bastante más conocido que sus templos ortodoxos de época medieval, algunos construidos en lo alto de formaciones rocosas escarpadas, como es el caso de los famosos monasterios de Meteora. 

           

  De hecho este monasterio ortodoxo de más abajo, Sumela, no se haya siquiera en Grecia sino en las montañas pónticas, en Turquía, constituyendo un semioculto recordatorio del pasado bizantino de la zona. 

            

   Por todo ello voy a ir desgranando a continuación una pequeña lista de lugares históricos o sitios arqueológicos potencialmente interesantes, pero que no son demasiado conocidos o al menos no resultan demasiado concurridos. 

Es el caso de Bandiagara una aldea construida en la base de un gran precipicio y en cierta forma parecida a las construcciones de los indios Anasazi norteamericanos. En realidad se encuentra en Mali y es una herencia de cultura Dogón, pueblo instalado en la zona a partir del s. XIV.

       

    En Marruecos, cerca de Marrakech, se encuentran los restos de la ciudad fortaleza de Aït Benhaddou, en su día emplazamiento estratégico para el control de las rutas caravaneras que partían desde la zona hacia el corazón de África a través del Sáhara.

            

De Perú nos suenan las líneas de Nazca y sobre todo los restos del periodo incaico, especialmente Machu Picchu (o su hermano pequeño Choquequirao)

                              

   pero en general el país es riquísimo en cuanto a yacimientos precolombinos de gran valor, si bien no tan estudiados y eficientemente publicitados como los anteriores. Por ejemplo las ruinas de Caral o los restos de las Huacas del Sol y de la Luna pertenecientes a la cultura mochica (ss. II-VIII). En cuanto a este último caso, los edificios del lugar durante su momento de esplendor (una especie de Teotihuacan sudamericano) consistían en una pirámide escalonada de unos 43 metros de altura con 5 grandes terrazas, la mayor de ochenta metros de longitud, sobre unas bases de 228 de largo por 136 de ancho y la plataforma de 18 metros de altura, coronada a su vez por una pirámide de 23 metros de alto y una base cuadrangular de 103 metros de lado. Y todo ello a medio kilómetro de otra pirámide en este caso de 87 metros de lado y una altura de 21 metros. Sin duda el conjunto formaba una de las mayores estructuras precolombinas jamás construidas en América del Sur, hoy en su mayor parte perdida debido a que en el s. XVII los colonos hispanos redirigieron las aguas de un río cercano para practicar una suerte de “ruina montium” en aras de ver si encontraban oro entre los cimientos de aquellas inmensas ruinas. 

     
     

En Guatemala el emplazamiento maya más conocido es el de Tikal pero en la selva, tras cinco días de caminata, aguarda semioculto el conjunto de El Mirador, abundante en ruinas de construcciones prehispanas. Entre ellas destacan los restos de dos enormes pirámides. La de El Tigre de 55 metros de altura y sobre todo la Gran Pirámide de La Danta de 72 metros de altura, la cual hoy en día se halla en gran medida oculta por un manto de tierra y vegetación. Eso mismo ocurre con otras inmensas pirámides semidesconocidas ubicadas en los sitios de Calakmul y Toniná en México que también se encuentran entre las mayores construcciones piramidales del mundo precolombino, pese a lo cual apenas han sido estudiadas o visitadas por curiosos.

      
       
       

En el Khuzestan iraní podemos contemplar todavía los restos de uno de los pocos zigurats existentes fuera de Mesopotamia (y después de los destrozos sufridos por Irak a manos de los estadounidenses, yihadistas y similares, podría decirse que uno de los escasos supervivientes… en general). Me refiero a las ruinas de Chogha Zanbil, de más de 3.200 años de antigüedad y provenientes de la cultura Elamita.

       

Y ya que estamos en Irán podemos hacer una visita al conjunto de tumbas aqueménidas excavadas en roca de Naqsh-e Rustam, un lugar que también posee raíces elamitas.

       

Si queremos más construcciones en roca podemos dejarnos caer también por el desierto de Arabia donde se ubican diversos restos preislámicos de época nabatea. A destacar Mada´in Saleh, un lugar con grandes parecidos a Petra pero mucho menos célebre.

       
       
Ya puestos podemos aprovechar nuestra visita a Oriente Medio para visitar ruinas de época parta, como la ciudad de Hatra en el Norte de Irak, los remanentes del templo zoroastriano de Takht Bhai en pleno Pakistán, o los restos de las fortificaciones de Nisa en Turkmenistán.

