sábado, 25 de enero de 2014

Sacro y profano

     

        Con el románico hay un problema, o más bien dos. Veamos. La teoría dice que la temática del arte románico es siempre religiosa y su finalidad sería docente cuando no directamente adoctrinante. Por ello en cuanto a su aparato escultórico en el románico son omnipresentes las representaciones bíblicas -especialmente del Apocalipsis- en las portadas de los templos. Se habla así de biblias en piedra pensando en que esas representaciones se utilizaban para que los fieles pudiesen contemplar en imágenes los acontecimientos del Antiguo Testamento o la vida de Jesús, cosas que el populacho no podía conocer en detalle más que mediante su visualización en las iglesias ya que las misas eran en latín, pero sobre todo debido al bajísimo nivel cultural de la época y la escasez de libros (incluidas las Biblias, por entonces un auténtico lujo).

        No obstante es en este punto de la interpretación donde surge el problema del alto componente culto de algunas representaciones formadas por juegos iconográficos verdaderamente complicados de entender incluso para los historiadores del arte del presente. Esto ha llevado a plantearse si no se habrá interpretando de forma errónea el sentido del programa escultórico durante el románico. Más allá de algunas figuras sencillas representadas en las iglesias y destinadas claramente a los fieles en lo tocante al resto de obras podemos plantearnos si la escultura románica lejos de servir como una especie de “Powerpoint o de primitivo cómic propagandístico destinado al populacho” intentaría más bien jugar el papel de una escultura “elitista” pensada para iniciados (los monjes, que al fin y al cabo eran quienes vivían o predicaban en las abadías e iglesias en las que se encuentran las obras románicas casi en exclusiva).

 Sea cual sea la respuesta a este interrogante, aparentemente simple pero más relevante de lo que parece, el caso es que analizando la escultura del período pronto se nos suma otro problema a la hora de comprender el sentido que se quería dar a esas obras. La cuestión es que existen abundantes ejemplos de genitales, coitos y otra serie de elementos pornográficos adornando capiteles y canecillos de numerosas iglesias románicas. No solo resulta llamativo que en lugares sagrados se de tal abundancia de imágenes de contenido obsceno sino que surgen entonces las preguntas sobre el sentido que ha de otorgarse a dichas representaciones. Los expertos no se ponen de acuerdo en cuanto al motivo de que una iconografía tan irreverente aparezca en lugares destinados al culto. De hecho es un problema aún más difícil de resolver que desentrañar ese mito urbano que habla de la existencia de algunos dibujos sexuales subliminalmente intercalados en ciertos fotogramas de películas de la factoría Disney.

En el caso del arte románico se ha especulado con que esas representaciones soeces que aparecen ocasionalmente serían “bromas” que algunos canteros dejaban a su paso, otros piensan que son más bien pequeños "sabotajes" que esos mismos maestros escultores tal vez “colaron” al abad o el obispo de turno como primitiva forma de protesta debido a problemas con los pagos o malas condiciones de trabajo durante la obra. Por supuesto hay que contar también con la explicación más sencilla, que esas representaciones fuesen simples avisos contra los pecados de la carne (aunque en ese caso no está muy claro que tuviesen asegurado causar el efecto adecuado). 

     Incluso deberíamos empezar a plantearnos la posibilidad de tener en nuestras cabezas una imagen demasiado estereotipada sobre la posición de la Iglesia medieval respecto al sexo. Por supuesto oficialmente la Iglesia de la época mostraba un evidente puritanismo, pero en la práctica durante buena parte de aquel período se documentan prácticas que no encajan dentro de esa retórica oficial. Así los reyes merovingios practicaron la poligamia con la bendición de la Iglesia. De la misma forma que posteriormente el celebérrimo Carlomagno vivió rodeado de un séquito de esposas y concubinas sin que los débiles Pontífices del período se atreviesen a afearle su conducta. Claro que existen asimismo evidencias de que más o menos hasta el s. XI muchos párrocos y abades contraían matrimonio de forma relativamente habitual y muchos más mantenían amantes de forma regular. E incluso en ocasiones cabildos o arzobispados llegaban a invertir en negocios bastante inmorales. Es así como el obispado de Londres llegó a poseer un prostíbulo en Southwark, el obispo de Tarazona se convirtió en casero del lupanar de la urbe y en Segovia se construyó un burdel sobre el solar que había sido ocupado previamente por un monasterio dedicado al Espíritu Santo. Burdel que por supuesto pagaba una cuantiosa renta a la iglesia segoviana sin que las partes implicadas apreciasen incoherencia alguna en ello. 


