domingo, 20 de julio de 2014

Érase una vez en China



There is one China-man in Hong Kong, of the name of Afong, who has exquisite taste, and produces work that would enable him to make a living even in London… 

John Thomson en 1872.



Hoy vamos a ver otra galería de fotos de época, en este caso sobre la China imperial en su ocaso, intentando plasmar someramente la segunda mitad del s. XIX en la zona.  

Al igual que Japón, China ya había entrado en contacto con los occidentales durante la Edad Moderna. En el s. XVI los portugueses se establecieron en Macao y en el XVII los holandeses en Formosa (Taiwan). Pero, durante esos primeros siglos de contacto con Occidente, China se limitó a un comercio muy superficial con los occidentales centralizado en el puerto de Cantón (Guangzhou). Mientras tanto en Japón el único puerto abierto a los intercambios con el exterior era el de Nagasaki. A través de esos enfoques aislacionistas y proteccionistas ambos países buscaron, cada uno a su manera, minimizar la penetración en sus mercados de los comerciantes europeos y sus productos.  

Llegados al s. XIX el caso chino se empezó a diferenciar profundamente del japonés. Aunque China y Japón compartían un trasfondo cultural más o menos común la situación de ambos países en esos momentos era muy distinta, debido a varios aspectos, como el tamaño o la disponibilidad de materias primas. Pero sobre todo ambos países se distinguieron por la diferente actitud adoptada en cada uno de ellos por las élites ante el contacto con potencias industriales y el consiguiente problema de la necesaria modernización. Si una vez que vislumbró la superioridad occidental Japón se lanzó sin complejos a un proceso de cambio a todos los niveles, en el caso chino reservas respecto a la occidentalización se mantuvieron hasta el último momento.  

Esto llevó a que al final China, un país mucho más grande, poblado y con más potencial que Japón, no lograse modernizarse o industrializarse con la rapidez necesaria. De hecho la modernización e industrialización de China fue un proceso que se desarrolló esencialmente con posterioridad a la IIª Guerra Mundial, mientras que en el caso japonés sí que se produjo una modernización del país durante el último tercio del s. XIX.  

Ese es el decorado general. Así pues el gigante amarillo, antaño la gran potencia de Asia, se hallaba durante el s. XIX convertido en el “enfermo de Asia”, es decir en cierta manera un equivalente oriental del Imperio turco, también antigua gran potencia en declive y víctima de las ambiciones de otras nuevas potencias más modernas y pujantes.  

En esa China decadente comenzaron a penetrar los europeos desde aproximadamente 1840. Todo comenzó cuando el gobierno chino intentó controlar la entrada de opio exportado desde la India británica, lo que desencadenó el estallido de la  Primera guerra del opio (1839-1842) entre China y Gran Bretaña. El conflicto terminó, como no podía ser de otra forma, con la derrota china. Luego, casi quince años después de esa primera guerra estalló la Segunda guerra del opio (1856-1860), en la cual también participó Francia. Durante la misma, gracias a la superioridad de su armamento y sus tácticas, soldados franceses e ingleses entraron en Pekín e incendiaron el Palacio de Verano del emperador.  

Al final, como consecuencia de la primera de estas guerras China se vio obligada a ratificar el llamado Tratado de Nanking (1842) -mediante el cual Inglaterra se anexionó el estratégico enclave de Hong Kong- y, tras la segunda guerra, el Tratado de Pekín (1860). Además, por aquella época, a esos dos tratados humillantes se añadieron otros acuerdos firmados entre China y el resto de grandes potencias del período. Ese fue el caso del Tratado de Aigún (1858), acordado con Rusia por el cual China le cedía en la práctica el control de casi toda Manchuria. 

