miércoles, 24 de junio de 2015

Paella de Valencia (Is the real thing)


Escúchame Truman... Ahí fuera no hay más verdad que la que hay en el mundo que he creado para ti.

Ed Harris en “El Show de Truman”


                                        



Durante los últimos meses se ha producido bastante revuelo mediático en torno a la amenaza que el Estado Islámico supone para el Patrimonio Histórico de algunas zonas en Oriente Medio. En base a ello me he decidido a realizar una entrada sobre un tema que ya he tratado con anterioridad en este blog y sobre el que en su momento prometí volver a hablar.

Básicamente voy a dedicarme a poner en contexto (que no minimizar) la relativa amenaza que los radicales islámicos suponen para el Patrimonio Histórico del planeta, en la medida en que durante el último siglo y medio los principales agentes de destrucción del patrimonio han sido otros.

Me refiero por un lado a procesos impersonales ligados inexcusablemente a la modernidad, caso de la industrialización, el imparable crecimiento urbano de las ciudades (el mundo globalizado es el primer momento de la historia de la Humanidad en que la mayor parte de la población vive en ciudades y no en hábitats rurales) o la construcción masiva de redes de comunicaciones. Es algo inevitable, nuestras sociedades de rascacielos, aluminio, acero, hormigón, carreteras asfaltadas, ferrocarriles y CO2 conviven muy mal no solo con los entornos naturales sino con los restos de sociedades pretéritas basadas en la piedra y la madera.

Por otra parte la guerra moderna en particular se ha convertido en una actividad dotada de una capacidad de destrucción jamás vista, lo cual ha afectado en gran medida la posibilidad de que los restos del pasado sobrevivan a los conflictos que desencadenamos hoy en día. Es algo que siempre ha ocurrido, pero el fuego y las espadas de tiempos pasados no pueden rivalizar con las bombas de fragmentación y los misiles balísticos de nuestro tiempo.

No obstante, a ese respecto hay que anotar una cuestión paradójica. Durante estos últimos siglos los agentes de destrucción más activos del patrimonio histórico a lo largo y ancho del orbe terráqueo no han sido ni de lejos las teocracias fanáticas o las dictaduras tercermundistas. Ese tipo de entidades también han sembrado el caos y la destrucción, por supuesto, pero se han visto limitadas por sus bajos niveles de eficiencia y tecnología. En otras palabras, a esas instituciones les gustaría causar enormes estragos, pero habitualmente carecen de los medios para hacerlo verdaderamente a gran escala y a su total satisfacción. Por ello los grandes heraldos de la devastación, los agentes del caos más productivos en el último siglo y medio, han sido precisamente diversos países occidentales muchos de ellos progresistas democracias la cuales llevan arrasando el planeta, en base a las mejores intenciones claro está, más o menos desde la época del colonialismo decimonónico. 

Por todo ello y otra serie de cuestiones eso que llamamos llamamos Patrimonio Histórico ha entrado dentro del mundo contemporáneo en un bucle infinito de demolición y reconstrucción tras el cual en la mayoría de los casos realmente ya no estamos ante material histórico auténtico sino ante réplicas de hormigón y ladrillo cuya finalidad esencial es generar dinero a través del turismo o bien servir a intereses nacionalistas.

Dado que lo normal es que reaccionéis con reservas ante este tipo de ideas, porque mi planteamiento es deliberadamente polémico, voy a argumentar lo que digo a través de una entrada larga, pero muy visual, donde más que hablar me voy a dedicar sobre todo a mostraros imágenes, muchas imágenes, en parte sacadas de mi pequeño proyecto de mapear el mundo durante el s. XIX, antes de que todo se fuese por la borda, para que así juzguéis por vosotros mismos si tengo algo de razón (aunque sea solo una poca) o no.

En todo caso antes de meterme verdaderamente en faena voy a matizar un poco el punto de partida poniendo algunos ejemplos actuales de lo que voy a hablar después más en profundidad. 

De cómo están las cosas, amigos.

Mes Aynak es un lugar montañoso en Afganistán que en las últimas décadas ha estado la mayoría del tiempo controlado por los talibanes. En la zona se superponen los restos de un emplazamiento budista de hace dos milenios con remanentes de los primeros momentos de la introducción de los metales en la zona hace más de 4.000 años. Por todo ello es un sitio arqueológico muy interesante que contiene entre otras cosas docenas de restos budistas y estatuas en cierta forma similares a las destruidas por los talibanes en Bamiyán, durante el año 2001.

Milagrosamente el sitio sobrevivió intacto a la opresión talibán pero en el año 2007, tras ser liberada la región, el gobierno afgano democrático, bajo supervisión estadounidense, no tardó en vender los derechos sobre las tierras del lugar a una importante compañía minera china. Y es que justo debajo de las ruinas que he mencionado existe un fabuloso depósito de cobre, uno de los mayores de Asia Central. Su explotación va a implicar en las próximas décadas la total destrucción de todo el patrimonio histórico de la zona, la cual en todo caso va a quedar profundamente contaminada por los residuos tóxicos producto de explotación. Hay muchos miles de millones de dólares en juego.

Viajemos ahora a Oriente Medio. ¿Saben ustedes que fuerza militar ha sido la más eficiente y sistemática destruyendo edificios históricos en la zona?: el Tzahal. Las Fuerzas Armadas israelíes.