     De todas formas los problemas mencionados hasta aquí son ampliamente conocidos y suelen aparecer, aunque sea someramente mencionados, en bastante manuales sobre el arte medieval. Sin embargo lo que voy a plantear a continuación referido a ciertas representaciones en este caso pictóricas durante los períodos siguientes en lo cronológico -el gótico y el Renacimiento temprano- ya no suele ser algo tan divulgado.  

La caligrafía cúfica es un estilo de caligrafía árabe surgido a partir de una modificación del alfabeto nabateo antiguo -propio de la zona de Petra- y que más adelante fue la escogida a la hora de redactar los primeros ejemplares del Corán. Teniendo esto presente uno se pregunta a qué se debe su aparición recurrente decorando nimbos de santos y ropajes, sobre todo de la virgen María, en los siglos XIV y XV. Extrañamente ese estilo de caligrafía decorativa muy distintivo alcanzó su clímax en cuanto a frecuencia en sus apariciones en las obras tempranas del Renacimiento italiano e incluso se expandió por otras zonas de Europa durante ese período llegando a usarse esos símbolos para decorar cálices donde se guardaban las hostias para la Eucaristía. 
                                                   

        Por ejemplo en la imagen superior fijaos en los trazos inscritos en la aureola. Tenemos así planteado un nuevo misterio para analizar. ¿Por qué rodear a santos, personajes bíblicos y diversos elementos sagrados de lo que parecen ser textos en caligrafía islámica?. 

Si los trazos decorados con dicha escritura transcribiesen frases con algún significado sin duda ya tendríamos aquí los elementos para pensar en términos conspirativos. 

                                                  

  Afortunadamente para nosotros los artistas europeos que incluyeron dicho tipo de caracteres "pseudocúficos" en sus obras rara vez, de hecho nunca, elaboran con ellos algún mensaje con sentido. Por tanto estamos más bien ante imitaciones de la escritura árabe pero sin conocer el idioma árabe en sí, con lo que el empleo de dicha escritura parece claro que era eminentemente decorativo, sin propósito de enviar mensaje alguno. 

                                        

      Visto así la presencia de las imitaciones de la caligrafía cúfica en el seno del arte cristiano tiene aún menos explicación. Pero ahora planteémonos que el artista en cuestión realmente quisiera hacer un esfuerzo en post del verismo histórico y del realismo. Es posible que los pintores occidentales de finales de la Baja Edad Media pensasen que la caligrafía usada en tiempos de Jesús tal vez era semejante a una escritura árabe muy antigua. Al fin y al cabo para un artista medieval en cierta forma “los árabes procedían casi del mismo sitio que los judíos de época de Jesús” y por eso representarían contextos del cristianismo primitivo en asociación con trazos decorativos imitando la escritura árabe más añeja que conocían pensando tal vez que el idioma arameo de época de Jesús se parecía.   

No está claro todo esto, pero parece que la anterior es la mejor explicación con la que contamos. En su favor se encuentra el hecho de que durante el s. XVI la anomalía representada por la decoración de personajes sagrados del cristianismo con adornos de escritura pseudocúfica desapareció. Y eso se produjo en paralelo a la difusión creciente de la corriente de estudios humanista, la cual logró que los artistas pensasen en el cristianismo temprano dentro ya de un contexto helenizado o romanizado antes que "oriental".

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada