viernes, 31 de enero de 2014

Dulce Violette



Violette Morris, que así se llamaba, nació en abril de 1893 en el seno de una buena familia francesa, nada menos que hija de un barón. La más joven de seis hermanas, pasó su adolescencia en un convento, aunque resulta evidente por su trayectoria posterior que la vida monacal no era lo suyo.

Durante la I Guerra Mundial ejerció de conductora de ambulancia y correo de guerra, tareas que desempeñó en los campos de combate de Verdún y del Somme. Luego, tras el final de la Gran Guerra, muchas cosas habían cambiado en las sociedades que la vivieron. Para las mujeres también. Aunque aún tendrían que esperar bastante para que los movimientos feministas obtuviesen éxitos tangibles, por entonces diversas mujeres comenzaban a tener una visibilidad notable en campos en que anteriormente no era así. El período de entreguerras fue así propicio para mujeres como Coco Chanel, aventureras como Amelia Earhart, escritoras como Virginia Wolff, Gertrude Stein, o Victoria Ocampo y deportistas como Helen Wills Moody. En cuanto a Violette, se convirtió en una atleta notable. Practicaba campo a través, halterofilia, equitación e incluso lucha grecorromana. 

   No obstante en aquella época las mujeres tenían difícil participar en los JJ.OO. donde solo eran aceptadas en un número muy reducido de pruebas “decorosas”, básicamente golf, tenis y algo de tiro con arco. Por esta y otras cuestiones a comienzos de los años 20 se celebraron unos Juegos Mundiales Femeninos con la intención de ser un trasunto de verdaderos Juegos Olímpicos para mujeres. Dichos Juegos Femeninos, de hecho, seguirían celebrándose cada cuatro años, hasta mediados de los años 30, en paralelo o más bien al margen de los JJ.OO. que hoy conocemos hasta que estos empezaron a integrar realmente a las mujeres en su seno. 

Pues bien, durante los primeros Juegos Femeninos celebrados Violette ganaría varias medallas de oro y plata, concretamente en disco, jabalina y lanzamiento de peso. De hecho a comienzos de los años 20 llegó a poseer los records del mundo femeninos de lanzamiento de disco y de peso y el de Europa de jabalina. Además formó junto con Lucie Petit, Yvonne Tembouret y sobre todo Lucienne Velu una “hornada” de mujeres deportistas francesas que tiranizaron el deporte mundial del período en las más diversas disciplinas, desde el tenis al baloncesto.

Tras eso Violette llegó a ganar más de 50 medallas en diversas competiciones nacionales e internacionales de atletismo, fue también varias veces campeona de Francia de fútbol femenino llegando a jugar más de 200 partidos, hizo podios en carreras ciclistas y motociclistas y consiguió algunos premios como nadadora de larga distancia. Todo lo cual tiene aún más mérito si tenemos en cuenta que era una fumadora empedernida de dos y hasta tres paquetes de cigarrillos estadounidenses al día.  
  
   Pero todo eso no era suficiente para ella, ni mucho menos la razón por la que pasó a la historia. Para empezar Violette fue también una notable boxeadora que gustaba de desafiar a hombres en combates amateurs. Su eslogan: “Lo que un hombre puede hacer, Violette puede hacerlo”.    

Sin embargo destacó sobre todo en las carreras de coches de las cuales ganó cerca de dos docenas. Todo empezó en 1922 cuando por parte de los organizadores fue invitada a participar en el Bol d`Or, una carrera de resistencia de 24 horas. Inicialmente los promotores habían pensado en ella más como una rareza o un truco publicitario que otra cosa, pero sorpresivamente quedó cuarta y consiguió la vuelta rápida en carrera. Dos semanas después ganó su primera carrera de coches. Al año siguiente ganó otras tres carreras más. En 1926 ya era una piloto muy a tener en cuenta tras ser una de las primeras mujeres deportistas en hacerse una mastectomía para reducir sus pechos y competir mejor.

Es entonces cuando empezó a adoptar una apariencia cada vez más andrógina y a hacer exhibición pública de lo que era un secreto a voces: su condición de ¿lesbiana, bisexual, transexual, omnisexual?… sabe dios. Se vestía como un hombre, bebía, hacía ostentanción pública de sus numerosas y numerosos amantes, etc. Todo esto llevó a que en 1928 suspendieran su licencia deportiva y le impidieran participar en los Juegos Olímpicos por inmoralidad. Intentó apelar contra dicha decisión pero el juicio celebrado al respecto confirmó la sanción, además de convertirse en un escarnio público contra ella.

   Así las cosas pasó a dedicarse a los negocios, abrió una tienda de coches y taller. Sin embargo las secuelas de la Gran Depresión dieron al traste con el proyecto teniendo en adelante que ganarse la vida dando clases de tenis ya que su familia tampoco quería saber nada de ella.

   Tal vez el rencor amargo que debió provocarle su caída en desgracia ante la buena sociedad francesa es lo que explica el último y sorprendente giro de su vida. A partir de mediados de los años 30 se convirtió en informadora de los servicios de información de la Alemania nazi y, tras la ocupación, en una activa colaboradora de la Gestapo a la vez que se lucraba haciendo negocios en el mercado negro. 

   Por todo ello fue condenada a muerte por la Resistencia y, poco antes del desembarco de Normandía, en una operación en la que también participaron comandos británicos, su coche fue ametrallado durante una emboscada. ¿Fue una buena persona adelantada a su época y trastornada por el rechazo que eso provocaba o simplemente una mala víbora juerguista y amargada?, no está totalmente claro, lo que sí es seguro es que no encajaba en la época que le tocó vivir.

3 comentarios:

  1. Pues si, no encajaba en la época que le tocó. Y aún hoy en día seria una persona que resaltaría! Interesante

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  2. Acabo de ver esta entrada. Es curioso cómo tantos personajes notables en diferentes campos simpatizaron con el nazismo, algunos de ellos empujados por la amargura o el odio (estoy pensando por ejemplo en Lindbergh o en Céline), igual que esta mujer.

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  3. nacio fuera de tiempo.. el error es darse cuenta y acoplarse al tiempo

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