Por ejemplo, será mala suerte pero durante la llamada Segunda Intifada dos tercios de los 310 edificios de la ciudad palestina de Nablus (una de las pocas importantes en Cisjordania) que fueron alcanzados por disparos de artillería israelíes estaban catalogados como históricos, perteneciendo la mayoría a la época otomana.

Por si fuera poco en la reciente operación contra Gaza cayó gran parte del poco patrimonio histórico presentable que les restaba a los palestinos. A destacar las mezquitas de Omari, del s. VII y añadidos del XIV, destrozada por un misil; y la de Al Mahkamah, del siglo XV, uno de los principales ejemplos de arquitectura mameluca en la zona.

Obviamente esta no es una historia de buenos y malos sino de malos y peores. Por ejemplo los restos del puerto de Anthedon, de 3.000 años de antigüedad, fueron arrasados hace un par de años por los idiotas de Hamás en aras de construir en la zona un campo de entrenamiento militar.

En realidad la única diferencia entre ambos bandos (las fuerzas de la luz, la libertad y la bondad por un lado; frente a los fanáticos del eje del mal por el otro) estriba en realidad en los niveles de organización y eficiencia de cada uno. En el caso que nos ocupa mientras los palestinos destruyen poco y mal, más por arrebatos vengativos que siguiendo un plan racional perfectamente orquestado, Israel en cambio sigue desde hace décadas un plan diríase que muy bien organizado de cara a excavar sistemáticamente y luego “restaurar” cada piedra de la zona que retrotraiga a la época judía. En base a ello todo resto que remotamente pueda relacionarse con David, Salomón, los Jueces o algo parecido es cuidadosamente excavado y protegido. Por oposición los edificios islámicos de la región sufren frente a los tanques, la artillería y las excavadoras hebreas dos tipos de destinos. Los más importantes y conocidos, ubicados esencialmente en Jerusalén, son respetados ya que causarles daños produciría un enorme impacto mediático y diplomático. Por oposición a lo anterior los edificios históricos de importancia secundaria, ubicados a lo largo del resto del territorio, sospechosamente caen uno tras otro ante nuevas construcciones llevadas a cabo por colonos, o fatalmente reciben disparos de tanque o impactos de misil en cada nueva escaramuza militar.

En el caso de lo ocurrido en otras zonas de Oriente Medio la situación es parecida. La mayor pérdida de patrimonio ocurrida durante los últimos siglos en la región no tiene que ver con las últimas salvajadas del Estado Islámico (aunque están trabajando en ello) sino que ocurrió durante la Guerra de Irak y tuvo como causante al civilizado Ejército de los Estados Unidos. El cual por ejemplo construyó un helipuerto sobre las ruinas de la antigua Babilonia y una base militar sobre las de Ur. A la vez que por desidia -real o fingida- la mayor parte de las piezas con alto valor arqueológico guarnecidas en los museos de la zona acabaron durante la ocupación pasando a manos del lucrativo mercado negro.

Con estos comentarios, insisto, no quiero justificar las barbaridades llevadas a cabo por los salvajes del Estado islámico o sus fobias teológicas a determinados estilos artísticos. Solo pongo en contexto la estupidez de dibujar estas cuestiones en términos de una simplista oposición entre el bien (nosotros) y el mal (ellos), como hacen muchos medios de comunicación.

Por otra parte, la otra idea que voy a manejar hoy es que, al margen de estos temas polémicos, el proceso de destrucción de patrimonio es algo prácticamente inexorable a estas alturas, simplemente no apreciamos su gravedad debido a la continua pero un tanto fraudulenta “restauración” de patrimonio histórico que llevan a cabo todos los países que pueden permitírsela. Mirad la siguiente imagen.

            

Así era Arg-e Bam, una de las mayores construcciones en adobe del planeta (visualmente quizás a alguno le suenen al haber sido escenario de El desierto de los tártaros la icónica película rodada en los años 70). Construida en época Aqueménida, en torno al s. V antes de nuestra era, más de un milenio después se vio enriquecida arquitectónicamente durante la época de auge de la Ruta de la Seda, por todo lo cual los restos de esta ciudadela ubicada en Irán estaban reconocidos como Patrimonio de la Humanidad cuando fueron reducidos a cascotes debido a un terremoto ocurrido en el año 2003.

           

Afortunadamente, como he mencionado, este tipo de cosas no representan ningún problema ya que en nuestra época cuando algo es destruido simplemente se “restaura”, lo cual quiere decir en este caso que se reconstruye el sitio como si nada hubiese ocurrido (la restauración se va a prolongar todavía durante algunos años) y a otra cosa.

           

Esto es algo más habitual de lo que parece. Por ejemplo, así que me venga a la cabeza, prácticamente toda la ciudad “vieja” de Varsovia que se puede ver hoy en día...

           

  ...en realidad es producto de un reconstrucción (tras haber sido arrasada a conciencia durante la II Guerra Mundial) usando para ello –ya puestos- fotografías del s. XIX y hermosos cuadros paisajistas de Bernardo Bellotto, un pintor italiano del s. XVIII.

           

Algo parecido a lo que ocurrió en la ciudad de Gdansk (Dantzig), también casi destruida durante la guerra y reconstruida durante los años 50 y 60. Reconstruida, además, bajo directrices políticas y nacionalistas que llevaron a eliminar los restos de la herencia histórica germana en la zona para sustituirlos por edificios “históricos” construidos en realidad imitando arquitectura antigua de Flandes e Italia.

   Y esa es otra constante a la que voy a acudir varias veces a lo largo de esta entrada. Dado que la mayor parte del público no es jamás informado de estos hechos hoy en día vivimos satisfactoriamente engañados en un mundo de decorados prefabricados para los turistas pero cuyos materiales y configuración en raras ocasiones poseen realmente antigüedades superiores a los cien años.

Este de más abajo es el llamado Puente Viejo  de la ciudad de Mostar en territorio de la antigua Yugoslavia. 

          

   La fotografía, por cierto, es más antigua de lo que parece. La tomó, antes de la I Guerra Mundial, Auguste Leon, uno de los fotógrafos que recorrieron el mundo al servicio de Albert Kahn y cuyo material me gusta atesorar. 

Pues bien. Dicho puente fue cuidadosamente reducido a polvo a finales de 1993. Como se puede ver en este vídeo.  

                                    

Los causantes no fueron los malvados serbios sino los buenos y generosos croatas pertrechados con suministros militares alemanes. Pero eso es un detalle. En 2004 el puente simplemente fue reconstruido y al año siguiente se lo nombró Patrimonio de la Humanidad. Mirad que bonito y turístico se ve hoy en día.

         

En la zona también ha sido reconstruida hace poco, en gran medida gracias a dinero procedente del emirato de Qatar, la Biblioteca de Sarajevo destruida a finales de agosto de 1992, en esta ocasión sí, por obra y gracia de los serbios. El edificio en sí personalmente considero que no poseía el valor arquitectónico que luego se le atribuyó, pero en el transcurso del bombardeo al que lo sometió la artillería serbia se perdieron miles de libros de gran valor.

Lo hermoso de esta historia es que el instigador de la acción, perfectamente premeditada por otra parte (no fue un error de tiro sino un bombardeo a conciencia) se llamaba Nikola Koljevic (el inofensivo anciano que se ve en la foto adjunta) el cual trabajaba de profesor de Literatura antes de estallar la guerra. Luego mutó en ultranacionalista recalcitrante y le dio por arrasar el patrimonio histórico de los enemigos de la Gran Serbia.

Como ya he dicho en otras ocasiones la Historia no es un relato moralizante y ordenado sino una pocilga caótica. Por ello los restos del pasado que hoy podemos contemplar son en el mejor de los casos una muestra de esa incómoda y desconcertante verdad.

Pensemos en un recinto tan emblemático para la cultura occidental como la Acrópolis de Atenas. En el siglo primero antes de nuestra era algunos de sus edificios sufrieron un incendio. Luego durante el Bajo Imperio y la época bizantina varios entre ellos fueron reconvertidos en iglesias, derribándose muros y columnas para ello. En época otomana los turcos convirtieron el conjunto en vivienda para el comandante de la guarnición de la ciudad quien reformó varios de los edificios para ubicar su harén e instaló también un polvorín en la zona, lo cual causó grandes daños, sobre todo tras volar por los aires cuando los venecianos bombardearon el conjunto a finales del s. XVII dejándolo medio arrasado.

Lo que quedaba fue nuevamente semidestruido durante la Guerra de Independencia griega, antes de la cual el cónsul británico en la zona, Lord Elgin, había arramblado con todas las esculturas y mármoles que pudo. 

              

Décadas después llegó el momento de las “restauraciones” contemporáneas. Una a comienzos del s. XX y otra en los años 30, estas dos últimas bastante discutibles al emplear cemento y hierro para unir piezas y muros, otra en los años 80 y luego algunos retoques hace poco, entre otras cosas para incrustar titanio en el templo de Atenea Niké. Por todo lo cual y pese a las mejores intenciones de sus conservadores aquello que se puede ver hoy en día en ese emblemático lugar no deja de ser el híbrido bastardo y mutante de todo el desarrollo anterior. 

  Sirva el siguiente como ejemplo de lo que supusieron para el conjunto ese tipo de esfuerzos reconstructivos. Este es el Odeón de Herodes Ático (ubicado al lado de la Acrópolis pero mucho menos "trajinado" por la Historia) antes de su reconstrucción.

           

   Así es ahora. 

                         

Nacionalismo e historicismo. La era de las restauraciones.

Bajo estas líneas se puede ver la imagen actual del castillo teutónico de Malbork/Marienburg en Polonia. Cuando la UNESCO lo designó Patrimonio de la Humanidad en 1997 lo hizo considerándolo un ejemplo clásico de arquitectura medieval en la región. Mirad qué bonito es. 

         

   Así que supongo que el haber sido completamente destruido durante la II Guerra Mundial no tiene mayor importancia. 

         
   

Por ello lo que se ve ahora es una mera re-construcción realizada a mediados del s. XX en base a viejos planos y fotografías de finales del s. XIX.

    

De hecho en lo tocante a castillos europeos en general y a patrimonio histórico de cuño alemán en particular ese tipo de situaciones son comunes. La mayor parte de lo que los turistas pueden visitar hoy en día en este último país es en realidad el producto de reconstrucciones de ruinas llevadas a cabo a lo largo del s. XIX normalmente de forma un tanto entusiasta en base al espíritu romántico de la época. A fin de cuentas las tierras teutónicas fueron saqueadas a conciencia por las incursiones de francos y húngaros durante la Alta Edad Media y sobre todo más adelante durante la Guerra de los Treinta Años en el s. XVII. También sufrieron bastante durante la Guerra de los Siete años y durante las campañas napoleónicas. Por otro lado las grandes edificaciones que se salvaron de lo anterior corresponden en muchos casos a otro tipo de reconstrucciones, un poco más profesionales pero quizás demasiado voluntariosas, llevadas a cabo en este caso durante la segunda mitad del s. XX, justo después de que la mayor parte de la zona en cuestión fuese arrasada por los soviéticos, la aviación británica o los tanques estadounidenses, durante la II Guerra Mundial.

Este es el castillo de Stolzenfels. 

         

   Se supone que es del s. XIII y como tal ha sido considerado Patrimonio de la Humanidad, en su caso formando conjunto con otra serie de castillos de la ribera del Rhin en la zona del Palatinado. Desgraciadamente la fortaleza de Stolzenfels como tal fue destruida en el s. XVII y solo revivió como el monstruo neogótico que se aprecia en la foto durante los años 40 del s. XIX. En concreto fue reinaugurado en 1842 por el rey de Prusia rodeado de cortesanos ataviados con disfraces medievales, anécdota que dice mucho sobre el sentido de la mayor parte de estos procesos de “restauración” impulsados por el nacionalismo más rancio.

En realidad de todos los castillos de la zona, unos 40, solo el castillo de Marksburg no ha sido destruido totalmente en algún momento de la historia. Lo cual solo quiere decir eso, o sea que no ha sido totalmente destruido, en su caso gracias a que la artillería estadounidense que lo machacó en marzo del 45 no logró derruirlo del todo. Hoy está como nuevo, faltaría más.

         

Este de más abajo es el castillo de Wartburg, también Patrimonio de la Humanidad ya que según la tradición Lutero tradujo allí el Nuevo Testamento al idioma alemán. Por supuesto lo que vemos es el producto de una laboriosa reconstrucción llevada a cabo durante varias décadas del s. XIX, entre 1840 y 1880, a manos del arquitecto Hugo von Ritgen.

         

Curiosamente el castillo de Heidelberg, destruido varias veces durante los siglos XVII y XVIII, y luego objeto entre 1897 y 1900 de una restauración mucho más respetuosa que las de todos los anteriores, ya que durante la misma no se añadieron o reconstruyeron elementos previamente destruidos, es el único de todos estos que no es Patrimonio de la Humanidad. Quizás debido a que no luce tan bonito.

        

Como digo toda la zona de Centroeuropa y Polonia sigue la misma dinámica. Este es el castillo de Konopiste en Chequia, producto esencialmente de una reconstrucción a gran escala llevada a cabo entre 1889 y 1894.

        

  Este es el castillo de Trencín en Eslovaquia. 

                   

   Quedó arrasado por un incendio en 1790 y solo fue reconstruido un siglo más tarde. Luego en los años 50 del s. XX en base a postulados nacionalistas fue reconstruido una vez más. Antes de comenzar esa secuencia se encontraba así:

                  

También por ejemplo el castillo de Liechtenstein en Austria, tal y como puede ser contemplado en la actualidad, es meramente el producto de una reconstrucción llevada a cabo en 1884. Y esto que es común en el caso de Europa central ocurre asimismo de forma marginal en otras zonas. Caso del castillo de Coca en España resultado de una reconstrucción a fondo llevada a cabo entre 1956 y 1958.

        

Pese a ello todos los castillos citados y alguno más de signo parecido gozan de docenas de miles o cientos de miles de visitantes al año que en su mayoría se maravillan de contemplar arquitectura "medieval". 

   Y no solo "medieval". Este es Bourtange, un pueblo holandés próximo a la frontera con Alemania que junto con el sitio de Naarden se vanagloria de mostrar uno de los mejores ejemplos que se pueden contemplar en la actualidad de fortificación de "traza italiana" (típica de los ss. XVI y XVII). Lástima que casi todo lo que se pueda ver allí hoy sea producto de una reconstrucción llevada a cabo en 1967, imitando unos planos del s. XVIII, ya que las auténticas fortificaciones de traza italiana del lugar fueron destruidas en el s. XIX. 



   En cuanto al Este de Europa lo explicado en los párrafos anteriores ocurre mucho especialmente en el caso de edificios religiosos. Este de más abajo es el complejo de iglesias de Kizhi Pogost en la frontera rusa con Finlandia. Las edificaciones de madera, supuestamente de finales del s. XVII y principios del XVIII, en realidad deben su configuración definitiva a un conjunto de reconstrucciones realizadas durante el s. XIX así como diversas restauraciones posteriores llevadas a cabo a mediados del s. XX. 

       

    Por su parte la abadía benedictina de Pannonhalma en Hungría, construida a finales del s. X, es uno de los edificios más "viejos del país", aunque en realidad debe su aspecto actual a diversas restauraciones, sobre todo una en particular llevada a cabo en 1995 por razones nacionalistas con vistas a preparar los "mil años de la nación húngara".

       

    Un caso parecido al del monasterio ortodoxo de San Ivan de Rila en Bulgaria, fundado en el s. X fue destruido por el fuego en 1833 con lo que su forma presente procede de la reconstrucción llevada a cabo a mediados de dicha centuria. 

       

    De todas formas lo más común, sobre todo en el caso de palacios y edificios religiosos, no es algo tan extremo. Lo habitual suele ser más bien la conservación de restos de forma convencional y un poco a fuerza de improvisaciones. Precisamente debido a ello las edificaciones en cuestión acaban constituidas por una mezcla de elementos superpuestos procedentes de distintas épocas, lo cuales el público interpreta como un todo atribuyendo al conjunto en pleno la antigüedad de los elementos más viejos dentro del mismo. Por ejemplo esta es la fachada de la Basílica de Santa María del Fiore en Florencia, conocida por su magnífica cúpula medieval obra de Brunelleschi. 