De todas formas en general puede decirse que el colonialismo europeo en la zona más que hacia la ocupación de territorios –como fue el caso de África o del SE de Asia- se orientó a aprovechar la debilidad del gobierno central chino de cara a arrancarle progresivamente concesiones comerciales ventajosas para los intereses occidentales. China se vio obligada así a abrir su mercado interno y permitir a los comerciantes de diversos países establecerse en una docena de ciudades portuarias. En las mismas esos comerciantes occidentales edificaron barrios propios, ajenos a la jurisdicción china, desde los cuales podían exportar productos a todo el resto del territorio del país casi sin trabas arancelarias. Los chinos pagaron, además, grandes indemnizaciones de guerra y el control de lo recaudado en las aduanas del país –cuyos aranceles, como se ha dicho, se limitaron  o eliminaron en el caso de los productos occidentales- pasó en parte a manos de los ingleses y franceses como un pago más dentro de las indemnizaciones de guerra. 

En adelante China, cada vez más decadente, quedó encajonada entre las áreas de influencia de varias potencias. Por el Sur la influencia de los franceses se hizo sólida tras la colonización de Indochina por parte de estos. Por el Norte China quedó expuesta a la expansión rusa que en el siglo XIX sustrajo a la soberanía china unos tres millones de kilómetros cuadrados. Mientras tanto los intereses mercantiles de ingleses y en menor medida de otros países como Alemania o, más adelante, EE.UU. se extendían por el resto del país.   

Como si los problemas anteriores fuesen pocos, con el tiempo al resto de países extranjeros que intentaban depredar el territorio chino se sumó también Japón, ya convertido en una nueva potencia regional tras completar con éxito su proceso de industrialización. Al final, en 1894, también Japón entró en guerra con China por disputas sobre Corea. Los japoneses vencieron rápidamente y obligaron a los chinos a firmar el Tratado de Shimonoseki (1895) por el que China cedía Taiwan, también la península de Liaotung (luego devuelta) y reconocía la independencia de Corea (hasta entonces una especie de reino vasallo) que pronto caería a su vez bajo el control japonés. 

Tras este último golpe el gobierno chino, enfrentado a la triste realidad, empezó a proyectar frenéticamente la occidentalización. Pero las potencias europeas no estaban dispuestas a que China se consolidase demasiado pronto. Además por entonces una sociedad secreta china, los boxers, un colectivo profundamente xenófobo y nacionalista, desencadenó una insurrección en 1899. Las legaciones diplomáticas occidentales fueron cercadas y murieron unos  300 extranjeros. Usando eso como excusa las potencias europeas, aliadas temporalmente con Japón y con los EE.UU., enviaron una fuerza internacional conjunta contra los insurgentes, que fueron derrotados. Como represalia posterior los países vencedores impusieron controles más severos todavía al gobierno chino y el pago de una nueva indemnización.   

Una vez que el mito de la gran China se había desmoronado, quedó claro que la renovación pasaba por el derrocamiento del trono y la instauración de una república. Con este convencimiento Sun Yat-sen fundó en 1894 una “Sociedad para el renacimiento de China”. Poco a poco apoyándose en la burguesía nacionalista y en amplios sectores populares la sociedad creada por Sun Yat-sen organizó diversos movimientos insurreccionales encabezados por sus partidarios. Finalmente el 10 de octubre de 1911 comenzó un levantamiento que provocó el derrumbamiento de la dinastía manchú en el poder. Acto seguido se proclamó la República China, pero casi inmediatamente la naciente República cayó bajo el control del general Yuan Shih-Kai quien implantó lo que resultaba en la práctica una dictadura militar. Ese fue el principio de una situación de caos y guerras internas por el poder que se prolongaron hasta el final de la IIª Guerra Mundial con la implantación del comunismo en el país.  

Con todo ese contexto como decorado de fondo la fotografía llegó a China en cronologías parecidas a las de otros lugares de Oriente como Japón o la India, más o menos ya bien entrados los años 50 del s. XIX. Por supuesto llevada a la zona por europeos que, en el caso chino, se asentaron principalmente en las grandes ciudades de la costa en el Sur, sobre todo en Macao y más adelante Shanghai. La zona de Hong-Kong, controlada por los ingleses desde 1842, también fue otro punto de difusión de la fotografía. 

De cara a hablar de los pioneros de la fotografía en el Extremo Oriente hay que hablar antes que nadie de Felice Beato. Quédense con este nombre porque es uno un fotógrafo que resulta clave para reconstruir el s. XIX. Personalmente lo considero el Robert Capa de dicho siglo.  

Beato nació en Venecia en 1832 pero pronto su familia acabó adquiriendo la nacionalidad británica. Sin entrar en muchos detalles, las razones por las que Felice Beato es tan importante son varias. Para empezar fue el hermano de otro fotógrafo semidesconocido hasta época reciente llamado Antonio Beato quien en edad adulta afrancesó su nombre convirtiéndose en Antoine Beato y realizó una obra bastante interesante fotografiando el Egipto de la IIª mitad del XIX y la buena sociedad de El Cairo y otras grandes ciudades de la zona, además de acompañar a su hermano en algunos de sus viajes.   

En segundo lugar Felice formó sociedad durante algún tiempo con el gran fotógrafo inglés James Robertson. James se casó con la hermana de Felice (y de Antonio) y durante algún tiempo pasó a ejercer de socio y mentor. Juntos viajaron a Constantinopla y durante un tiempo Robertson y los dos hermanos Beato realizaron abundantes, aunque mayormente insustanciales, series de fotografías del mundo turco y Oriente Medio. Tras estallar la Guerra de Crimea (1853-1856) Felice y Robertson viajaron  a la zona y allí Robertson presentó a Felice ante Roger Fenton, el fotógrafo que con su cobertura de dicho conflicto bélico Crimea prácticamente inauguró la fotografía de guerra. Aquella experiencia cambio a los tres hombres.  

Algún tiempo después Felice se independizó de la batuta de Robertson e inició una carrera en solitario. Además también cambió en parte su estilo. En adelante ya no solo se limitó a fotografiar paisajes o realizar retratos de ricos hombres de negocios y dignatarios sino que, de vez en cuando, por su cuenta, Felice empezó a retratar conflictos bélicos. Aspecto éste último que convierte su legado fotográfico en particularmente valioso e informativo.  

En los años siguientes Felice viajó a Oriente. Primero a la India donde realizó una brutal cobertura de la Rebelión de los cipayos en 1857 mostrando a las claras el caos y los destrozos que producía la guerra, sobre todo en el bando perdedor (no lo hacía debido a una preocupación real por los derrotados sino como forma de resaltar el poderío del ejército británico; aún así gracias a ello su trabajo, aunque propagandístico, se dotó de un verismo inusitado para la época). De hecho Felice se convirtió en uno de los primeros fotógrafos de la historia -junto con el rumano Carl Baptiste de Szathmary y el estadounidense Alexander Gardner- en mostrar cadáveres de combatientes en sus fotografías.

                                   

Tras eso Beato se trasladó a China a documentar el final de la Segunda guerra del opio (1856-1860). 

     
     
                    
    
Más adelante Beato regresó fugazmente a Inglaterra para a continuación embarcarse rumbo a Oriente de nuevo. Era 1863 y esa vez el destino fue Japón, país en el que la historia de Beato continuaría, formando por entonces sociedad con otro creador importante del período, Charles Wirgman. Pero eso lo veremos en otras entradas de este blog.  

Por de pronto hoy nos basta quedarnos con la idea de que la estancia de Beato en China en 1860 supone prácticamente el despegue de la fotografía en dicho país. Por entonces otro fotógrafo británico llamado William Saunders también se hallaba desplazado en dicho país para cubrir el final de la Segunda guerra del opio. Pero realmente fue Beato y no Saunders el primer fotógrafo en recopilar una obra fotográfica de importancia e impacto sobre China.  

Con posterioridad el testigo de Beato lo tomaron otros occidentales, ingleses en todos los casos, empezando por el propio Saunders (quien luego también viajaría a Japón). Sin embargo el más destacado “sucesor” de Beato fue un escocés llamado John Thomson [exacto, sin la letra “p”] (1837-1921).  