       

Asimismo podemos intentar darnos una vuelta por la Toledo de la zona, la ciudadela de Erbil, en el Kurdistán iraquí, habitada de forma continua desde hace más de 4.000 años y rica en vestigios de las múltiples culturas que se fueron sucediendo sobre el terreno. 

       

En plena Siberia, cerca de la frontera con Mongolia, a 2.300 metros sobre el nivel del mar y en medio de una isla del lago Tere-Khol, el cual se hiela por las bajas temperaturas en invierno, se encuentran las ruinas de Por-Bazhyn, una especie de ¿fortaleza/monasterio/observatorio? construido por los uigures a mediados del s. VIII y abandonado durante la centuria posterior debido al declive de la dinastía gobernante y a los efectos de fuertes terremotos registrados en la zona.

        
       

Descendiendo hasta el Sur sería conveniente dar un vistazo a algunos de los impresionantes monasterios de Bhutan. Como este de Taktsang Palphug construido a finales del s. XVII. 

            
            

   Ya en la India sería una pena perderse la posibilidad de visitar una vez más algo de arquitectura en roca haciendo una visita a Ellora. Un lugar con 34 templos budistas, hinduistas y jainistas tallados en la piedra, en cierta forma parecidos a las muchísimo más famosas iglesias de Lalibela en Etiopía.

        
         

Sin salir de la India podemos tal vez nos apetezca darnos una vuelta por el impresionante templo jainista de Ranakpur o el templo tamil de Meenakshi. Luego de eso podemos también inspeccionar algún conjunto de pozos y espectaculares estanques escalonados hundidos en el subsuelo, muy habituales entre las culturas de la zona indostánica en el pasado y previstos para acumular aguas de lluvia durante los monzones. Gracias al cine resulta muy conocido el sitio de Chand Baori usado como localización de multitud de películas (The Fall, The Dark Night Rises, etc.). 

       

 Pero en realidad por todo el país se encuentran diseminadas muchas otras estructuras parecidas o, de hecho, bastante más espectaculares y de mayor valor arquitectónico. Por ejemplo el sitio de Rani ki vav, construido en el s. XI y ubicado en la región de Gujarat.

         
         

Y ya para acabar la visita a la región acerquémonos a Sigiriya, en la isla de Sri Lanka, donde en lo alto de una formación rocosa se conservan los restos de una construcción palacial del s. V luego reconvertido a monasterio budista. En el área se acumulan también pinturas al fresco, esculturas talladas en la roca, así como jardines y piscinas de época medieval.

         
              
         

En cuanto al SE asiático sería una pena emplear todo el tiempo en visitar los muy conocidos sitios de Angkor Vat o Ayutthaya y perderse otros lugares igual o más interesantes. A destacar Bagan, en Myanmar (país actualmente bajo el control de una opresiva dictadura militar), allí aun pueden verse en una llanura junto al río Irrawadi más de 2.000 templos y pagodas budistas construidas en torno a los ss. XI-XIII por el poderoso reino de Pagan. 

             
             
           

   En menor medida también merecerían una visita los restos de Preah Vihear, un emblemático templo hindú de época Khmer (ss. IX-XIV) ubicado en una elevación en disputa entre Tailandia y Camboya.

         

Y una mención especial para el conjunto de templos budistas de Borobudur, del s. IX, ubicados en la isla indonesia de Java.


Si luego ascendemos hasta China podemos visitar Maijishan, una escarpada colina donde hay cientos de cuevas excavadas en la roca así como miles de esculturas y relieves budistas grabados en ella. 



    También en el Norte de China, pero más al Este, se ubica el emplazamiento de Putuo Zongcheng, otro templo budista construido en este caso durante la segunda mitad del s. XVIII imitando al Potala de Lhasa aunque a través de una curiosa fusión de elementos arquitectónicos tibetanos y chinos. 


Y saltando al cercano Japón se impone una visita a las aldeas tradicionales de Gokayama y Shirakawa go donde se conservan abundantes ejemplos de minka, casas campesinas tradicionales.    


2 comentarios:

  1. Magnífico, no conocía ni las mitad de los lugares que documentas. En el caso de mi vecino Perú, a todo el mundo le suelo decir que se olvide Machu Pichu (invadido de mochileros) y que visite otros sitios ya que Perú lo merece. Una de las recomendaciones que hago es Choquequirao.
    Saludos desde Chile

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