      
             

    Sin embargo la fachada que vemos es íntegramente producto de obras llevadas a cabo entre 1876 y 1887; a manos de Emilio de Fabris hasta 1883 y luego por parte de diversos operarios a la muerte de aquel. 

El país de corchopán.

Voy a detenerme en el caso alemán porque resulta muy ilustrativo sobre todo respecto al impacto de las Guerras Mundiales en el patrimonio europeo. Algo en lo que voy a extenderme durante un rato.

   Esto era Colonia en 1944.

    

 Y esto Monchengladbach a finales de 1945.

        

     Dresde en 1945. 


    Esta era su emblemática Frauenkirche (una iglesia luterana del Barroco) tras los bombardeos aliados. 


   Y esta es ahora tras la reconstrucción que le hicieron entre 1995 y 2005. 


      Estos son los restos de la antigua casa de Alberto Durero en Nuremberg al final de la II Guerra Mundial. 

                 

   Y este es el mismo edificio en la actualidad, tras ser restaurado a principios de los años 50. 

                                 

   El proceso anterior es el que da sentido a un porcentaje sustancial del "Patrimonio Histórico" alemán en la actualidad. Aquí o aquí se pueden ver películas en color de cómo era antes. Pues bien esto es Berlín en 1945, al final de la II Guerra Mundial. 


     Esto son la ópera, el Museo de Pérgamo, la Catedral y otros edificios. 


   La Catedral de cerca.

   
   Y el Reichstag. 


   Desde entonces todo ese conjunto ha sido restaurado. En muchos casos a partir de los años 80 y 90, como es el caso de la Catedral y el Reichstag. 

                          
            

Yo te doy cremita, tú me das cremita. 

El proceso anterior se puede apreciar a lo largo de casi todos los países que han participado en algún gran conflicto desde principios del s. XX en adelante y consiguientemente han padecido la capacidad destructiva de la aviación o la artillería contemporáneas. El problema es que son muchos. 

En Italia durante la II Guerra Mundial la trifulca entre aliados y nazis casi puede seguirse por la lista de destrucciones, un porcentaje de las cuales luego han podido ser “restauradas”. Desde la mayoría de los puentes medievales de Florencia (con la remarcable excepción del Ponte Vecchio) a los barcos romanos del lago Nemi, calcinados para siempre junto al museo que los albergaba en mayo del año 44. Todo ello incluyendo, por supuesto, al histórico monasterio de Monte Cassino. Aquí debajo se puede ver como quedó la zona tras recibir algo más de 1.000 toneladas de bombas incendiarias lanzadas por bombarderos estadounidenses. 


   Aquí sin embargo vemos su impecable aspecto actual una vez "restaurado". 



¿Y al resto de la Europa combatiente como le fue?. Pues parecido. Esto de más agajo es Londres después de los bombardeos nazis los cuales afectaron de un modo u otro a casi todos los edificios emblemáticos de la ciudad, incluido el palacio de Buckingham. 

               

   Este es el aspecto de la emblemática Cámara de los Comunes en mayo del 41. 

                                    
                           
                 
   De ciudades como Coventry mejor ni hablo.

En lo tocante a otros países del entorno. Esto es la Iglesia de San Eusebio en Arnhem, Holanda. En realidad la estructura actual es de los años 50, la anterior, una enorme Iglesia gótica del s. XV, fue quemada por completo durante la operación Market Garden tras lo cual la torre se derrumbó también.

                                  

Esta es la abadía de Middelburg construida en torno al año 1300. Reconstruida después de que la Luftwaffe la machacase en 1940.

                

Pese a todo en general la zona de Francia y del Benelux aguantó bastante bien para lo que podría haber sido y eso que en por ejemplo en lo tocante a Francia durante las guerras mundiales bastante más de medio millar de monumentos históricos resultaron dañados en distinto grado. 

                

   Entre ellos quizás el emblema histórico más afectado fue la catedral de Reims, la cual resultó alcanzada por las bombas lanzadas por la aviación nazi justo cuando hacía poco que había concluido la restauración (llevada a cabo por Henri Deneux entre 1919 y 1938) de los gravísimos daños que el edificio había sufrido durante la Gran Guerra tras ser bombardeado a lo largo de septiembre de 1914. 

                
                

   También merece una mención la ciudad de Caen, rica en vestigios medievales (por ejemplo una Universidad del s. XV), que fue prácticamente arrasada por el bombardeo aliado durante el verano del año 44. Lo que hoy se puede ver en la misma es básicamente el producto de "restauraciones" llevadas a cabo entre 1948 y 1962. 

                

   En el caso de Bélgica los mayores daños los sufrió el país, más que durante las operaciones de la II Guerra Mundial, sobre todo durante la I Guerra Mundial y la llamada “violación de Bélgica” por parte de los alemanes. Por ejemplo, esta es la catedral de San Martín en Ypres, construida en los siglos XIII y XIV. 


Bueno, en realidad no. Junto con casi todo el resto de la ciudad resultó destruida por los alemanes durante la Gran Guerra. 


                
                
                
                

   Por ello el edificio que se puede contemplar hoy en día es en realidad una “reconstrucción” edificada completamente de nuevo entre 1922 y 1930. 