Thomson se había curtido como fotógrafo en la India y sobre todo en las selvas de Thailandia, Malasia y Camboya, convirtiéndose en el primer fotógrafo en documentar los templos de Angkor, actualmente Patrimonio de la Humanidad. Ese tour, durante el que además fotografió a los principales dignatarios de las cortes de la zona y ciudades como Bangkok o Saigón, ya le convierte por sí solo en uno de los fotógrafos de referencia de cara a visualizar el pasado histórico en el Sudeste de Asia. Pero el destino de Thomson era China, país al que llegó en 1868.  

Si Beato resultó ser un fugaz e infiel pionero que apenas permaneció en China un año, John Thomson (quien acabó siendo conocido como “China” Thomson) resultó un amante más fiable. Permaneció cuatro años en China, atreviéndose a penetrar hacia regiones remotas del interior. Tan amplia e importante fue la serie de fotografías realizadas durante ese tiempo que en adelante a ojos de Occidente Thomson se convirtió en el fotógrafo de referencia sobre China. Consiguientemente su obra fue la que durante los siguientes años hizo soñar en Europa con la imagen de una China tradicional y exótica -también un tanto falsa, folclórica e idealizada- que estaba próxima a desaparecer definitivamente como resultado de los grandes cambios que se avecinaban. En todo caso su éxito tenía explicación. Fijaos por ejemplo en la calidad estética de la imagen superior, una de las muchas captadas por Thomson.                                                
Tras abandonar China y regresar a Inglaterra Thomson se convirtió en un respetado fotógrafo con una amplia clientela de clase alta, aunque eso no le impidió dedicarse ocasionalmente a retratar por su cuenta las condiciones de vida de los barrios marginales y los estratos sociales más desfavorecidos de la ciudad. De esa forma se convirtió en uno de los precursores del moderno fotoperiodismo urbano, precediendo a otros pioneros de ese campo, como Jacob Riis, en casi una década.  


Pero lo que hoy nos interesa es China. Habréis notado hasta aquí que no he citado a ningún autóctono. Realmente, por la razón que sea, en China no han existido demasiados fotógrafos importantes hasta hace unas décadas. Pero alguno ha existido. El referente local durante el s. XIX sin duda fue Lai Afong (1839-c.1890), un fotógrafo local activo en el período 1859-c.1890, del que no se conoce mucho más. Al margen de él quizás se podría citar también a un tal Liang Shitai del que existen aún menos datos.  

De todas formas el balance de los fotógrafos locales durante el XIX y principios del s. XX desemboca en dos fracasos. En primer lugar Afong y Shitai trabajaron sobre todo para comerciantes y altos funcionarios europeos o bien clases altas locales. No viajaron por el país tomando imágenes de los diversos estereotipos regionales, ni tampoco retrataron los grandes conflictos del período. Eso les imposibilitó de cara a pasar de meros retratistas de funcionarios, ya que en el fondo su obra no posee ni variedad en los temas, ni un profundo interés etnológico, ni tampoco una calidad artística especial. Por otra parte esos primeros fotógrafos chinos intentaron en un primer momento incorporar a sus fotografías algo de la tradición paisajista de la pintura tradicional china (de la que también habría que hacer una entrada un día de estos, tantas cosas que contar y tan poco tiempo…), pero realmente sus fotografías no alcanzaron un gran nivel estético más allá de algunas vistas panorámicas de ciudades (compuestas por varias fotografías tomadas desde lejos y unidas entre sí, como la que se ve un poco más arriba) realizadas por Afong.  

Al final, resumiendo, más allá de esos dos fotógrafos locales conocidos y algunos otros imitadores autóctonos anónimos y de escaso número, la fotografía no interesó demasiado en China por aquella época. El primer manual de fotografía traducido al chino es de 1873 y ni siquiera lo tradujo algún fotógrafo chino occidentalizado sino un doctor inglés que residía en Beijing.  

Para informaros con más profundidad sobre estos temas tenéis libros como el de Burton F. Beers, China in Old Photographs 1860-1910; o el de Nigel Cameron,  The Face of China: as Seen by Photographers and Travelers. 1860-1912. Ambos libros tienen unos 35 años, pero no estamos hablando de un campo de conocimiento donde se esperen grandes descubrimientos, más o menos lo que se sabe es lo que hay. Por otra parte, ya centrándonos en España, la Red Navarra de Estudios Chinos ha organizado un par de exposiciones en el último lustro sobre fotografía histórica china.  