                 

   Aunque en el caso de Ypres la pérdida más significativa fue sin duda la Lonja de los Paños (citada frecuentemente en los manuales como uno de los mejores ejemplos de arquitectura gótica civil de la Edad Media), que fue prácticamente demolida por el impacto de proyectiles de artillería. 

                
                

  Por tanto el edificio que podemos contemplar hoy es en realidad producto de una reconstrucción llevada a cabo en los años 50 y primeros 60 por los arquitectos J. Coomans y P. A. Pauwels. 

                

   Desplacémonos un momento al Extremo Oriente, un caso que resulta muy interesante. Para empezar China y Japón sufren un problema de base como es la importancia de la construcción en madera en la región lo cual hace que, igual que en el caso escandinavo, en aquella zona del planeta resulten extremadamente raros los edificios de más de 500 años que han sobrevivido a la humedad y los incendios. Lo normal es que muchos templos y palacios “milenarios” sean, en el mejor de los casos, el producto de sucesivas reconstrucciones a lo largo de la historia, las cuales mantuvieron al menos un mismo emplazamiento y estructura de base para el edificio en cuestión. Este problema en el caso chino alcanza hasta a la Gran Muralla de tierra, barro y piedra, cuyos tramos más visitados son en realidad “restauraciones” llevadas a cabo en época bastante reciente sobre restos de época Ming (1368-1644). 

Pero sin duda el impacto mayor en el patrimonio lo han supuesto las guerras. Si bien China no salió demasiado mal parada de las sucesivas invasiones de pueblos bárbaros, procedentes de Mongolia y Manchuria, no tuvo tanta suerte cuando los civilizados japoneses la invadieron durante la II Guerra Mundial. Ni, previamente, cuando los aún más civilizados países occidentales se interesaron por ella a partir de mediados del s. XIX.

El ejemplo emblemático lo tenemos en el Antiguo Palacio de Verano o Yuanmingyuan, en esencia un amplio y variado conjunto de parques y mansiones situado a unos 8 kilómetros al Noroeste de la Ciudad Imperial en Beijing. Allí era donde en realidad residían la mayor parte del tiempo los emperadores de la dinastía Qing, mientras que la mucho más conocida "Ciudad Prohibida" era usada esencialmente para las ceremonias formales, recepciones de embajadores y ese tipo de actividades. Por todo ello la zona bien podría considerarse como una especie de Acrópolis, o de Alhambra china. Sin embargo el complejo fue totalmente destruido hasta los cimientos en 1860 a manos de los británicos durante la Segunda Guerra del Opio. No hay muchas imágenes de aquello salvo algunas tomadas, cómo no, por el gran amigo de este blog Felice Beato.
          
                              
                  
                  

   Por si hubiese sobrevivido algo la zona fue nuevamente arrasada en 1900, y esta vez no solo por británicos sino también por franceses o alemanes, en el contexto de los disturbios subsiguientes a la rebelión de los Boxers (esa que sirve como decorado de fondo en 55 días en Pekín). La cosa es grave porque, a diferencia de muchas construcciones europeas de la época, no se poseen planos o fotografías detalladas de cómo era exactamente el complejo palaciego antes de que las fuerzas occidentales lo saqueasen y calcinasen repetidamente. 

   Por todo ello la cuestión representa una herida histórica importante para los chinos. Tal es así que desde hace un siglo se han llevado labores de restauración, pero no sobre este complejo en concreto (dada la dificultad de tal proyecto) sino en otra zona próxima -y que lleva a confusión por el nombre- llamada Palacio de Verano a secas, o Yiheyuan. Las construcciones ubicadas allí también fueron dañadas por las expediciones de 1860 y 1900 pero sufrieron menos destrucciones, lo que ha facilitado las tareas de recuperación hasta el punto de haber sido nombrado este segundo conjunto como Patrimonio de la Humanidad en 1998 como forma de complacer un tanto al Gobierno chino ante la imposibilidad material, por ahora, de restaurar igualmente la zona del Antiguo Palacio. 

              

    No obstante el caso más preocupante es el de Japón.

Este es un mapa de los bombardeos estadounidenses durante la II Guerra Mundial incluyendo el porcentaje de cada ciudad que resultó arrasado por completo. Nótese que dicho porcentaje rara vez baja del 30 o el 40 por ciento.

             

Y eso contando solo con los bombardeos convencionales. Así quedó Tokio después de uno de ellos particularmente intenso y llevado a cabo con bombas incendiarias. 

            
            

  A lo anterior hay que sumar dos ciudades que resultaron arrasadas por completo mediante bombas nada convencionales. Aquí se puede apreciar en una detallada vista 3-D cómo quedó Hiroshima.

            

   Y aquí el estado de Nagasaki después de “aquello”.

       
            
            

Las consecuencias para Japón resultaron obvias: necesidad de “restaurar”, al estilo alemán, la mayor parte de los templos o teatros tradicionales ubicados en entornos urbanos, ya que buena parte de los mismos acabaron pulverizados o calcinados tras la campaña de bombardeos masivos aliada. De la propia cultura material mejor no hablamos, porque por entonces muchas artesanías y tesoros históricos japoneses acabaron destruidos o misteriosamente desaparecidos tras pasar a manos de las autoridades de ocupación, caso de la famosa espada de Honjo Masamune. 

   Este es el castillo de Hiroshima el cual, como podréis deducir, no es a prueba de bombas atómicas. Por tanto el edificio que se puede contemplar en la actualidad es una mera reconstrucción llevada a cabo a finales de los años 50 sobre los restos de la antigua fortaleza, la cual obviamente resultó destruida por efecto del ataque nuclear que arrasó la ciudad en agosto de 1945. 



   Debajo podemos ver el antes y el después del Templo Shitennoji en Osaka. Pienso que dicha secuencia ilustra más o menos el proceso seguido por muchos otros edificios japoneses emblemáticos. En el caso mencionado en concreto el edificio actual procede de una reconstrucción llevada a cabo durante los primeros años 60.


Un caso particular es el de Vietnam, país que también resultó arrasado por los estadounidenses, en este caso durante la famosa guerra del mismo nombre. Un ejemplo de los efectos de aquella contienda en la región se puede ver en el santuario hinduista de My Son, de época Champa, un sitio con potencial de Patrimonio de la Humanidad, que fue sometido a un bombardeo sistemático por parte de aviones B-52 estadounidenses durante agosto de 1969. 

              
  
    Me dejo para el final el Este de Europa. Como se puede uno imaginar esa amplia zona que experimentó lo peor de la II Guerra Mundial además de las guerras balcánicas o la Revolución y posterior Guerra Civil rusa, tiene muchas historias de saqueos y demoliciones que contar. El problema es que no hay demasiado material gráfico.

Esta es la Catedral Alexander Nevsky de Tbilisi, en Georgia, antes de que fuese demolida por orden de las autoridades rusas en 1930.

             

    Esta es otra catedral del mismo nombre pero ubicada en Baku, Azerbaijan, antes de que fuese demolida en 1937 por orden de Stalin. En la misma ciudad ya se había demolido la Catedral de San Tadeo en 1930.

                               
           

 Regresando brevemente a Tbilisi podemos visualizar un proceso de signo opuesto. Esto de debajo son los restos de la fortaleza medieval de Narikala. Desgraciadamente el templo que destaca en el centro del conjunto es una construcción ex-novo realizada a mediados de los años noventa para recrear de alguna manera una iglesia del s. XIII que se ubicó allí en el pasado pero había sido destruido por el fuego.  


           
           

   Esta es la voladura de la catedral de Cristo Salvador de Moscú llevada a cabo en 1931. Parte del mármol se aprovechó para decorar estaciones del Metro de Moscú y en la zona acabó construyéndose una piscina al aire libre.

           

Consiguientemente, esta es la reconstrucción de dicha catedral realizada en la década de los años 90 del siglo pasado.

           

Esta es una imagen de la reconstrucción de la Iglesia de San Pedro de Riga, en Letonia, destruida por fuego de artillería en junio de 1941 durante el avance alemán.

           

De hecho este es el aspecto de la ciudad en 1941. 



    Y más abajo podemos ver el aspecto actual de la llamada Casa de los Cabezas Negras, quizás el conjunto de edificios más emblemático de la ciudad. 



    Una especie de "guilda" del s. XIV que en realidad fue "restaurada" en el s. XIX, luego semidestruida por los alemanes en el verano del 41, y demolida definitivamente por los comunistas en el 48, solo para ser "reconstruida" nuevamente durante los años 90 del siglo pasado en base a postulados nacionalistas, poco después de la caída de la URSS y la independencia de Letonia. 

   Volviendo a Rusia, estas son algunas de las escasas imágenes (de mala calidad) que existen sobre la emblemática Cámara de Ámbar.

                                             
                                         

La misma desapareció durante la II Guerra Mundial en el transcurso de las operaciones en torno al brutal, monstruoso, horripilante, sitio de Leningrado (San Petersburgo).

            

Por tanto la versión que se puede contemplar en la actualidad data del año 2003 y fue elaborada, en el marco de la conmemoración del trescientos aniversario de la ciudad de San Petersburgo, gracias a la financiación de empresas gasísticas alemanas.

            

Y creo que no voy a extenderme más por hoy. Espero que os haya resultado interesante este recorrido visual por los entresijos de la restauración/reconstrucción/copia de una parte del inmenso patrimonio que ha resultado dañado o se ha perdido debido a los avatares de la Historia durante el último siglo y medio más o menos. Podemos hacernos ilusiones pero en la mayoría de los casos los edificios que hoy ocupan el lugar de aquellos otros no pasan de ser clones, pálidas copias, de lo que alguna vez fue un testigo milenario del paso de las eras. Pues bien, prácticamente en todos los casos el desastre ha sido infligido por "nuestra" mano, la del civilizado Occidente. 

   Falta todavía mucho de lo que hablar, muchos ejemplos y procesos que tocar, zonas enteras del globo de las que no he hablado, pero ya volveré sobre esta cuestión, más importante de lo que parece, en otras ocasiones. 

8 comentarios:

  1. Sobre Oriente, y Japón en particular, según tengo entendido la propia mentalidad budista y/o sintoísta implica en muchos casos ciclos de construcción/destrucción, en los que entiendo que la destrucción no es algo malo en sí mismo al ser parte de la ideosincrasia y objetivos previstos para el edificio. Recuerdo que hace unos años quebró una empresa milenaria que se dedicaba a la construcción de templos en madera, y había uno importante que reconstruían cada 10 años (creo, que fue hace años). Para los curiosos, como he dicho la empresa era milenaria y más aún. La he buscado para refrescar la memoria: se llamaba Kongo Gumi, fue fundada en el año 578 y duró hasta el 2007 cuando quebró y fue adquirida por una gran constructora japonesa. En la Wikipedia tiene una foto de esas de principios del siglo XX tan propias de este blog, por cierto.