Dicho todo esto, espero que podáis ahora saborear como se merece una galería de algo más de cien fotografías que viene a continuación y, pienso, condensa bastante bien el resto del material existente que he podido visualizar, a la vez que nos ofrece una panorámica de la China del período.  

A través de las imágenes se adivina una nación frágil, en proceso de cambio y con la dinastía "manchú" Qing (1644-1912) muy debilitada. El arco cronológico concreto abarcado por las fotografías va más o menos desde 1860 hasta 1912. Esa última fecha considero que es un punto de corte parecido al que supone la Iª Guerra Mundial para el mundo occidental. Consiguientemente no recogeré imágenes posteriores, que además también resultarán más accesibles para el neófito. En cambio las que aparecen aquí ya no son tan fáciles de encontrar y mucho menos con una calidad aceptable (aunque alguna imagen os parezca demasiado nítida para aquella época os aseguro que todas pertenecen al s. XIX o a esos primeros años del s. XX; todo lo más algunas fotografías han sido ligeramente aclaradas, se ha aumentado el contraste o eliminado sombras para observarlas con toda la nitidez posible que permiten). Como siempre si hacéis click en ellas podéis ampliarlas en la mayoría de los casos y en el nombre de cada una como archivo a veces vienen algunos datos precisando el lugar y/o la fecha en que se tomó la imagen.  

A lo largo de la galería se aprecian algunos detalles interesantes. Para empezar, como ya se ha dicho, en China no se desarrolla una verdadera industria de la fotografía, quedando restringido su uso a algunos fotógrafos, sobre todo europeos, residentes en las grandes ciudades de la costa. Al comenzar el s. XX en el interior del país y en la sociedad China en general la fotografía -y sus usos relacionados, como la prensa- seguían siendo algo ajeno y extraño. Además, como ya se ha dicho China era por entonces un país y una sociedad con demasiados problemas y que inicialmente no se modernizó con éxito. Con el tiempo en este blog –espero- dejaré algunas galerías de imágenes del Japón del período y llegado ese caso veremos que en Japón la fotografía sí se expandió hasta convertirse rápidamente en una industria al asentarse sobre una sociedad con mayor poder adquisitivo y que se occidentalizó mucho más rápido y con más éxito que China.  

Por todo ello el contraste en múltiples aspectos entre los caminos históricos divergentes escogidos por China y Japón resulta muy interesante. La cuestión es que a través de la fotografía van a poder apreciarse muy bien esas diferencias en aspectos clave, como la fisonomía de las ciudades por ejemplo.  

De hecho a través de la fotografía se pueden rastrear a primera vista peculiaridades de grandes áreas culturales. En este blog ya llevamos unas cuantas galerías. Si uno observa por ejemplo algo de la fotografía de época sobre el Imperio ruso de época de los zares deberían llamar inmediatamente la atención los enormes contrastes entre campo y ciudad, entre la zona europea y la asiática de Rusia, así como también la diversidad de etnias concentradas en algunas partes de dicho imperio. En el caso de las fotografías sobre el mismo período en la India colonial ya en su día puse el acento sobre los brutales contrastes sociales y las enormes diferencias entre el lujo de la élite y la pobreza de las clases bajas. En lo tocante a Japón me sorprendió bastante encontrarme ante algunas fotografías -aunque representasen un pequeño porcentaje del total- con un fuerte contenido sexual, explícito o bien sugerido, en fechas muy tempranas.  

Digamos que cada cultura y cada país no puede evitar dejarse un trocito de su alma en las fotografías que sus habitantes realizan o en las que posan. Pues bien, en el caso chino a través de las fotografías de época hacen acto de presencia también la miseria o los contrastes entre ciudad y campo, pero resulta más llamativa otra cosa muy específica. Lo que más me ha llamado la atención (no solo del centenar y algo de fotografías que he escogido para mostraros sino de los varios miles más que he estado visualizando) ha sido la presencia de la violencia. Una violencia a veces retorcida, insensible, brutal y sin parangón.  

En este blog intentaré enseñaros también imágenes de Corea, Birmania, el Tíbet o el mundo árabe de la época, pero respecto a ninguno de esos lugares me he encontrado con fotografías de torturas y violencia tan numerosas y explícitas como las que existen para China. Es una auténtica barbaridad la cantidad de fotografías de prisioneros sometidos a escarmiento público y de ejecuciones, torturas, desmembramientos en vida y cosas así que documentaron en su momento algunos fotógrafos. Sin duda se trata de un síntoma que nos habla a su manera de la China del período aquí tratado. Por lo demás se trata de un tipo de material que ni hoy en día debería mostrarse en pantalla. De hecho AVISO: por sistema he dejado ese tipo de fotografías fuera de mi selección, pero de cara a mostrar de qué estoy hablando he añadido algunas al final de la serie. Llegado un punto, para empezar, podréis ver algunas fotografías de los llamados “pies de loto”; el famoso vendado chino de pies que se realizaba a algunas niñas. Era una práctica un tanto desagradable que pese a ser prohibida formalmente por los manchúes en fechas tempranas en la práctica continuó realizándose hasta entrado el s. XX. Tras un par de dichas fotos que pueden resultar un tanto repulsivas, aunque no tanto, es cuando he añadido algunos ejemplos gráficos sobre la violencia y la represión presentes en la vida cotidiana de la China de la época. Aviso para que los más sensibles paren de darle a la ruedecita del ratón en ese punto y no sigan bajando.  

En todo caso antes de llegar a ese incómodo lugar hay otras 90 fotografías más o menos, muy interesantes, bellas o ilustrativas. Veremos paisajes, fortalezas militares, interiores, posados de grupo, atuendos nupciales, funcionarios imperiales, eunucos, actores, gente de la calle, acróbatas, pagodas, murallas y hasta una foto de Zhan Shichai el Yao Ming de su época. Un chino de casi dos metros y medio de altura que vivió en la segunda mitad del XIX y que demostró una gran inteligencia, a diferencia de otros pobres gigantones de su época (la mayoría de los cuales llevaban una vida de monstruos de feria y morían jóvenes producto de enfermedades cardíacas o el deterioro óseo, como fue el caso del español Agustín Luengo). Zhan viajó por el mundo bajo el apelativo de “Chang, el gigante chino”, aprendió diez idiomas, ganó mucho dinero y acabó fijando su residencia en Inglaterra debido a su matrimonio con una británica que le dio dos hijos y con la que vivió una vida relativamente agradable y feliz.   



3 comentarios:

  1. Increibles fotografias, gracias por compartirlas.

    Me fascina la China del S. XIX y jamas entendere como pudo verse sometida a Japon cuando sobre el papel tenia muchas mejores condiciones para convertirse en una Superpotencia que sus vecinos.

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  2. Más material aquí:

    http://redchina.es/imagenes-de-china-en-lafayette-digital-repository/

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  3. Efectivamente, Japón estaba más dispuesto a la transferencia de conocimientos, mediante el contacto con las potencias de Europa (bueno, con Gran bretaña, concretamente), gracias a esa apertura, la industrialización de Japón comenzé en la segunda mitad del siglo XIX, siendo una de las conquistas de la restauración Meiji, que supuso además la disolución del shogunato Tokugawa. Es decir, Japón comenzó a industrializarse apenas 5 o 6 décadas luego de los Británicos, que se consideran como los pioneros de la industrialización, no solamente en Europa sino en el resto del mundo (La revolución industrial comenzó a finales del siglo XVIII); así, los nipones fueron con mucho los primeros en industrializarse en todo el lejano oriente (Si sacamos a Rusia de ese contexto geográfico).

    En cambio, la industrialización en China es un legado maoísta, es el llamado "gran salto adelante" de 1958; hasta entonces la economía China continuaba siendo fundamentalmente agraria y este giro de 180 grados trajo consigo grandes hambrunas, protestas y sobretodo, muchas muertes.

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