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  2. Por otro lado, y también sobre japón, me ha sorprendido ver en el mapa que el 41.8 de Hiroshima y el 35.6 de Nagasaki aparecen en el mapa como destruídos por bombardeos incendiarios más convencionales. Entiendo que no por las bombas atómicas. El caso es que tenía entendido que al menos Hiroshima, e incluso también Nagasaki, la habían dejado relativamente intacta antes del ataque nuclear, para comprobar los efectos del ataque y así mismo causar la mayor "pavor y conmoción" posibles a los japoneses. Claro, que al mismo tiempo, siempre me escamó que dejasen relativamente intactas dos ciudades industriales importantes.

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    1. Mira, esa es una precisión interesante porque yo también había oído eso. Puede ser una confusión. En todo caso es el mapa más explícito y claro que he encontrado que incluya esos datos pero lo tomaría como meramente orientativo para ver la amplitud de la campaña de bombardeos llevada a cabo sobre el país y cómo alcanzó prácticamente a todas las ciudades importantes en vez de concentrarse en una zona concreta.

      Realmente los estadounidenses ganaron esa guerra a través de los bombardeos y de la también brutal campaña submarina contra el transporte de suministros. La "batalla del Atlántico" es la que ha atraído tradicionalmente todas las miradas en Occidente pero los submarinos estadounidenses y no solo los U-boot alemanes se pusieron las botas en esa guerra.

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  3. Leer el artículo me daba muchas ganas de ver fotografías del antes y el después de las reconstrucciones. Creo que habría sido muy enriquecedor poder ver imágenes de edificios similares que no hayan sido restaurados o reconstruidos para comprar.. .claro que igual no existen ejemplos. ¿Qué aspecto tendría realmente un castillo de la alta edad media?

    En el caso del templo japonés, en el edificio original se puede apreciar mayor diversidad en los materiales empleados, ornamentos pequeños y complejos, piezas artesanales que no encajan a la perfección ni tienen unas dimensiones homogéneas y además tiene el aspecto de ser un edificio usado, viejo, con las cicatrices que deja el desgaste del tiempo, las reparaciones regulares y el paso por sus dependencias de miles de personas.

    En la nueva reconstrucción, por contra, se ve todo mucho más estandarizado y medido. Las paredes son de un blanco inmaculado, las columnetas están alineadas al milímetro, sin desgaste aparente. Todas las piezas son exactamente iguales, como hechas mediante procesos industriales super-eficientes. Es mucho más sencillo, carece de muchos de los adornos del anterior y además está tan limpio y tiene esos pasamanos de tubo tan modernos que lo hacen parecer una maqueta o una atracción de parque temático en lugar de una construcción con un uso real.

    Me sigue agradando, me sigue pareciendo un edificio bonito e impresionante, pero no es lo mismo ver una reconstrucción moderna que contemplar un edificio levantado por un grupo de personas que vivió hace cientos o miles de años, que tenían una forma de ver el mundo completamente diferente y que tenían sus propias motivaciones, ideas y recursos para hacer semejante trabajo.

    La conexión intergeneracional que permiten los restos del pasado que llegan a nuestros días no tiene precio, es una pena que se pierda tan fácilmente.

    Por cierto, la cúpula de cristal sobre el Reichstag me parece horrenda. :/

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    1. Bueno, tampoco quiero dar la impresión de que no hay nada más o menos bien conservado o auténtico. Solo que no es tan fácil encontrarlo. De hecho es muy difícil, porque hay poco y encima está mezclado con otras cosas que "dan el pego".

      Por un lado si restauras estás fabricando algo en parte falso, sobre todo porque el resultado final va a dar una imagen de nuevo, de paredes lisas y de materiales modernos (debido a que hay técnicas de cantería primitivas que se han perdido y no conocemos) que ya no se corresponde con la realidad que una vez tuvo en un tiempo pasado. Por otro lado si no restauras el edificio en cuestión o estará ruinoso o bien mezclará estancias y edificaciones de varias épocas que enmascaran la forma original de la construcción.

      Al final la cuestión es lo difícil que resulta realmente desentrañar la verdad de lo que pasó hace milenios, cómo era, qué colores tenía, como olía, como sonaba, cual era el paisaje que lo envolvía... Yo diría que es imposible. Por otro lado lo que suele suceder es que los restos más auténticos no suelen ser los más visitados, al contrario, suelen tener más visitas edificios y yacimientos que son fundamentalmente escenarios teatrales montados de cara al turismo.

      En concreto respecto a edificaciones medievales en España que se conservan bastante bien está por ejemplo el castillo de Loarre. Y ya lo he comentado más veces pero el proyecto que están haciendo en Francia en torno al castillo experimental de Guedelon me parece muy interesante.

      http://www.revistaiberica.com/turismo_viajes/francia-castillo-guedelon-borgogna.htm

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  4. Pues aporto este enlace en el que se habla del famoso barrio "gótico" de Barcelona, una de las falsificaciones menos conocidas incluso por los propios barceloneses.

    https://es.noticias.yahoo.com/blogs/arte-secreto/el-falso-barrio-g%C3%B3tico-barcelona-113148158.html

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    1. Gracias por tus últimas contribuciones en un par de entradas. Esta en concreto resulta muy interesante.

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  5. Berlín al final de la IIGM:

    https://www.youtube.com/watch?v=R6FuTniIhBw&sns=em

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